Claves del golpe de estado en Honduras

( 6 Valoraciones ) John Joseph Kenneth Bonham
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El presidente de Honduras, Manuel Zelaya (izq.), escucha a Hugo Chavez

El intento de golpe de estado en Honduras nos deja un "deja vu" conocido y terrible.


El desencuentro entre la política satélite del presidente venezolano Hugo Chávez, en la persona del depuesto presidente Manuel "Mel" Zelaya y un ejército entrometido y vigilante, en la forma del golpista presidente interino Roberto Michelleti nos deja estos resabios de otro tiempo y otra sangre pero, también, una forma de hacer política en América Latina que nos augura más disgustos.Honduras sufre un golpe de estado, una asonada militar que recuerda las históricas, y sangrientas, que han ocurrido en el subcontinente no hace muchos años. Un golpe de estado con olor a apoyo internacional que, sin embargo, parece no haberse dado.

 Manuel Zelaya del partido liberal de Honduras orientó, desde su victoria en las elecciones de 2005, poco a poco su política hacia los tintes populistas y demagógicos del grupo ALBA

Manuel Zelaya del partido liberal de Honduras orientó, desde su victoria en las elecciones de 2005, poco a poco su política hacia los tintes populistas y demagógicos del grupo ALBA, esto es Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba y, hasta hace pocos días, Honduras. Estas simpatías bolivarianas han marcado su futuro: desde hace algunos meses se hablaba de golpe de estado. Sin embargo la votación por el cambio de la constitución, verdadera piedra de toque de respeto institucional en todos los países bolivarianos ha hecho que se concrete en día 28 de Junio.


El Presidente electo fue obligado a marcharse a Costa Rica. Un presidente depuesto a la fuerza diez minutos antes de que se eternizase en el poder como Castro, Chávez, Morales o Correa. El ejército le aparta y promueve un nuevo presidente interino que se hace con el poder, Roberto Micheletti, y, en general toda la opinión pública internacional se les echa encima. Incluido, y esto es muy importante, EEUU.


No es la primera vez que se busca la salida “golpista” contra estos gobiernos demagógicos, injerentes y con tendencia a apalancarse en el poder, recordemos el intento de golpe en Venezuela en 1992, sin embargo parece que esta no está tan apoyada, al menos directamente, por el gobierno Obama. A pesar de la tajada propagandística que quiera sacar Chávez y su grupo en contra de EEUU.


La situación tiene varias lecturas, la primera es el virage político de Manuel “Mel” Zelaya hasta este bolivarianismo populista desde el liberalismo de la oligarquía a la que pertenece. La segunda es la capacidad del grupo de Chávez en poner aquí y allá acólitos, cercanos, secundarios que aboguen por su modelo neocastrista. Recordemos México con López Obrador o Perú con Humala, ejercicios insatisfechos de esta expansión. Pero también recordemos Ecuador, Bolivia, Nicaragua, etc donde ha logrado encontrar afectos.


El intento de cambio de constitución, como digo, piedra de toque de este bolivarianismo al cual las reglas del juego democrático actual siempre se le quedan cortas, es un sintagma básico de esta situación. Una situación que “supera” arrogándose más poderes o, como en este caso, haciendo de la represión y a bufa reacción alimento para su propaganda.

La segunda de las lecturas es lo inadecuado de una asonada al estilo del siglo diecinueve y primeras décadas del veinte. Lo perverso y terrible de un ejército dispuesto y con intenciones de inmiscuirse en la política más veces de las necesarias, de una democracia vigilada que, al menor contratiempo que debiera responderse por los instrumentos de la ley y el derecho, el intento de cambio de constitución, responde deportando a la fuerza al Presidente y decretando un toque de queda que está siendo respondido en las calles del país con una respuesta ciudadana, que, también sin duda y si no se remedia, no tardará en cobrarse alguna víctima.


El Presidente Zelaya ha advertido/ amenazado con la vuelta al país el próximo jueves, día 2, y será el momento para ver la fortaleza de uno y otros. Parece que lo lógico sería la vuelta al poder de Zelaya y, en un plazo corto, recurrir al plebiscito electoral para ver el camino a seguir. Lo que no cabe duda es que la democracia hondureña, siga Zelaya o no, ha sido herida de gravedad.

No es la primera vez que se busca la salida “golpista” contra estos gobiernos demagógicos, injerentes y con tendencia a apalancarse en el poder, recordemos el intento de golpe en Venezuela en 1992

Una tercera derivada es la presión internacional en detrimento del nuevo presidente-pelele hondureño. Este punto casi asegura una endeblez y falta de apoyo que abocará, salvo cierres “a la iraní”, a la única posibilidad de pervivencia mediante el uso de la fuerza o una retirada más o menos honorable y en el extranjero.


Por último, una cuarta y última derivada. Dirigida al gran país del norte, EEUU. De nuevo se demuestra que la política exterior norteamericana ha dejado de hacer sus deberes por debajo del Río Grande permitiendo el triunfo de un populismo demagógico y neorrevolucionario que amenaza con ir contaminando de su mensaje bolivariano y redentorista todos los países, creando adeptos, generando olas humanas que, sin quererlo, acaban apoyando a un sátrapa local con ínfulas de convertirse en eterno. De nuevo vemos la mano cercana de Chávez y su proyecto, de nuevo vemos la repetición de las formas, modificación constitucional incluida, de nuevo apreciamos un inicio de “guerra fría” en tiempos de crisis y problemas mayores pero que, poco a poco, se acabará convirtiendo en un problema mayor.


Esta es la situación, no auguro al presidente actual Roberto Michelleti mucho futuro, verdadero Vidkun Quisling de un ejército intromisor y vigilante, pero sin embargo no estoy del todo seguro que la democracia hondureña sea capaz de detener a Mel Zelaya en sus intenciones de eternizarse en su proyecto pseudobolivariano. En resumen, la peste, el golpismo, o la cólera, el autoritarismo en ciernes.


Honduras en la mente. Recuerdos del día de mañana.

Imagen: Público / EFE   

Author of this article: John Joseph Kenneth Bonham

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