La ciudadanía es el mensaje: Egipto off line

( 4 Valoraciones ) IPES Elkartea Navarra

80 millones de personas fueron desconectadas de Internet por temor al uso de las redes sociales por una ciudadanía opositora, ¿todo empieza y termina en Twitter?

El gobierno egipcio se ha convertido en el primero en desconectar todo un país de Internet, algo que muchos analistas consideraban imposible. No porque técnicamente sea complejo, sino por el enorme coste económico y el caos que genera en la gestión de una sociedad interconectada. El temor al uso de los redes sociales por parte de una ciudadanía contraria al régimen ha pesado más que las consecuencias prácticas. ¿Por qué ese terror? ¿Todo empieza y termina en Facebook y Twitter? ¿Las revoluciones son ahora únicamente mediáticas?

La escalada

En el caso egipcio el gobierno pasó en apenas 48 horas de censurar y cortar el acceso a webs o bloquear el envío de SMS a tomar una decisión sin precedentes: desconectar Egipto de Internet. Un país de 80 millones de habitantes desaparecía de la red.

Las protestas en Egipto no han surgido de la nada, como parecían comunicar las primeras informaciones de las principales televisiones por satélite, que les restaban importancia al considerarlas como un mero reflejo de lo sucedido en Túnez. Una suerte de moda surgida de las redes sociales que recorría el mundo árabe.

Sin embargo, la tensión venía acumulándose desde tiempo atrás por el descontento de una población que recibía continuas consignas de modernización y prosperidad en los medios oficiales, que nunca se materializaban.

Esta distorsión entre la propaganda y la realidad había comenzado a filtrarse en los últimos años en el cine más taquillero, con algunas películas que se atrevieron a abordar cuestiones como la corrupción de la policía o las malas condiciones de los barrios periféricos de las grandes ciudades.

Egipto tiene uno de los más elevados ratios de accesos a Internet móvil y a conexiones de alta velocidad del Magreb y Oriente Medio

Paradójicamente, donde tuvo mayor éxito el impulso modernizador del régimen de Hosni Mubarak fue en la popularización de las tecnologías de la información. Egipto tiene uno de los más elevados ratios de accesos a Internet móvil y a conexiones de alta velocidad del Magreb y Oriente Medio. Esto permitió una enorme multiplicación de blogs, foros y presencia en las redes sociales, con una joven generación conectada, que como el resto de usuarios del mundo, empleaba estos medios sobre todo para relacionarse y compartir gustos y aficiones. Más ocio que política.

Sin embargo, en la medida que la situación off line se fue deteriorando y estos jóvenes veían sus expectativas y las de sus familias no cumplidas en la vida real, fue creciendo la discusión sobre los problemas del país. Una numerosa comunidad de activistas en la red se estaba gestando.

Detectar al disidente

¿Qué hizo el régimen? Por un lado, animaba cierto nivel de debate on line, como válvula de escape del descontento y forma de mantener a los jóvenes discutiendo en casa y no en la calle. Sin embargo, si alguno de los blogers lograba que su popularidad saltase a los medios más convencionales o tenía conexiones con movimientos opositores era intimidado y detenido.

De ahí que no existiese un sistema de cibercensura como, por ejemplo, en China, donde se restringen los contenidos a los que se puede acceder on line. Al contrario, esta libertad de opinión en la red se convertía en un arma represiva por parte del Estado, que podía controlar desde su nacimiento a los líderes opinión. Esta aparente falta de censura, unida a la represión de blogers ya fue denunciada en el informe Freedom on the Net Report 2009 de Freedom House.

Y parecía funcionar

La estrategia de Internet como espita para las tensiones y fuente de información para las fuerzas de seguridad parecía funcionar. Los primeros intentos de convertir estas inquietudes on line en acción política en la calle no tuvieron mucha incidencia. En 2009, ya se produjo un movimiento en Facebook para celebrar un 'día de furia' contra la corrupción y la injusticia que no obtuvo la repercusión esperada.

Siendo las herramientas las mismas, ¿qué ha cambiado ahora? Aspectos internos que han incrementado el descontento y sobre los que se ha podido difundir información de forma casi instantánea: la muerte del activista Khalid Said en manos de la policía, la manipulación de las elecciones en noviembre, sin olvidar el fuerte incremento de los precios de los productos básicos, son solo algunos ejemplos.

A ello se suma como detonante las imágenes de la revolución en Túnez difundidas prácticamente en tiempo real a través de web, redes sociales y televisión por satélite, que transmitían el mensaje de que el cambio era posible y que debía partir del pueblo… Lo real y lo virtual se daban la mano, y los egipcios salían a la calle pidiendo libertad.

Tácticas en la Red

El 25 y 26 de enero, el Gobierno de Mubarak todavía aparentaba estar bien preparado para esta batalla de la comunicación, porque también había aprendido las lecciones de Túnez. Así llevaron a cabo cortes puntuales de las comunicaciones en las ciudades que juzgaba más conflictivas, como Mahalla o Suez, donde la fuerza de los sindicatos representaba una mayor amenaza.

La experiencia de Túnez y la de los estudiantes iraníes les hizo ser prudentes a la hora de coordinar acciones, en un juego del gato y el ratón, ofreciendo falsas informaciones y lugares de reunión en Facebook destinadas a las fuerzas de seguridad

Para los manifestantes las redes sociales como Facebook, Twitter y Youtube se convirtieron en la manera de intercambiar imágenes, vídeos, informaciones y fotografías, con el objetivo fundamental de dar a conocer al mundo lo que estaba sucediendo. De nuevo la experiencia de Túnez y la que sufrieron hace dos años los estudiantes iraníes les hizo ser especialmente prudentes en su uso a la hora de coordinar acciones, en un juego del gato y el ratón, ofreciendo falsas informaciones y lugares de reunión en Facebook destinadas a las fuerzas de seguridad.

Mientras las redes sociales captaban la atención, otros medios más tradicionales como los foros de los seguidores de los equipos de fútbol, muy populares en Egipto, se habían convertido en espacio para la acción política.

Cuando las protestas fueron tomando las calles, el Gobierno decidió cortar el acceso a Facebook y Twitter. En este caso, la utilización de proxies (programas o dispositivos que realiza una tarea acceso a Internet en lugar de otro ordenador) cedidos de forma solidaria por personas o organizaciones de todo el mundo, permitió continuar con el acceso a estas redes. Este es un elemento significativo de las nuevas rebeliones: las redes tecnológicas solo adquieren valor si generan redes humanas internas y transfronterizas.

Acciones on line y sus consecuencias

Quizá un aspecto a destacar sea el nivel de madurez que está alcanzando el debate sobre las implicaciones de la utilización política de las redes sociales en los países donde la libertad de expresión está restringida. La dolorosa experiencia les ha demostrado que las actuaciones que una persona realiza en Internet implican un posicionamiento real y acarrean unas consecuencias de las que es necesario asumir la responsabilidad.

Las redes tecnológicas solo adquieren valor si generan redes humanas internas y transfronterizas

Una exposición voluntaria on line para lograr un objetivo en la vida real, del que quizá no somos suficientemente conscientes los usuarios de las redes sociales en estados democráticos, donde prima la sensación de que "lo que sucede en Internet, se queda en Internet". Esto devalúa el concepto de ciberactivismo, que se convierte en la forma más cómoda de tomar postura de forma instantánea ante las cuestiones que despiertan simpatía. Y debilita el debate sobre el riesgo de la renuncia a la privacidad.

A partir de la reflexión de que el "poder que tiene Internet como herramienta para los activistas también lo tiene para los represores", una guía en papel con instrucciones sobre dónde manifestarse y cómo actuar de forma pacífica en las protestas se estaba distribuyendo en las calles de El Cairo, con la consigna de no colgar sus contenidos on line, según explica la red de NDRI/democracyworks.

Sin embargo, la batalla por el control de la información continuaba. Las compañías de telefonía móviles suspendieron, a petición del Gobierno, el servicio de SMS. Vodafone, que opera en Egipto, confirmó la suspensión, algo que, indicaba, permite "la legislación egipcia".

La desconexión total

Hasta ese momento las medidas tomadas por Mubarak ya habían sido empleadas por otros gobiernos autoritarios para acallar protestas de su ciudadanía. Sin embargo, ninguno se había atrevido a cortar la conexión a Internet de un país entero.

Para que una desconexión prácticamente total pueda producirse en un territorio es necesario que exista una fuerte concentración de sus conexiones primarias a Internet y un estricto control de las mismas por parte del Gobierno.

A las 12:34 del 27 de enero Egipto aparecía completamente desconectado, a excepción de Noor, un pequeño proveedor de acceso que sirve a la Bolsa egipcia y a empresas como Coca-Cola, Lafarge o Exxon Movil. Por primera vez en esta etapa de economía de la conexión, un país de 80 millones de habitantes permanece off line.

Por primera vez en esta etapa de economía de la conexión, un país de 80 millones de habitantes permanece off line

Sin embargo, la información continuaba llegando al exterior y los manifestantes no abandonaron las calles. Al contrario. ¿Es más sencillo paralizar la economía de un país que una revuelta con suficiente apoyo popular?

Si antes se infravaloró el ciberactivismo, esta medida lo sobrevalora como el origen y única herramienta de la revuelta. No tiene en cuenta que el empoderamiento (a falta de otro término mejor en castellano) que supone el descubrimiento de la capacidad de colaboración entre ciudadanos, de forma independiente a las estructuras jerárquicas que las tecnologías de la comunicación favorecen, tiene también su reflejo en el mundo desvirtualizado.

Los egipcios lograron seguir siendo visibles para el mundo utilizando métodos tradicionales como teléfono, fax y equipos de radio aficionados. Los medios de comunicación internacionales continuaron enviando sus imágenes grabadas o en vivo, vía satélite.

Sin embargo, el temor de Mubarak al poder de Internet llegó a un punto tal que, finalmente, hasta Noor tuvo que cortar sus conexiones, para impedir que los egipcios se comunicaran por modem a través de una conexión de baja velocidad que esta compañía mantenía abierta. Otros proveedores de Internet extranjeros, como FDN en Francia o Telecomix en Suecia, ofrecieron números para la conexión vía modem, que permiten que, utilizando un tecnología en apariencia obsoleta, la información siga saliendo del país.

Al Jazeera en vivo

En este proceso, tanto Gobierno como manifestantes han demostrado la importancia que conceden a la comunicación, a nivel interno y externo. Su estrategia pasó por forzar a la comunidad internacional – a través de las imágenes y mensajes – a posicionarse.

Mubarak, jugando con el temor al caos y el miedo a un Egipto donde movimientos islamistas como los Hermanos Musulmanes tengan voz. Los ciudadanos en la calle, confiando en que, si su protesta era visible, el apoyo que Estados Unidos, Israel, Gran Bretaña y la Unión Europea han ofrecido tradicionalmente al dictador se convertiría en reprobable públicamente. Además de captar el apoyo de la población de otros países árabes. Cuestión de relaciones públicas.

Por eso, además de la guerra de Internet, se ha producido la batalla por el satélite. Una de las preocupaciones de muchos twitts procedentes de Egipto en los primeros momentos era la poca cobertura que CNN y, muy especialmente, Al Jazeera, la cadena catarí de noticias 24 horas, estaban proporcionando a las protestas, tanto en su servicio en árabe como en inglés.

El posicionamiento de ésta última respecto a relatar los acontecimientos en directo con imágenes fijas, a modo de webcam, sobre la Plaza Tahrir, punto de reunión y espacio simbólico para los manifestantes, le ha valido que su licencia sea revocada en Egipto, que sus periodistas pierdan sus acreditaciones y que se corte su retransmisión a una gran parte del Magreb, que dependía del satélite egipcio Nilesat (el 40% de su capital es de la televisión estatal egipcia y otro 10% del Ejército a través de un fondo de inversión tecnológico).

Una de las preguntas recurrentes de los manifestantes era "¿dónde están las cámaras? ¿Continuamos en directo?"

La fuerza de la televisión todavía no se ha eclipsado. Nos movemos, empleando el lenguaje del marketing, en un mix de medios. Internet en la gestación y coordinación de acciones y en la difusión de contenidos para que las grandes cadenas retomen esas imágenes y las repitan, una y otra vez. Que además tienen la capacidad técnica de mostrar el desarrollo de los acontecimientos en tiempo real. Ellas continúan siendo el objetivo.

Por eso, una de las preguntas recurrentes de los manifestantes, tal y cómo recogían los corresponsales de Al Jazeera era "¿dónde están las cámaras? ¿Continuamos en directo?".

Implicaciones para los derechos humanos

La revuelta de la ciudadanía egipcia y la posterior caída de Mubarak han dejado muchas cuestiones para el análisis y debate. Como afirma Global Network Iniciative (GNI), la denegación del acceso a Internet y a las telecomunicaciones tiene "unas enormes implicaciones para los derechos humanos".

Por eso urgen a las compañías a tomar medidas para proteger dos aspectos: la libertad de expresión y la privacidad, para contribuir a mantener "una Internet libre y abierta".

En este sentido, las empresas de telecomunicaciones tienen un rol primario para permitir la libre circulación de informaciones. Sin embargo, no hay que olvidar que la propia estructura del servicio que ofrecen no favorece esta premisa: son empresas orientadas a la obtención de una alta rentabilidad, en general con políticas poco transparentes de precios y un alto nivel de subcontratación, que operan en países soberanos sometidas a la concesión de licencias por parte de los gobiernos y a la legislación local.

No existe ningún organismo internacional que garantice el derecho a la conexión, como parte del derecho al acceso a la información

De ahí la dificultad de garantizar el acceso universal por parte tanto del sector privado, como del estatal, si éste no opera como garante de la libertad de expresión. No existe ningún organismo internacional que garantice el derecho a la conexión, como parte del derecho al acceso a la información.

Y este derecho a la conexión puede ser utilizado por parte de los gobiernos autoritarios con la connivencia de las compañías de telecomunicaciones, en una desprotección absoluta de la ciudadanía ante el uso que este puede hacer de sus datos. Ya que como afirma Ahed al-Hindi, disidente sirio, "Facebook es una gran base de datos para el gobierno".

¿A quién pertenece Internet? Debería pertenecer al público, pero ¿cómo garantizar ese acceso? ¿Cuál debería ser el papel de los agentes estatales en Internet? ¿Tiene sentido seguir aplicando las mismas nociones de soberanía en la red y fuera de ella?

La articulación de un espacio global social independiente se hace más necesario que nunca. Si parafraseando a McLuhan "el medio es el mensaje", la clave está en que el medio sea el ciudadano. Y que la tecnología, siempre variable, sea una herramienta para multiplicar su capacidad de actuar de forma soberana y colaborativa.

Para saber más:

¿Qué hacer si tu gobierno corta Internet? (Mangas Verdes, en castellano)

¿Cómo sobrevivir a un apagón de Internet? (BBC, en castellano)

The dictador dilema (Democracyworks, en inglés)

Egypt Coverage (Berkman Center for Internet & Society, en inglés)

Al Jazeera (en inglés)


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Author of this article: ipesnavarra

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