Escrito por Rubén Bolívar Estrada Domingo, 20 de Junio de 2010 19:49

En la sociedad de la información ya no se puede hablar de absolutismos cuando nos referimos a los términos local y global. En estos tiempos se puede ser localmente global o globalmente local
Hace años, durante el incipiente nacimiento de la cultura vinícola chilena, los vitivinicultores trataban de obtener los aromas, la textura y el 'bouquet' de los caldos franceses o españoles. Con el tiempo lograron excelentes vinos, pero jamás lograron parecerse a sus pares europeos. Más adelante asumieron su realidad chilena-latinoamericana y se convencieron de que debían ser auténticos y desarrollar productos únicos y diferentes. Al entender esto, los excelentes vinos locales chilenos comenzaron a tener un encanto que les hizo conquistar espacios en bodegas de todo el planeta, y eso les hizo globales.
La globalidad alcanzada por la localidad de un vino chileno de El Valle del Maipo, le permite a éste convivir en la misma mesa que un 'coq au vin' de acento francés, o con unas espetadas portuguesas, o unas decembrinas hallacas venezolanas. ¿Y qué tiene que ver todo este asunto enológico con la sociedad de la información?
En el fondo realmente no mucho, pero en las formas sí tiene mucho que ver. Cuando los periódicos se hicieron digitales y migraron a la web, lo hicieron con el mismo contenido que imprimían en el papel, igual cosa ocurrió con las revistas y otros medios impresos. Al inicio esto fue positivo, sólo que, para acceder a la noticia con mayor inmediatez, primero debías ir al papel y algunas horas después a la PC. Como sabemos eso cambió, luego llegaron los blogs, entusiastas, fanáticos y muy informados; ello determinó que los medios digitales comenzarán a especializarse y a dividirse en nichos dirigidos a públicos muy específicos.La World Wide Web no tiene fronteras geográficas. Los contenidos viajan de un lugar a otro sin más restricciones que las impuestas por la curiosidad del internauta
Mientras esto ocurría globalmente, los diarios locales comenzaban a ganar ascendencia e importancia en sus respectivas áreas geográficas. Pero pasaba algo, la World Wide Web no tiene fronteras geográficas, así que un asesinato en una taberna de Dublín puede tener igual resonancia mundial que un crimen por ajuste de cuentas en el sector Campo Rojo de San Félix en Venezuela. Es la misma web en la que los contenidos viajan de un lugar a otro sin más restricciones que las impuestas por la curiosidad del internauta.
Somos locales en lo geográfico, globales en el alcance y glocales cuando lo global lo hacemos de interés local, y lo local se convierte en un hecho de difusión y relevancia global. ¿Quién define la localidad, la globalidad o la glocalidad de un contenido en la web? Pues no lo hace el medio, tampoco el autor, y definitivamente el único que lo define, aunque quizás sin conceptualizarlo, es el consumidor del contenido, el rey internauta.

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