Escrito por Garbiñe Albizua Uriarte Miércoles, 10 de Junio de 2009 13:28
REPORTAJE: CONOCIENDO NUESTROS PUEBLOS
Luezas con su iglesia en ruinas y el frontón remozadoNo
sonreía ni con la boca, ni los dientes ni la nariz. Sólo con los ojos. Se le
rasgaban en una mueca picarona que se había salvado del paso de los años

Luezas con su iglesia en ruinas y el frontón remozado

Cámara funeraria del dolmen del Collado del Mallo
Era como un
cemento capaz, en su función aglutinante, de volver a levantar lo que el olvido de otros había tirado por los suelos
Siempre he creído que los cuerpos conservan algo de la infancia y en aquel
hombre de 82 años la sonrisa se le había quedado clavada en la niñez. Luego
descubrí que no sólo eran sus ojos los que estaban llenos de vida, también su
manera de mirar el mundo. Aunque ahora lo echo en falta, entonces no creí
necesario preguntarle el nombre. El hombre de la sonrisa de trasto
exprimía vida de las ruinas. Ésta es casa del cura, ésta la escuela y ahí la iglesia" . No paraba de moverse por la plaza de Luezas, un pueblo del Camero Viejo, en La Rioja.
Enseguida me sorprendió que hablara en presente de unos edificios que sólo rezumaban deterioro, pasado y ruina. Pero lo fui comprendiendo a medida que aquel hombre llenaba de detalles la historia de cada piedra. Era como un cemento capaz, en su función aglutinante, de volver a levantar lo que el olvido de otros había tirado por los suelos.
Al edificio de la escuela es difícil entrar por su situación arrumbada. Pero él se asomaba y explicaba lo que era el aula, y "aquí al lado, el baile".
"Sí - me aclaró cuando le interrogué con una mueca- venían de Albelda los músicos y había un baile muy bueno"
De Albelda, en otro valle vecino, el del Iregua, son una saga de gaiteros que encabezaba el difunto Serafín Abeytua. Sus hijos, nietos y nietas siguen tocando la gaita y el tambor. En La Rioja a la dulzaina se la llama gaita. Abeytua es uno de esos nombres que siempre sale cuando en esta tierra se habla del folclore y de quienes han trabajado por que esté vivo.
En aquella escuela que ahora me mostraban y que tuvo un salón de baile sonó la música dulzainera. "Yo fui pastor con cinco amos - continúa mi cicerone- y no sabía ni leer ni escribir hasta que un maestro -aquí teníamos un maestro de adultos ,me aclara, - me enseñó ya siendo joven lo poco que ahora sé".
En el Diccionario de Pascual Madoz quedó recogido que en la década de 1840, Luezas tenía 30 casas, ayuntamiento y escuela con 18 alumnos.
El hombre que sonríe con los ojos es capaz de enfadarse cuando paramos ante la Iglesia de la Asunción. Tuvo que ser precioso, pero ahora es un templo en ruinas. Con irritación me dijo: "Yo traje las vigas de madera en un mulo, desde Terroba, un pueblo de al lado; las traje porque no podía ver que el tejado fuera a hundirse, y se lo dije a los curas, pero nadie hizo nada".
Esa era su desesperación, pero cuando pasamos junto al frontón (éste sí que está conservado) vuelve a sus ojos la sonrisa más pilla que nunca.
"He jugado mucho a pelota mano y he ganado varias veces". Mientras remeda la pose de pelotari sigue sus explicaciones: "Un día estaba todo lleno", y apunta de tal manera alrededor del frontón que me parece oír la algarabía del público. "Iba ganando por un tanto, entonces cuando era el turno de mi rival no se me ocurrió otra cosa que agarrarle de la mano justo cuando le iba a dar a la pelota. Todo el mundo empezó a reírse a carcajadas". Ahora se ríe él y hace un alegato del buen humor.
"Yo me lo he pasado muy bien en la vida: me he reído mucho".
Su locuacidad se vuelve irrefrenable cuando dice: "Me acuerdo cuando me escondía en los bujos"; le llama "bujos" al boj, el arbusto con cuya madera se hacen cucharas y tenedores de palo. "Me escondía y cuando pasaba una chavala: ¡zas!", mientras hace como si estuviera pellizcando una pierna u otra parte más carnosa. Sin parar de reirse espetaba: "¡Se llevaban unos sustos! ".
"Y cuando eran las fiestas de Logroño subíamos de noche al Viso". El "Viso" es un monte en la divisoria de aguas entre el valle del río Leza, al que pertenece Luezas, y el del Iregua. "Desde allí veíamos los fuegos artificiales".... Cuando paso por el "Viso" recuerdo esta última anécdota del hombre que reía con los ojos. Voy camino del dolmen de Trevijano, otro pueblo, que se asienta sobre la roca para asomarse al cañón del río Leza.
La senda está repleta de flores. Me cautivan los narcisos, tan pequeños, tan olorosos. He leído que investigan la posibilidad de utilizarlos en un medicamento contra el alzheimer. También hay prímulas, violetas, hepáticas.....El campo está rabioso de vida y el cielo casi transparente. Los días de aire el cielo del Camero Viejo es de una visibilidad extraordinaria.
La Sierra de Cebollera aún está nevada y también el majestuoso Moncayo. Ha habido veces que al norte he divisado claramente los Pirineos. Desde la altura ya aprecio el dolmen. Es un lugar agreste entre laderas rocosas. Lo llaman el dolmen del Collado del Mallo. Me pregunto cómo aquellos antepasados elegirían este lugar para sus enterramientos. Hoy es un prado sin árboles, pero en aquel entonces es probable que lo rodeara un bosque de tejos, que eran abundantes.
Miro al horizonte y descubro la magia del Pico San Lorenzo nevado. Es el monte más alto de La Rioja. Su figura incrementa la espiritualidad del lugar. Quizá repararon en él quienes excavaron el enterramiento colectivo. A través de un pasillo se llega a la cámara, donde se enterraban los cadáveres. La forman ortoestatos, grandes piedras hincadas verticalmente que dibujan una especie de círculo. La construcción se cubría con más piedras y tierra; parte del túmulo aún se conserva.
Me tumbo sobre la hierba, miro al cielo y pienso en los seres humanos ahí enterrados. Homo sapiens de hace cuatro o cinco mil años, sí, pero muy parecidos a mí, con una manera de sentir y unos procesos para pensar que apenas han cambiado... Me reconforta sentirme tan cerca y sobre todo pensarme un eslabón más de una cadena, que seguirá completándose, y quizá, dentro de otros cuatro mil o cinco mil años, alguien piense en nosotros como ahora yo pienso en ellos: desde la unidad.
Galería fotográfica:
![]() El tejado de la iglesia se cae, aún así la bóveda sugiere su belleza | ![]() Las piedras clavadas en vertical forman la cámara funeraria |
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Author of this article: Garbiñe Albizua Uriarte
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