Escrito por Mariluz Barrera González Martes, 11 de Noviembre de 2008 06:44


La muerte en accidente áereo del secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño, el hijo del dueño del Celta de Vigo, ha dado un giro a la historia de México
Se rumoreaba que el secretario regresaría al estado para lanzarse a por la Gobernatura; nunca sabremos si este rumor era cierto. Lo que sí es cierto es que Juan Camilo llegó a ser uno de los políticos más destacados de Campeche y, para pesar de algunos, alcanzó logros que pocos pudieron vislumbrar.
La sensación que ha dejado en la ciudadanía lo ocurrido ha sido de asombro, pero también de incertidumbre y desesperanza, a pesar de que el presidente fue muy contundente en sus palabras al expresar que nada lo doblegará en su lucha por un México mejor. Para los ciudadanos es muy claro y obvio que una situación como la ocurrida indica que las cosas tal vez puedan estar peor.
Recordando a Gandhi: Mantén tus valores positivos, porque tus valores se convertirán en tu destino. Reflexiono sobre el destino que tendrá nuestro país y en sí el mundo entero. He cuestionado siempre el proceder de algunos políticos y autoridades ante su tolerancia y apego a los actos corruptos e indebidos... pero también la actuación de los ciudadanos que soportan y aceptan la corrupción como un estilo de vida, que pareciera es la única opción que tiene el país.
Si nuestros valores son corruptos, ¿qué destino nos espera? Uno no muy bueno, definitivamente. Es un dicho muy común entre la población: Los malos son más que los buenos, ¿ya qué le buscamos?, lo que nos señala de antemano que la lucha está perdida, porque si las esperanzas y las acciones de la población ya no serán para mantener un destino mejor sino para conformarnos a medio vivir, entonces estamos perdidos.
Es cierto que del gobierno y de las autoridades depende en gran medida el
destino de una nación, pero somos los ciudadanos los que decidimos qué
circunstancias queremos vivir como sociedad, de qué leyes exigiremos su
cumplimiento, cuáles son nuestras necesidades y, lo más importante, qué postura
y actuación tendremos ante las situaciones de la vida diaria; de sobra está
repetir que lo viable para remediar las cosas sería que nuestra postura y
actuar fueran de honestidad, justicia y exigencia.
No sé con certeza si los malos son más que los buenos; tampoco sé si la maldad
es lo que ocasiona que mi pueblo pierda la esperanza y el deseo de ser mejor,
conformándose con lo que se da y con lo que sucede; tampoco estoy segura de qué
fue lo que sucedió el martes pasado en el accidente donde cinco funcionarios
perdieron la vida.
De lo que sí estoy plenamente segura es que ya no podemos simplemente soñar y
sentarnos a mirar las noticias en la televisión; es tiempo de asumir que en
nuestras manos está la posibilidad de que este país mejore, nosotros podemos
lograr con un cambio de actitud positivo que el ambiente en el que vivimos sea
mucho mejor que el que ahora tenemos.
La gente está asustada, confieso que yo también, porque si no hay esperanza, si
no hay lucha ni opciones, nuestro destino entonces está ya escrito. Y lo que
sucedió y seguirá sucediendo serán consecuencias que miraremos y aceptaremos
como simples espectadores.
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