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Reportaje
Mientras algunos se decantan por métodos de inocente exhibicionismo,
otros toman medidas más drásticas para satisfacer -gracias la nueva 'Red social'- sus ansias de fama
Recurrentemente hace falta añadir nuevos capítulos a la
historia de la criminología y a los comportamientos psicopáticos.
Obviamente, la irrupción masiva de Internet, inevitablemente, trajo
aparejado el surgimiento de una importante serie de nuevos
comportamientos. Así es como aparecieron los neópatas, jóvenes que se
apoyan en la Red para lograr reconocimiento público. El problema es
cuando son capaces de cometer delitos para conseguir sus pretensiones.
En el futuro todos tendrán sus 15 minutos de fama, vaticinó durante los años 60s el afamado artista Andy Warhol, ironizando pero también jugando un poco a ser profeta de lo que finalmente, de un modo u otro, sucedería eufemísticamente. El músico Momus incluso se atrevió a ir más allá y reversionar la frase del papa del pop: en el futuro todos serán famosos para 15 personas, sentencia más acertada aún y más acorde a los tiempos que corren.
Las TICs (tecnologías de la información y la comunicación) fueron un salto fundamental para que esta generación de jóvenes con claras tendencias narcisistas encontraran el amparo necesario para lograr difusión. Más que nunca aquello de los 15 minutos de fama estuvo tan cerca de ser real. YouTube, MySpace, Facebook, Tuenti. fotologs, blogs. Cualquier red social es buena para comenzar a lograr la fama y el reconocimiento de los pares sin la filosofía del esfuerzo.
Así es como una nueva generación se cierne sobre el planeta. Algunos la llaman la Generación YouTube; otros, prefieren ser un poco más explícitos: Generación Yo, un latiguillo bastante asertivo como para elucubrar una aproximación a la característica principal de comportamiento de muchos adolescentes (y adultos también). Las modalidades que todos adoptan para conseguir satisfacer sus excesos de egocentrismo no son para todos iguales. Mientras algunos se decantan por métodos de inocente exhibicionismo, otros toman medidas más drásticas para satisfacer sus ansias de fama.
Para comenzar a hablar de la inserción criminal dentro de Internet, también hay que hacerlo del perfil primario de este inconveniente: el netópata. Básicamente, la netopatía es una forma de definir a aquellas personas que utilizan la red para expresar su agresividad, tensiones, trastornos neuróticos, trastornos psicóticos, esquizofrenias, delirios o cualquiera otra cuestión que pudiera ser proyectada a través de la red. O sea: personas que no tienen una vida social demasiado rica, que encuentran en el anonimato de la red el medio perfecto para canalizar sus frustraciones.
¿Y cuáles son sus actos habituales y medios disponibles? Todos los que vienen implícitamente ligados a Internet. Seleccionar víctimas para violaciones a través de redes sociales, lo que además les permite hacer un estudio previo de la víctima; emplear esa enorme cadena de televisión global y al alcance de cualquiera que es YouTube para difundir hazañas tales como golpear a un inmigrante, humillar a un compañero de colegio o realizar actos vandálicos en el metro; optan por difamar u ofrecer sexo haciéndose pasar por terceras personas a través de portales de anuncios o foros; cometen delitos informáticos creyendo ser experimentados hackers; lanzan insultos y amenazas de muerte amparados en el pseudo-anonimato que ofrece la red. Así, hasta llegar a anunciar masacres en el mencionado YouTube, que ya ha sido testigo de varios casos de estas características.

Pekka-Eric Auvinen y Cho Seung-hui.
Reportaje
Mientras algunos se decantan por métodos de inocente exhibicionismo,
otros toman medidas más drásticas para satisfacer -gracias la nueva 'Red social'- sus ansias de fama

La nueva web social ofrece un escaparate cada día mayor
En el futuro todos tendrán sus 15 minutos de fama, vaticinó durante los años 60s el afamado artista Andy Warhol, ironizando pero también jugando un poco a ser profeta de lo que finalmente, de un modo u otro, sucedería eufemísticamente. El músico Momus incluso se atrevió a ir más allá y reversionar la frase del papa del pop: en el futuro todos serán famosos para 15 personas, sentencia más acertada aún y más acorde a los tiempos que corren.
Las TICs (tecnologías de la información y la comunicación) fueron un salto fundamental para que esta generación de jóvenes con claras tendencias narcisistas encontraran el amparo necesario para lograr difusión. Más que nunca aquello de los 15 minutos de fama estuvo tan cerca de ser real. YouTube, MySpace, Facebook, Tuenti. fotologs, blogs. Cualquier red social es buena para comenzar a lograr la fama y el reconocimiento de los pares sin la filosofía del esfuerzo.
Así es como una nueva generación se cierne sobre el planeta. Algunos la llaman la Generación YouTube; otros, prefieren ser un poco más explícitos: Generación Yo, un latiguillo bastante asertivo como para elucubrar una aproximación a la característica principal de comportamiento de muchos adolescentes (y adultos también). Las modalidades que todos adoptan para conseguir satisfacer sus excesos de egocentrismo no son para todos iguales. Mientras algunos se decantan por métodos de inocente exhibicionismo, otros toman medidas más drásticas para satisfacer sus ansias de fama.
Para comenzar a hablar de la inserción criminal dentro de Internet, también hay que hacerlo del perfil primario de este inconveniente: el netópata. Básicamente, la netopatía es una forma de definir a aquellas personas que utilizan la red para expresar su agresividad, tensiones, trastornos neuróticos, trastornos psicóticos, esquizofrenias, delirios o cualquiera otra cuestión que pudiera ser proyectada a través de la red. O sea: personas que no tienen una vida social demasiado rica, que encuentran en el anonimato de la red el medio perfecto para canalizar sus frustraciones.
Son personas
que no tienen una vida social demasiado rica, que encuentran en el
anonimato de la Red el medio perfecto para canalizar sus frustraciones
Si esta generación de
neópatas se caracteriza por algo, es por su ausencia de referentes
fuertes
Carácterísticas específicas
Pero los neópatas específicamente son aquellos que, además de encontrarse encuadrados dentro de esta clase de circunstancias, tienen una fuerte tendencia a intentar experimentar la fama a cualquier precio. En ellos vive una extraña dualidad: tienen algo de paranoides y un poco de psicópatas, pero no terminan por definir un comportamiento propio de ninguno de estos trastornos de la personalidad. Buscan la fama a cualquier precio, ya que crecieron dentro de una generación que les impuso cierta visión frívola de la vida. Y así es como terminan tramando actos que de otro modo jamás hubiesen realizado.¿Y cuáles son sus actos habituales y medios disponibles? Todos los que vienen implícitamente ligados a Internet. Seleccionar víctimas para violaciones a través de redes sociales, lo que además les permite hacer un estudio previo de la víctima; emplear esa enorme cadena de televisión global y al alcance de cualquiera que es YouTube para difundir hazañas tales como golpear a un inmigrante, humillar a un compañero de colegio o realizar actos vandálicos en el metro; optan por difamar u ofrecer sexo haciéndose pasar por terceras personas a través de portales de anuncios o foros; cometen delitos informáticos creyendo ser experimentados hackers; lanzan insultos y amenazas de muerte amparados en el pseudo-anonimato que ofrece la red. Así, hasta llegar a anunciar masacres en el mencionado YouTube, que ya ha sido testigo de varios casos de estas características.
Si esta generación de
neópatas se caracteriza por algo, es por su ausencia de referentes
fuertes. Muchos de estos jóvenes también sufrieron en cierto momento
algún tipo de abuso como bullying, problemas familiares, timidez y un
largísimo etcétera pero ninguno tiene un punto de inflexión
determinante. Su peor influencia es que son ególatras prácticamente
desde la cuna. Y con tal de obtener reconocimiento son capaces de
realizar cualquier cosa, incluso delitos.
Si bien coinciden con los psicópatas en un punto importante (el no medir las consecuencias de sus actos),
también tienen una clara diferenciación del perfil más caracterizado de
los mismos: cometen demasiados errores y dejan pistas por el camino
que, tarde o temprano, terminan con su detención. Es, justamente, en su
inmadurez, su inestabilidad y su debilidad donde entran a mostrar lo
peor de sí hacia los demás, en otro descarado intento de autopromoción,
pero olvidándose que los expertos saben detectar con facilidad a quien
emplea la red para realizar actividades delictivas.
Coinciden con los psicópatas
en no medir las consecuencias de sus actos, pero se diferencian en que cometen demasiados errores
que, tarde o temprano, terminan con su detención
Para señalar, los
momentos más paradigmáticos en cuanto a criminalidad de toda esta
generación, hay que remitirse a un puñado de casos que tienen bastantes
rasgos comunes. Hay mucho de imitación, mimetismo, en este tipo de
actitudes. Aquellos jóvenes que buscan reconocimiento no temen en
intentar superar lo que han hecho antecesores suyos. Así es como se ha
desatado una nefasta fiebre post-Columbine que ya ha traído
consecuencias irreversibles en varias partes del mundo. Y todos se han
valido, de una forma u otra, de Internet para exponer sus argumentos.
Uno de los primeros fue
Cho Seung-Hui, el coreano responsable de la masacre de Virginia Tech,
quien ya se había encargado de poner en circulación su aviso previo. Lo
siguió el finlandés Pekka-Eric Auvinen, quien se dio el lujo de
anunciar su matanza un día antes, pasando su video de YouTube
inadvertido para los moderadores de contenidos.
Luego se encargó de repetir el mismo modus operandi otro finés, Matti Juhani Saari. ¿El resultado? Decenas de muertos aquí y allá; y una misma imagen que se repite en los tres asesinatos: un arma apuntando hacia delante, un rostro desencajado y la sensación de que ese mensaje estuvo al alcance de cualquiera, pero nadie fue lo suficientemente sagaz como para detectarlo a tiempo. El fiel reflejo de una juventud confundida, sin valores, y que tiene por delante el nada fácil dilema de lograr la fama a cualquier precio. Aunque, a veces sus métodos no sean los mismos que estipulan las normas básicas de comportamiento en sociedad.
Luego se encargó de repetir el mismo modus operandi otro finés, Matti Juhani Saari. ¿El resultado? Decenas de muertos aquí y allá; y una misma imagen que se repite en los tres asesinatos: un arma apuntando hacia delante, un rostro desencajado y la sensación de que ese mensaje estuvo al alcance de cualquiera, pero nadie fue lo suficientemente sagaz como para detectarlo a tiempo. El fiel reflejo de una juventud confundida, sin valores, y que tiene por delante el nada fácil dilema de lograr la fama a cualquier precio. Aunque, a veces sus métodos no sean los mismos que estipulan las normas básicas de comportamiento en sociedad.
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Author of this article: Carlos Cabezas López
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