¿Hacia el final de un ciclo económico mundial?

( 17 Valoraciones ) germán gorraiz lopez

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Obra de la serie 'Globalica' de Wolfgang Wildner
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Análisis de los elementos racionales que han intervenido en la irrupción de la crisis económica global y su posible impacto en las diferentes zonas económicas mundiales.

El fenómeno de la globalización económica ha conseguido que todos los elementos racionales de la economía estén interrelacionados entre sí, debido a la consolidación de los oligopolios, la convergencia tecnológica y los acuerdos tácitos corporativos. Por este motivo, la irrupción de la crisis económica en la aldea global ha provocado la aparición de nuevos retos para gobiernos e instituciones sumidas en el desconcierto y en la incredulidad, retornando lenta pero inexorablemente a ciclos económicos desconocidos desde la II Guerra Mundial.

Las elevadas tasas de paro y la pérdida de poder adquisitivo finiquitarán el consumismo compulsivo

 

Origen de la crisis

La política suicida de las principales entidades bancarias mundiales en la concesión de créditos e hipotecas de alto riesgo aparece como detonante de la crisis de las subprime de EE UU, seguida de la aparición de los activos tóxicos, un goteo incesante de insolvencias bancarias, una severa contracción de los préstamos bancarios y una alarmante falta de liquidez monetaria y de confianza en las instituciones financieras (con un costo estimado de 4,5 Billones de dólares para países como EE UU, Reino Unido y Japón).

Todo ello ha originado la desestabilización económica global y la entrada en recesión de las principales potencias económicas mundiales, dibujándose un escenario a cinco años en el que se podría regresar al proteccionismo económico, con la subsiguiente contracción del comercio mundial y posterior finiquito a la globalización económica.

Economías del primer mundo

Vemos ya la entrada en recesión económica de las economías del primer mundo con estimaciones de crecimientos negativos del PIB hasta el segundo semestre del 2012. También el hundimiento bursátil y consiguiente inanición financiera de las empresas, así como la previsible devaluación de sus monedas para incrementar sus exportaciones.

También se da una brutal contracción del consumo interno y una reestructuración de los sectores automovilístico, financiero, transporte aéreo, inmobiliario, construcción y aseguradoras, con el consiguiente efecto dominó en la cascada de cierres empresariales y con aumentos de la tasa de paro hasta niveles desconocidos desde la II Guerra Mundial.

Con esto asistimos al finiquito del consumismo compulsivo imperante en la pasada década, provocado por las tasas de paro galopantes y la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores debido a los exiguos incrementos salariales, congelación o dramática reducción de los mismos.

Todo ello conlleva una generalización de la precariedad laboral, con salarios mínimos e interinidad vitalicia: implantación de la jornada laboral mínima de 45 horas semanales y retraso de la jubilación a los 65 años, unido al deterioro progresivo de las condiciones laborales.

Por esto no será estraño ver frecuentes estallidos de conflictividad laboral y agudización de la fractura social de los países desarrollados, quedando diluidos los efectos benéficos de las anunciadas medidas sociales por la cruda realidad de la severa crisis económica y obligando a amplias capas de la población a depender de los subsidios sociales, lo que aunado con el incremento de ataques xenófobos por parte de grupos neonazis, podría terminar por desencadenar violentos disturbios raciales.

Además, veremos la implantación de medidas proteccionistas en los países del primer mundo (fomento del consumo de productos nacionales), en forma de ayudas para evitar la deslocalización de empresas; subvenciones a la industria agroalimentaria para la Instauración de la etiqueta BIO a todos sus productos manufacturados; Elevación de los Parámetros de calidad exigidos a los productos manufacturados del exterior e imposición de aranceles a los países no respetuosos con el medio ambiente como forma encubierta de proteccionismo frente a la invasión de productos de países emergentes, con la consecuente contracción del comercio mundial.

Veremos la implantación de medidas proteccionistas en los países del primer mundo

 

Paises emergentes

Estas naciones sufrirán un severo estancamiento de sus economías, con crecimientos anuales del PIB cercanos al 5% después de un decenio espectacular con tasas de crecimiento superiores a los dos dígitos, lo que les impedirá reducir sus niveles de pobreza.

Padecerán una brutal constricción de sus exportaciones y una reducción espectacular de sus superávits debido a la contracción del consumo mundial y al establecimiento por las principales economías mundiales de sistemas económicos proteccionistas, así como la elevación de los parámetros de calidad exigidos por los países del primer mundo. Los países emergentes implantarán leyes laborales y medioambientales más estrictas y China tratará de apreciar su Yuan.


En cualquier caso se asistirá a una inflación desbocada (rozando los dos dígitos) debido a la necesidad imperiosa de importar cantidades ingentes de alimentos para abastecer a sus habitantes ante la alarmante carestía de productos agrícolas básicos para su alimentación (trigo, maíz, mijo, sorgo y arroz).


Amplias zonas industriales quedarán abandonadas, lo que originará éxodos masivos de población urbana a las zonas rurales, obligando a vivir una gran parte de su población por debajo del umbral de la pobreza, siendo previsibles epidemias y episodios de hambruna, un notable incremento de la inestabilidad social y un severo retroceso de las incipientes libertades democráticas.

El hundimiento del precio del crudo debido a la severa contracción de la demanda mundial, aunado con sucesivos recortes de producción por parte de la OPEP y la huida de los brokers especulativos, imposibilitará a los países productores conseguir precios competitivos (rondando los 70$), que permitirían la necesaria inversión en infraestructuras energéticas y búsqueda de nuevas explotaciones. Por todo lo cual no sería descartable un posible estrangulamiento de la producción mundial del crudo a partir del 2020.

Países del Este

Podríamos asistir a la sustitución de la actual Unión Europea por una constelación de países satélites dentro de la órbita de la alianza franco-germana (Eurozona), viéndose obligados el resto de países no integrados en dicha órbita a devaluar sus monedas y retornar a economías autárquicas tras sufrir masivas migraciones interiores.

Asimismo, deberán proceder a la reapertura de abandonadas minas de carbón y obsoletas centrales nucleares para evitar depender energéticamente de una Rusia que, conjugando hábilmente el chantaje energético, la amenaza nuclear disuasoria, la intervención militar quirúrgica y la desestabilización de gobiernos vecinos "non gratos", irá situando bajo su órbita a la mayoría de los países desgajados de la extinta URSS.

La población atrapada en la hambruna podría pasar de los 1.000 millones actuales a los 2.000 millones

 

Países del tercer mundo

Padecerán una inflación desbocada (superando los dos dígitos e incremento espectacular de la Deuda Exterior) debido a la necesidad imperiosa de importar cantidades ingentes de alimentos para abastecer a sus habitantes ante la alarmante carestía de productos agrícolas básicos para su alimentación.

Continuará el estrangulamiento de sus exportaciones y depreciación generalizada de sus monedas a causa de la severa crisis económica global plasmada en la contracción de la demanda mundial de materias, lo que obligará a una gran parte de su población a vivir por debajo del umbral de la pobreza.


Ello, unido al avance inexorable de los desiertos e inusuales desastres naturales, originará éxodos masivos de población, alternándose virulentas epidemias que asolarán buena parte del Tercer Mundo con un crisis alimenticia mundial, cuyas  posibles causas serían la concatenación de factores geopolíticos, el cambio de patrones de consumo de los países emergentes, la debilidad del dólar y el hundimiento de los precios del crudo con el consiguiente desvío de inversiones especulativas a mercados de materias primas.

Todo ello, aunado con el incremento del uso de los biocombustibles, inusuales sequías e inundaciones y la aplicación de restricciones a la exportación de los principales productores mundiales para asegurar su autoabastecimiento conseguirá desabastecer los mercados mundiales y elevar los precios hasta niveles estratosféricos.

Dicha crisis irá "in crescendo" hasta alcanzar su cenit en el horizonte del 2015 y afectará especialmente a las Antillas, América Central, Colombia, Venezuela, India, China, Bangladesh y Sudeste Asiático, ensañándose con especial virulencia con el África Subsahariana y pudiendo pasar la población atrapada en la hambruna de los 1.000 millones actuales a los 2.000 millones estimados por los analistas.

Ilustración(CC): obra de  Wolfgang Wildner

Author of this article: Germán Gorraiz lópez

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