¡Seis días!

Redacción Bottup - Enviada especial

( 2 Valoraciones ) Olga Moya Martorell

Sigo contando los días que quedan para tomar ese avión -o esos aviones- y hoy he caído en la cuenta de que quedan sólo ¡seis!

El estrés empieza a apoderarse de mí y me doy cuenta -mientras corro de un lado a otro de la ciudad- que el tiempo apremia. Una linterna, insecticida para rociar la habitación al caer el sol y tapones para bloquear la salida de las tuberías -y evitar así que indeseados animalitos hagan acto de presencia en el interior de la casa- son algunas de las últimas altas en mi lista de objetos que acarrearé conmigo.

Pero el trámite más importante que debía pasar durante estos días fue el encuentro que ayer me reunió con tres de las personas de San Juan de Dios que viajarán conmigo el próximo jueves. Me reencontré con el Hermano Fernando Aguiló y conocí a Montse Renom, responsable de la Unidad de Salud Internacional Maternoinfantil, y a Marta Millet, del departamento de Dirección de Economía y Finanzas. Todos ellos han estado en innumerables ocasiones en Sierra Leone y su experiencia me ha sido de gran utilidad de cara a ultimar los últimos preparativos, además de transmitirme muchísima ilusión por el proyecto. Se nota que les gusta su trabajo, irradian buenas vibraciones. Y sé que van a ser estupendos compañeros de periplo.

El trámite más importante que debía pasar durante estos días fue el encuentro que ayer me reunió con tres de las personas de San Juan de Dios que viajarán conmigo el próximo jueves

Me contaron acerca del hospital y de lo que allí voy a encontrarme. Me alojaré en la casa de voluntarios, en una de las habitaciones con lavabo propio, aunque quizás me toque compartir con alguien -añado tapones para los oídos a la lista, no vaya a ser que me ronquen-. Tendré que cumplir ciertas rutinas de comidas y, durante el resto del tiempo, seré libre para visitar lo que me plazca. De todos modos, la primera semana llegan dos directivos importantes del San Juan de Dios, que jamás han estado en Sierra Leone, y se les va a enseñar el hospital y todos los rincones. Dejan que me una al grupo, así que durante los primeros siete días voy a dedicarme a conocer exhaustivamente el recinto y sus pormenores. El resto de días, profundizaré en aquello que merezca más la pena y me limitaré a tener los ojos bien abiertos.

Me contaron también que mi habitación es segura, que puedo dejar ahí todas mis pertenencias valiosas sin problema. Al parecer también podré moverme por Mebesseneh –lugar en el que se halla el hospital- sin ningún problema. Acudir a Freetown, la capital, ya es otra historia. Pero me acompañarán ellos -quieren incluso enseñarme sus mercados y la playa-.

Una información preocupante fue la relativa a las conexiones de Internet. Necesito que funcione -todos lo necesitamos, la unidad de telemedicina la primera- pero me avanzaron que existen fallos constantes. Al tratarse de los inicios de la estación seca -el monzón se alarga hasta septiembre-, siguen dándose chapuzones intermitentes que a menudo hacen que las conexiones fallen. Crucemos los dedos.

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