Escrito por Ángel Prado García Martes, 23 de Marzo de 2010 16:48

OPINIÓN / ¿Cuánto nos preocupamos realmente por mantener la limpieza en todo nuestro entorno? O simplemente, ¿nos interesamos por nuestro planeta?
El 21 de marzo en la República mexicana se festejan dos hechos memorables y hasta pudiera decirse que solo uno, ya que el otro, al ser un hecho histórico no se le toma demasiado en cuenta por la población en general —¿Por qué será?—.
Me refiero al primero por más llamativo, por ser el tiempo del amor, de las flores, del mejor clima. Por tratarse de la llegada de la primavera, por el arribo de los consabidos 'Spring Breakers' (jóvenes con deseo de diversión) que viajan ex profeso a divertirse esta fecha en nuestras playas reconocidas a nivel nacional e internacional.
El segundo acto conmemorativo es el natalicio del ex Presidente de México Benito Pablo Juárez García (1806-1872), personaje celebre por su frase, entre otras también de su autoría, que dice: "Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz".
Entonces… retomando el primer festejo, a la llegada de la primavera con bombos y platillos se le dio gran publicidad — ¡Ya saben, el comercialismo ese que tanto ama nuestro dinero! — y también se anunció la segunda convocatoria de labor loable, benéfica para todos, se le llama: 'Limpiemos nuestro México'. Consistente en formar grupos de amigos, vecinos, compañeros de trabajo, personas que quisieran participar y dedicar cuatro horas de este día para recoger basura, para limpiar calles, camellones, playas, laderas.¡Bienvenida la mano que limpie lo que otros ensucien! No importa que olvidemos a aquel que un día buscó dejarnos una patria digna, una educación laica y gratuita
Convocatoria patrocinada por la iniciativa privada y a la cual se unieron grandes y pequeñas empresas, labor en la que participaron padres y madres de familia, niños, jóvenes, comunicólogos y un singular número de personas deseosas de ver su patria, su estado, su calle, limpia de basura. Hecho tan llamativo que para alguno se perdió recordar el natalicio de aquel bien nombrado Benemérito de las Américas.
Obvio es decir que ahí, en ese acto social y tan publicitado no podía faltar el político oportunista que ante la proximidad de las elecciones buscó sus 30 segundos de fama, de hacerse notar ante periodistas y camarógrafos que transmitirían su presencia, para presentarse ante aquellos ciudadanos que busca le favorezcan con su voto y a los que,
ya estando electo, olvidará de forma pronta y expedita. Es triste decirlo, pero sería más cruel no reconocerlo porque es algo tan común, pero tan común como aquello de 'Prometer no empobrece, pero da esperanza'.
¿De qué limpiamos primero el país? De la basura que no vemos y poco a poco la vamos acumulando en laderas y cañadas, en terrenos abandonados o en vías de mucho tráfico. De la contaminación visual que, como en cualquier país, se hace más notoria día a día y a la que algunos le llaman grafiti, otros le llaman expresión urbana y los 'intelectuales pintores' de semejantes aberraciones le llaman 'el Picasso del futuro'.
La ignorancia en los hijos de 'papi' o hijos de hogares disfuncionales, los lleva a realizar semejantes acciones sin importarles lo que el gasto económico o el coraje de ver su patrimonio dañado, causa en las personas.
¡Bienvenida la primavera! ¡Bienvenida la mano que limpie lo que otros ensucien! No importa que olvidemos a aquel que un día busco dejarnos una patria digna, una educación laica y gratuita, que nació en humilde cuna y nos lego un gran ejemplo, grandes frases.
A las brigadas que a lo largo y ancho de la República se reunieron y que colectaron esos miles de toneladas de basura, lo mínimo que podríamos hacer es decirles ¡Gracias!
A todos esos Picasso grafiteros, a los políticos que también muralizan paredes con letreros propagandísticos que jamás recuerdan mandar limpiar después de concluir los periodos electorales también les decimos: Limpiemos México, sigamos el ejemplo de muchos otros que luchan por mantener la basura bajo buen resguardo, que educan a sus hijos a reciclar, a respetar la propiedad ajena, que cuidan su planeta, este planeta al que un día llegamos y hoy tenemos el orgullo de habitar.
Por hoy solo resta decir: ¡Gracias y dios bendiga América!
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