Escrito por Olga Moya Martorell Jueves, 14 de Octubre de 2010 15:39
Redacción Bottup - Enviada especial
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ENVIADA ESPECIAL / Hospedarse dentro de un hospital te hace fuerte. Pasear por Sierra Leone también. No te vuelves inmune al dolor, pero aprendes a a mirarlo de frente y, poco a poco, te vas familiarizando con él
Sierra Leona. Aquí no existe ningún mando a distancia gigante que me permita apagar la imagen de la miseria y centrarme en el canal de deportes mientras sigo devorando impasible un tentempié. Aquí debo ser capaz de mirar cara a cara a todos esos niños que esperan de mi una sonrisa y no una mueca de pena ni de compasión. Es lo mejor para ellos. Y para mí, el único modo de sobrevivir anímicamente en un lugar en el que la realidad escuece mucho más que en nuestros privilegiados entornos o que a través de la televisión.
Además, es lo más justo. Son niños por encima de enfermos, personas más allá de gente pobre. Todos, mayores y pequeños, lo último que necesitan es que alguien les recuerde con su actitud su situación. Aprendes a dialogar y jugar con ellos sin que su futuro incierto afecte a ese momento. Aprendes a neutralizar el contexto, a que en ese instante sólo exista lo bueno, a que mientras compartís el tiempo no haya nada más que vuestra relación.Y de repente recuerdas que un tercio de esos críos que tomas en brazos no pasarán de los cinco años de vida. Y se te cae el mundo encima mientras sigues blandiendo una sonrisa
No es complicado ni sencillo. Es simplemente intuitivo. Inconsciente. Natural. Fluido. Aunque a veces todo se tuerce cuando, en pleno juego, una idea acude fugaz a la memoria. Es sólo un instante -uno sólo-, un pensamiento que te sacude por dentro, una verdad que lucha por hablar. Y de repente recuerdas que un tercio de esos críos que tomas en brazos no pasarán de los cinco años de vida. Y se te cae el mundo encima mientras sigues blandiendo una sonrisa. Aunque seguramente un atisbo de tristeza se te asome a la mirada. Y rezas por que no lo noten. Y rezas por no ponerte a llorar.
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