Escrito por Alanmarmu Sábado, 27 de Marzo de 2010 22:39

Es imprescindible tanto la conservación de nuestro patrimonio tangible e intangible, como aprender a convertirse en los perfectos anfitriones para seguir atrayendo al turista
Una de las grandes bendiciones de la vida es poder apreciar aquel legado resultado de la creatividad del hombre y de la inspiración estética de la naturaleza para crear, que ha llegado intacto a nuestras manos sin ser alterado por el pasar del tiempo como testigo invaluable de alguna época, periodo o suceso.
Cientos y cientos de artículos recrean nuestra mente revelándonos las consecuencias de un turismo no planificado que conllevaría la perdida nefasta de un bien declarado patrimonio de la humanidad, dado la poca consideración que tenemos los seres humanos hacia una cultura distinta a la nuestra. Hasta hace poco veíamos como se vio afectado el templo de borubudur en Indonesia a causa de los gases de vapor emitidos por el gran número de buses que esperaban a los turistas a las afueras del templo, o que decir del resquebrajamiento del muro de los lamentos en la ciudad vieja de Jerusalén declarada patrimonio de la humanidad y además adquiriendo la declaración de patrimonio mundial en peligro a causa de los millones de turistas y feligreses que van a colocar sus deseos dentro de las rasgaduras que poseen las piedras. Es precisamente en este punto donde se crea un gran dilema, ¿valdrá la pena el hecho de conservar nuestro patrimonio inmaterial a costa de la pérdida nefasta del patrimonio material?
¿Valdrá la pena el hecho de conservar nuestro patrimonio inmaterial a costa de la pérdida nefasta del patrimonio material?En la actualidad hay distintos factores que se mezclan en conjunto afectando los bienes de interés patrimonial, como la mala planificación urbana para tomar decisiones de mejoras, la construcción de vías y el afán de algunas personas por estar a la vanguardia de los tiempos. Sin embargo, es de vital importancia analizar un fenómeno actual que casi siempre se nos escapa y que está en contraposición a las ideas anteriores planteadas, se trata de la forma en que se comporta el sitio declarado Patrimonio Mundial para con el turista.
Para dar respuesta al interrogante anterior, es necesario partir desde la problemática vivida en las últimas décadas en la ciudad de Cartagena a causa de la insensibilidad, el asedio y la explotación de los vendedores ambulantes hacia personas extranjeras, lo cual ha generado una disminución del número de turistas que arribaban anualmente a la ciudad. Los vendedores ambulantes caen como palomas cuando ven maíz, asedian al turista y les ofrecen hasta diez tipos de productos a la vez a un precio exagerado que multiplica hasta cuatro veces el precio real del artículo, recorren cuadras y grandes trayectos persiguiendo a los turistas esperando que estos les compren o para su defecto se fastidien y terminen por comprarles para quitárselos de encima, no entendiendo que 'turista satisfecho trae más turistas' y, por ende, gran beneficio para ellos al generarles más posibilidades de empleo.
Es por eso que, como primera medida, este artículo busca despertar el interés no solo de los aficionados en el tema del patrimonio, sino también de aquellos directamente involucrados. Estos son algunos consejos que te pueden ayudar a convertirte en el mejor anfitrión de la historia:
- Aprender a conocer su propia ciudad para dar a conocerla a otros.
- No asediar al turista, entendiendo que turista satisfecho trae más turistas y, por lo Es necesario aprender a tratar al turista: un turista satisfecho trae más turistas o repite la experienciatanto, más oportunidades de trabajo.
- Conservar limpia la ciudad y en especial los sectores donde hay mayor afluencia de turistas.
- Evitar toda serie de actos, hechos o espectáculos que mancillen el buen nombre que tanto se merece la ciudad, siendo patrimonio de la humanidad.
- Ver al turista como un amigo necesitado y no como un invasor, procurando ayudar en todo lo que esté a su alcance, sin ningún interés.
- Hacer sentir al turista como en su propia patria, demostrando buenas costumbres, buena educación y cortesía a la hora de dirigirse a ellos.
- No aprovecharse de la situación de forastero para incrementar el cobro de los servicios prestados.
Recordando siempre que el patrimonio más grande de Colombia es su gente, esa gente amable, honesta y trabajadora dispuesta a demostrarle al mundo la otra cara de Colombia. Procuremos poner en práctica estos consejos y convirtámonos en los mejores anfitriones de la historia para fomentar a un nuevo concepto de país.

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