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El belén del Ángel
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El belén del ÁngelEscrito por Miguel Ángel Martín Aguirre Viernes, 02 de Enero de 2009 16:54
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El nacimiento que Ángel monta todoslos años en una calle de Donosti
El Ángel, un carpintero jubilado, instala su belén en el barrio Amartarra de Donosti. Mantiene su particular cruzada con los gamberros que cada nochevieja se lo destrozan.
Ángel Becerril instala cada año un Belén el la Avenida de Madrid del barrio de Amara de San Sebastián. Una promesa que hiciera por algún mal trago superado, le ha llevado a mantener un particular contienda con la gente, que pasada de los efluvios de la última noche del año, encuentran un divertimento en destrozar las figuras de Becerril.
Jamás los Reyes de este nacimiento han llegado a su
día mágico. Este año, tampoco lo han hecho el niño Jesús, ni San José.
Queda en pie Melchor, decapitado, pero camino al portal, donde María
clama al cielo por la pérdida de su familia
Que yo recuerde, jamás los Reyes de este nacimiento han llegado a su día mágico. Este año, tampoco lo han hecho el niño Jesús, ni San José. Queda en pie Melchor, decapitado, pero camino al portal, donde María clama al cielo por la pérdida de su familia.
No quedan ni pastores, ni ovejas. Un par de pollitos en el techo de su granja, un burro arrastrando un carro sin dueño y dos lavanderas en un estanque semiseco en el que, a duras penas, sobrevive un pececillo naranja de los cinco que hubo al principio.
Por extraño que parezca, este año ha sido el que menos desperfectos ha sufrido este Belén. Ha habido años en los que la estructura sobre la que se sustenta acaba destrozada y desperdigada por la calle.
Ángel pone una pequeña hucha para que todo aquel que lo desee inserte una ayuda económica para las figuras del próximo año. Cada año, nuevas figuras, nuevo nacimiento, pero el mismo tesón. Ángel Becerril no desiste mientras tenga fuerzas para trabajar la madera.
Eguberrion!
No quedan ni pastores, ni ovejas. Un par de pollitos en el techo de su granja, un burro arrastrando un carro sin dueño y dos lavanderas en un estanque semiseco en el que, a duras penas, sobrevive un pececillo naranja de los cinco que hubo al principio.
Por extraño que parezca, este año ha sido el que menos desperfectos ha sufrido este Belén. Ha habido años en los que la estructura sobre la que se sustenta acaba destrozada y desperdigada por la calle.
Ángel pone una pequeña hucha para que todo aquel que lo desee inserte una ayuda económica para las figuras del próximo año. Cada año, nuevas figuras, nuevo nacimiento, pero el mismo tesón. Ángel Becerril no desiste mientras tenga fuerzas para trabajar la madera.
Eguberrion!
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