Escrito por Antonio Francisco Martínez Viernes, 16 de Enero de 2009 16:51

El actual debate sobre un nuevo modelo de financiación autonómica no debe ocultar los graves problemas que tienen las haciendas de municipios y ciudades, a la vez que cabe cuestionarse el papel de las Diputaciones Provinciales.
Opinión
El personal, los servicios y los fondos económicos de las diputaciones provinciales deben ser distribuidos entre el resto de administraciones, especialmente los municipios y mancomunidades
El sistema de financiación autonómica lleva muchos años haciendo aguas por todas partes. No es sólo que provoque tensiones políticas y territoriales, sino que, sobretodo, no sirve para solucionar un problema que lastra el desarrollo de nuestra sociedad.
Poner la lupa sobre el problema de las administraciones autonómicas, no puede ocultar que siguen siendo las entidades locales, las ciudades y municipios, grandes víctimas que se ven ahogadas y colapsadas pese a ser los organismos que primero han de dar la cara ante la ciudadanía.
En el actual debate de financiación deberían ponerse todas las cartas sobre la mesa: es imprescindible incidir en los criterios de población y de recaudación, también aumentar el porcentaje que se cede en determinados impuestos, pero no obviar la necesidad de optimizar todos los recursos disponibles.
Por ejemplo: ¿Cómo es posible seguir manteniendo ese "monstruo administrativo" que son las Diputaciones Provinciales? Suponen de facto miles de millones de euros anuales, a la vez que una duplicidad de servicios con la administración periférica del Estado, la administración autonómica, las mancomunidades de municipios y la administración municipal. Tanto su personal como sus servicios y sus fondos económicos pueden y deben ser distribuidos entre el resto de administraciones, mejorando la eficacia y la eficiencia de las maltrechas arcas públicas.
Los municipios seguro que lo van a agradecer.
Poner la lupa sobre el problema de las administraciones autonómicas, no puede ocultar que siguen siendo las entidades locales, las ciudades y municipios, grandes víctimas que se ven ahogadas y colapsadas pese a ser los organismos que primero han de dar la cara ante la ciudadanía.
En el actual debate de financiación deberían ponerse todas las cartas sobre la mesa: es imprescindible incidir en los criterios de población y de recaudación, también aumentar el porcentaje que se cede en determinados impuestos, pero no obviar la necesidad de optimizar todos los recursos disponibles.
Por ejemplo: ¿Cómo es posible seguir manteniendo ese "monstruo administrativo" que son las Diputaciones Provinciales? Suponen de facto miles de millones de euros anuales, a la vez que una duplicidad de servicios con la administración periférica del Estado, la administración autonómica, las mancomunidades de municipios y la administración municipal. Tanto su personal como sus servicios y sus fondos económicos pueden y deben ser distribuidos entre el resto de administraciones, mejorando la eficacia y la eficiencia de las maltrechas arcas públicas.
Los municipios seguro que lo van a agradecer.
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