Escrito por John Joseph Kenneth Bonham Lunes, 27 de Abril de 2009 18:40

El cambio de la política norteamericana con la aligeración del bloqueo y la posibilidad de más viajes y remesas a la isla abre una grieta a la esperanza

Vista del Castillo del Morro situadio en La Habana

Raúl Castro, presidente en funciones de Cuba
Tras la expulsión del gobierno de Carlos Lage y de Felipe Pérez Roque, tratados de conspiradores y ambiciosos, y su sustitución por halcones del ejército, Cuba afronta una nueva etapa con cada vez menos referentes y dirigentes históricos y más espadones.
Sin embargo la etapa actual también está marcada por un cambio en la política norteamericana respecto a toda América Latina y a Cuba en particular, que ha abierto, aunque el régimen se enquiste, una puerta a la evolución.
Las remesas y el bloqueo se van aligerando y se aprecia como el viento del cambio poco a poco asoma a los malecones inmensos de esa Cuba de los cincuenta años de dictadura.
Raúl Castro en alarde propagandístico se ofrece a la apertura al diálogo con el presidente norteamericano Barack Obama, y renuncia al enfrentamiento dialéctico omnipresente del que hacía gala Fidel Castro, esta característica parece haber sido heredada por Hugo Chávez.
También la política actual de EEUU respecto a América Latina parece ser la antagonista de la del anterior presidente: aceptación de errorres, colaboración y mano tendida, frente a negación y subordinación.
Los cubanos siguen esperando, las remesas, los viajes de sus familiares en Cuba, la apertura, las mejoras sociales y vitales para después, casi sin tregua, pedir libertad. Una libertad que acabe con esta guerra fría caribeña que sobrevivió al muro de Berlín y que ha dado cincuenta años de dolor y pena a los cubanos. Porque en la pirámide de Maslow de los pueblos, tras el panlibertad, la marcha de los dictadores traidores a su pueblo y la llegada del aire refrescante, aunque a veces frustrante, de la democracia.
Parece que EEUU ya descuenta ese escenario y está, simplemente, poniendo las bases para una relación con una nueva Cuba que, en ningún momento, ha dejado de estar en su patio trasero y donde no quiere que las superpotencias, nuevas y existentes, creen, de nuevo, un foco de tensión.
El problema fundamental a afrontar ahora es que sólo un paso aperturista del régimen permitirá que EEUU, la UE y España; se vuelque sobre la isla caribeña.
La velocidad con la que se llegue al cambio tiene también importancia: demasiado lento desesperará aún más a los disidentes, demasiado rápido puede crear tensiones de gobiernos.
A su vez puede dar lugar al descalabro de la toma del poder de la facción más integrista, lo que en España se dio en llamar el bunker y que incluso intentó un golpe de estado folklórico y vergonzante en la primera democracia. Sin duda se avecinan momentos de esperanza y de ilusión.
Imagen(cc): Wikipedia
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Author of this article: John Joseph Kenneth Bonham
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