Escrito por Karina Lilián Bravo Sialer Sábado, 27 de Diciembre de 2008 10:53

Poesía
Yo tenía tantos proyectos/ soñaba con tener tantas cosas/ si a mí me tocara el gordo/ el gordo de la lotería...
Comparto con ustedes esta poesía que fue escrita por Pilar Becerril, una egarense que pone
la pizca de humor en las reuniones para viudas que se realizan en
l'Associació de Veïns de l'Antic Poble de Sant Pere, en la localidad de
Terrassa:

Yo tenía tantos proyectos,
soñaba con tener tantas cosas,
si a mí me tocara el gordo,
el gordo de la lotería.
Yo me compraría una casa,
y después la amueblaría.
Tendría también un jardín,
me compraría tantas cosas,
pero nada de eso tendría,
si a mi, antes no me tocara
el gordo de la lotería.
Yo ya no sabía qué hacer,
pues yo ya no comía,
yo ya no dormía,
yo ya no vivía,
yo solo pensaba
en que me tocara
el gordo de la lotería.
De pronto se me ocurrió
que se lo podía pedir yo
al santo de mi devoción,
y ese santo era
San Antonio de mi corazón.
Yo se lo pedí,
yo le supliqué,
yo le recé una y otra vez
y mis súplicas fueron escuchadas,
porque de la noche a la mañana,
yo ya estaba casada
con un buen hombre que era.
De peso no andaba mal
pues 180 kilos pesaba,
y yo muy agradecida
las gracias sin parar le daba,
por tener por fin a mi gordo
que todos los días me tocaba.
(P. B.)
Obsesión por la lotería

Pilar en el momento de recitar esta poesía
Yo tenía tantos proyectos,
soñaba con tener tantas cosas,
si a mí me tocara el gordo,
el gordo de la lotería.
Yo me compraría una casa,
y después la amueblaría.
Tendría también un jardín,
me compraría tantas cosas,
pero nada de eso tendría,
si a mi, antes no me tocara
el gordo de la lotería.
Yo ya no sabía qué hacer,
pues yo ya no comía,
yo ya no dormía,
yo ya no vivía,
yo solo pensaba
en que me tocara
el gordo de la lotería.
De pronto se me ocurrió
que se lo podía pedir yo
al santo de mi devoción,
y ese santo era
San Antonio de mi corazón.
Yo se lo pedí,
yo le supliqué,
yo le recé una y otra vez
y mis súplicas fueron escuchadas,
porque de la noche a la mañana,
yo ya estaba casada
con un buen hombre que era.
De peso no andaba mal
pues 180 kilos pesaba,
y yo muy agradecida
las gracias sin parar le daba,
por tener por fin a mi gordo
que todos los días me tocaba.
(P. B.)
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