Por quién doblan las campanas

( 4 Valoraciones ) Mariano Cabrero Bárcena

Tras años de ser considerada santuario etarra, Francia llora el primer asesinato de un policía y Sarkozy habla de dureza

Hace unos días ha sido asesinado el brigada de la Policía francesa, Jean-Serge Nérin, cuando estaba cumpliendo con su deber profesional, y en acto de servicio, fue tiroteado por unos presuntos terroristas españoles, quienes intentaban robar coches usados. A uno le sangra el corazón de lamentos y lágrimas contraídas con rabia, porque en España nos hemos preguntado, una y mil veces, por quién doblan las campanas, y la respuesta era siempre la misma: por la muerte –brutal e injusta– que el terrorismo español había llevado a cabo en nuestras tierras. Ahora vuelvo a preguntarme, una vez más, por quién doblan las campanas y la gente me responde: "Por la muerte Jean–Serge Nérin".

El Presidente de la Asociación Francesa de Víctimas del Terrorismo, Guillaume Denoix de Saint-Mar, ha declarado que "el asesinato debe servir para profundizar en la colaboración policial hispano-francesa en la lucha contra 'Euskadi_Ta_Askatasuna' (no pongo las siglas, pues bastante propaganda, y entre todos, les estamos haciendo al 'terrorismo español'). Desde estas humildes líneas quiero hacer llegar mi dolor, y el todos los españoles, a la familia del policía muerto en acto de servicio, y cumpliendo, una vez más, con su deber, lo cual honra a Francia y al cuerpo de policía al que pertenece.

El asesinato debe servir para profundizar en la colaboración policial hispano-francesa en la lucha contra 'Euskadi Ta Askatasuna

Sí he de manifestar que es el primer atentado contra policías franceses en tierras galas, pero uno entiende, y por desgracia, que no será el último. Todos sabemos que el terrorismo español, en particular, y el terrorismo mundial, en general, se mueve por el mundo entero. Europa abrió las fronteras para la libre circulación de los comunitarios, pero se olvidó que éstas se están convirtiendo también en una gran araña que transporta armas, drogas, mujeres que son obligadas a ejercer la prostitución...

Si comprendo que las fronteras han de estar abiertas como signo inequívoco de libertad y democracia, pero, sin duda, el control de las mismas ha de hacerse con cierta rigurosidad, sin que nadie se rasgue las vestiduras por ser registrado las veces que sean necesarias, control exhaustivo de pertenencias, dineros que portan lo que dicen que viajan como turistas, saber sus posibles domicilios, estar al día sobre los antecedentes penales que puedan tener los viajeros a territorios comunitarios... Si así no actuamos, vamos a ser testigos de nuevos atentados y muertes innecesarias de seres inocentes.

Fueron y son los violentos quienes han ejercido la crueldad causando muertes irreparables, temor, terror, detenciones ilegales, asesinatos…, no respetando nunca los derechos y libertades de cualquier estado democrático, y el primero de los derechos: el derecho a la vida. La regeneración pudiera ser creíble siempre bajo un marco que abarcase dos premisas 'sine qua non': a) la entrega de las armas, y b) que los condenados –por delitos comunes de sangre– cumpliesen y cumplan las penas integras. (Si no me equivoco esta última premisa estuvo en los programas del PSOE y del PP: ninguno de los dos fueron consecuentes con sus promesas, que fueron como plumas de palomas que se la lleva el viento... hacia los cielos de la inmensidad. No se comprometieron ni se comprometen tampoco ahora. ¿Cuestión de votos? ¡Cualquiera sabe!)

Las fronteras deben estar abiertas como símbolo inequívoco de libertad y democracia, pero, sin duda, el control de las mismas ha de hacerse con cierta rigurosidad

La generosidad española ha alcanzado ya límites insospechados, pues son muchos los muertos –cercanos a los mil–, que desde sus tumbas gritan: ¡Basta ya!, ¡no matad más! Uno piensa que se debe dialogar hasta con el propio diablo, pero nunca venderle el alma –nuestro honor–. Si no se fuese a derramar una sola gota de sangre más, quienes consiguiesen negociar la paz, deseada y ansiada por todos los españoles –vascos incluidos–, darían muestras de ser inteligentes y hábiles políticos: hacen falta cabezas frías y corazones templados, si hemos de salir de este 'agujero negro' que es el terrorismo español -guerra civil encubierta entre hermanos-. ¿Cuestión de dinero? Una sola vida humana vale más que todo el oro del mundo.

Uno se pregunta de qué van a vivir nuestros hermanos violentos. Solamente sabían y saben matar... por dinero. ¡Maldito dinero! Sé muy bien que es harto difícil perdonar, pero, quizá, el olvido sea el mejor remedio para esta clase de desgracias. La madre del que fue concejal del Ayuntamiento de San Sebastián, señor Ordóñez, víctima del terrorismo, se dirigió a los autores del asesinato en los siguientes términos: "Decid a vuestros hijos que paren de matar, vosotras podéis hacerlo, pues próximamente hablaréis con ellos en los centros penitenciarios ubicados en la autonomía vasca. Yo, si quiero hablar con mi hijo, tengo que ir al cementerio". Triste y real reflexión.

Sabemos todos que el PSOE –su Ejecutivo actual–, que preside Rodríguez Zapatero, estableció contactos con el terrorismo español habiendo informado al Congreso de los Diputados, y, desde luego, siempre al jefe de la Oposición. Y esto es porque estamos poniendo en juego la seguridad de España, y, en consecuencia, la seguridad de todos los españoles. Por tanto, aquí nos encontramos con otra pequeña equivocación.

El terrorismo español (así lo llamo yo, pues uno piensa que los vascos también son españoles) es un dragón de mil cabezas. Éste se extinguirá cuando los partidos democráticos españoles así lo procuren. 'El Dragón' tuvo su santuario político-armado en tierras francesas durante más de catorce años. Contó con la anuencia del Ejecutivo francés, quien concedió a los terroristas el poder acogerse a la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 14, es decir, les concedió el derecho de asilo a personas que mataban (y que siguen matando en Francia, marzo de 2010) en virtud de ideales políticos. Matar es y será siempre un delito común, y vemos que, contra los violentos, es inservible llevar sobre nuestros pechos el lazo azul de la paz.

El terrorismo español (...) se extinguirá cuando los partidos políticos así lo procuren

Triste resulta recordar lo que el periódico francés ‘Le Nouvel Observateur’ afirmó el 14 de marzo de 2001:

"La dirección del movimiento terrorista se encuentra en la región parisiense (al menos los suplentes, ya que los jefes están en el sur); los campos de entrenamiento militar en Las Landas (suroeste); las fábricas de documentaciones falsas en Bayona; los lugares de reposo de los soldados de la organización que tienen necesidad de descansar, en Hendaya; y 'la residencia' de jubilación de prisioneros que no son extraditados a España, en Anglet".

Ahora, el Presidente del Ejecutivo francés, Nicolás Sarkozy, y rasgándose sus vestiduras mediante el empleo de las palabras –que se las puede llevar el viento–, ha anunciado que "pide 30 años de cárcel para quien atente contra su policía". Hermosas palabras que no se corresponden con los hechos, pues ellos fueron quienes engrandecieron al 'Dragón del mil cabezas': el terrorismo español.

John Donne, poeta inglés, dejó escrito: "(...) La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y, por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti".

Mariano Cabrero es escritor


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