Escrito por John Joseph Kenneth Bonham Domingo, 21 de Junio de 2009 09:58


El líder reformista Mir-Hosein Musavi
Irán ve como los hijos de la revolución islámica se quejan en las calles ante el más que probable manejo de los votos en las últimas elecciones. Las manifestaciones y las quejas van más allá de la queja de un sistema político donde lo religioso, lo militar, la justicia y lo social no tienen separación.

Partidarios de Ahmadineyad portan retartos de Jomeini y Jatamí
En estos días vemos como esos jóvenes anhelantes de un futuro no tan ligado a la religión y al control mental se muestran en las calles ante el más que posible pucherazo electoral de Mahmud Ahmadinayed frente al reformista, aunque también dentro del sistema, Mir-Hosein Musavi. La revisión del recuento de parte de los votos por parte del consejo de guardianes, designado al 50% por el lider supremoAli Jamenei y Ahmadinayed, no asegura la adecuada independencia y limpieza requerida.
Tarde o temprano esta resistencia al radicalismo logrará el cambio de gobierno, aunque no sabemos si a través de una guerra civil
La situación se recrudece y muestra como Irán
en su camino de radicalidad necesita que el presidente siga siendo un
radical fundamentalista: Ahmadinayed.
Y esta radicalidad es precisa para asegurar la pervivencia de la
revolución y su política belicista de enfrentamiento
y de búsqueda
indisimulada de la bomba atómica, para acallar mani militari
a todos aquellos que se quejan, para evitar que llegue un moderado,
como lo es Muhammad
Jatami, que desbarate este
modo de hacer. Es punto por punto y coma por coma lo que ha
copiado el
régimen de Pyongyang para sostenerse en un país donde ni los
propios ciudadanos, ni la opinión pública internacional les apoya.
En las calles una revolución verde y joven toma posiciones mientras el enrevesado y controlado sistema político iraní, todo en manos de Alí Jamenei, parece buscar tiempo para hacer que la represión surta su efecto y la política vuelva a ser cosa suya. No olvidemos que a los regímenes con fuertes indicaciones autoritarias les gusta la ceremonia eyaculatoria del voto aunque algo menos que los ciudadanos se quejen del resultado.
En las calles una revolución verde y joven toma posiciones mientras el enrevesado y controlado sistema político iraní, todo en manos de Alí Jamenei, parece buscar tiempo para hacer que la represión surta su efecto y la política vuelva a ser cosa suya. No olvidemos que a los regímenes con fuertes indicaciones autoritarias les gusta la ceremonia eyaculatoria del voto aunque algo menos que los ciudadanos se quejen del resultado.
Algunos analistas defienden que las manifestaciones
y quejas no son más que reflejo de las tensiones
desde dentro del propio régimen, reformistas,
frente a conservadores, los políticos frente a los que provienen del
ejército, etc., que alimentan parte de este desencuentro
vestido de político. Pero, sin embargo, las críticas y
manifestaciones parecen
tambalear un sistema que no tiene nada de democrático. Algún
otro analista sostiene que la resistencia en las calles a la
reelección de Ahmadinayed no es más que una
injerencia de occidente en Irán.
Tarde o temprano esta resistencia al radicalismo que aboca al país a la exclusión internacional, al ostracismo y a ser lugar de amparo y financiación de terroristas, Hezbollah, Hamás y otros grupúsculos más desde Irak a Pakistán, logrará el cambio de gobierno. Lo que no sabemos todavía es si será mediante una guerra civil o, también, lograrán la bomba atómica y el subsiguiente y casi evidente ataque de Israel y la subsiguiente guerra les salvará de un cambio interno cantado, como ocurrió con la guerra contra Irak. El futuro es oscuro.
Internet y más específicamente Twitter nos está informando cada instante de lo que ocurre, de las imágenes de lo que pasa a pesar de la intención del gobierno iraní de hacer este movimiento silente y callado, para luego convertirlo en un segundo Tiananmen.
Desde todo el mundo miramos a Persia intentando vislumbrar un futuro de tensiones políticas en un país aislado y auspiciador del terror internacional chií y catalizador del sunní, en un país que nada sobre petróleo, en una futura potencia nuclear y pensamos: demasiada complejidad para ser resuelto de manera sencilla aunque Barack Obama les haya tendido la mano. Quizás algo así debieron sentir en 1939 los líderes mundiales frente a la amenaza, todavía no cristalizada, de un Hitler funesto.
Tarde o temprano esta resistencia al radicalismo que aboca al país a la exclusión internacional, al ostracismo y a ser lugar de amparo y financiación de terroristas, Hezbollah, Hamás y otros grupúsculos más desde Irak a Pakistán, logrará el cambio de gobierno. Lo que no sabemos todavía es si será mediante una guerra civil o, también, lograrán la bomba atómica y el subsiguiente y casi evidente ataque de Israel y la subsiguiente guerra les salvará de un cambio interno cantado, como ocurrió con la guerra contra Irak. El futuro es oscuro.
Internet y más específicamente Twitter nos está informando cada instante de lo que ocurre, de las imágenes de lo que pasa a pesar de la intención del gobierno iraní de hacer este movimiento silente y callado, para luego convertirlo en un segundo Tiananmen.
Desde todo el mundo miramos a Persia intentando vislumbrar un futuro de tensiones políticas en un país aislado y auspiciador del terror internacional chií y catalizador del sunní, en un país que nada sobre petróleo, en una futura potencia nuclear y pensamos: demasiada complejidad para ser resuelto de manera sencilla aunque Barack Obama les haya tendido la mano. Quizás algo así debieron sentir en 1939 los líderes mundiales frente a la amenaza, todavía no cristalizada, de un Hitler funesto.
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Author of this article: John Joseph Kenneth Bonham
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