Escrito por callado Martes, 25 de Mayo de 2010 22:10

POESÍA / 'En la noche del Dios de las estrellas', del libro de poemas 'La travesía de la vida' (2001) de Mariano Cabrera Bárcena
En la noche del Dios de las estrellas
I
Sí existe amor pasional entre mujeres: no lo negaré.
Nosotras somos casadas, y hubo cómplices en nuestras
relaciones sexuales: el otoño, las hojas que son secretos caídos
que lleva el viento, la noche con la fuerza que da el amor...
Somos almas ardientes, y buscamos lo siempre deseado.
Después -quizá... con un ¡hasta luego!- merecerá la pena haber roto
el roble amoroso que nos separaba.
"Es la hora, nuestra hora de los sueños -me dice mi antigua alumna
cuando acude a la cita concertada-, de las relaciones carnales anheladas.
Todo está escrito. Despojémonos de nuestras ropas
y busquemos sábanas blancas -sin sogas indiscretas- donde yacer cuerpo
contra cuerpo". Su cuerpo de carne viva -cabellos bronceados y ojos
con mirada desnuda- me había hecho su cautiva. Veintitrés años
sin rumbo, sin límites humanos...
II
Si existe amor pasional entre mujeres: no lo negaré.
Allí -en las afueras de la gran ciudad- acaeció
nuestro bacanal de mohines y carantoñas.
La guarida de nuestro encuentro se encontraba
al lado de una salvaje playa, tan salvaje como el ánimo
voluptuoso -río profundo- que recorría nuestras venas.
Desnudos los cuerpos combatieron sin medida -sobre la arena-,
vientre contra vientre, pezones contra pezones...
Nuestra sangre fue una y abundante sangre de placer.
Mis cincuenta años no me perdonaron tanto exceso amoroso,
pero las almas se tranquilizan, precisamente, con lo desconocido...,
con lo que estaba prohibido y hoy es llamado opción sexual amorosa,
aunque el sexo sea el mismo.
Belleza, armonía, besos ardientes, besos robados,
lenguas insaciables, manos temblorosas y húmedas:
he aquí el compendio de tantos y tantos orgasmos habidos.
Nuestras manos, nuestras bocas cumplieron su misión.
III
¡Qué lejos quedaban los caprichos!
!Qué fríos -helados- nuestros cuerpos!
Amas -nuestras voces- exclamaron:
"¡Ay, deleites perdidos y encontrados!
Qué lejos de nosotras estuvistéis.
Qué próximo el cielo: ¡lo abrazamos!
Qué esclavas de los hombres pernoctamos ".
Cerca, muy cerca pulularon testigos las estrellas,
y la Luna caprichosa esperaba:
humillarnos, inculparnos, violentarnos...
Allí, y sobre la playa negra de arena,
dos mujeres -madura y joven- sin barreras,
valientes, con luz de noche primavera
-cuerpo a cuerpo-
se entregaron, se amaron, se salvaron...,
y llegaron a esculpir sobre una piedra:
"Ayer, en tiempo muerto, quizá un instante
-sin siniestras intenciones- fuimos más mujeres,
en la noche del Dios de las estrellas".
Mariano Cabrero Bárcena es poeta
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