Escrito por Mariasun Miquel Miralles Martes, 28 de Octubre de 2008 17:55


Vista de la primera línea de costa de El Campello, en Alicante (P. Llop)
Los constructores alicantinos censuran la edificación en exceso, los precios que el mercado no pudo reequilibrar y la inflamación de las tarifas por la especulación y culpan de ello a ayuntamientos y al Consell

Fotografía
El documento sólo responsabiliza a los ayuntamientos y al Consell, pese
a que los propios constructores han sido los más beneficiados durante
estos últimos años con la masiva urbanización
Siempre es más fácil señalar con el dedo que entonar el mea culpa, y
aún así ni políticos ni promotores podrán purificar con lágrimas el
panorama geográfico que atesoran
Como siempre, los promotores, se lavan las manos.Siempre se ha escuchado de la mano de Greenpace, pero hace unos días fueron los propios promotores los que denunciaron la situación del urbanismo en la provincia de Alicante. El presidente de la Cámara de Comercio, Antonio Fernández, y la consellera de Turismo, Angélica Such, presentaron el informe sobre las primeras jornadas empresariales del turismo en la Costa Blanca , que habla de un caos urbanístico.
El documento sólo responsabiliza a los ayuntamientos y al Consell, pese a que los propios constructores han sido los más beneficiados durante estos últimos años con la masiva urbanización.La masificación al por mayor en las zonas costeras o la construcción de urbanizaciones dispersas, incluso a modo de gueto, no había resultado un problema hasta ahora. Los promotores observaban cada vez con más optimismo la explosión de la industria del ladrillo y los políticos realizaban curiosas recalificaciones como en una vuelta de tuerca.
El crecimiento demográfico y la demanda turística agolpaban los argumentos de los constructores. Pero se ha acabado, desde que la crisis cortase el grifo de las hipotecas y la liquidez quedase en las dependencias del pasado.El informe de los promotores podría sustituir a la caja de Pandora. Sólo que los males ya no tienen remedio. La falta de planificación en la construcción de los campos de golf sin oferta hotelera asociada en Pilar de la Horadada o la especialización excesiva de algunos municipios destacan entre las denuncias del trabajo, que critica además la actitud que tuvieron durante el boom urbanístico los ayuntamientos alicantinos.
Pero en ningún momento censura la firma de contratos de los promotores, que desconocen la objeción de conciencia, y no las viandas y tributos que sus políticas multiplicaban.Censuran la edificación en exceso, los precios que el mercado no pudo reequilibrar y la inflamación de las tarifas por la especulación. Y entre las idas y venidas del discurso, lamentan ahora que la crisis haya dejado una larga lista de parados en el sector de la construcción. Pero no alzaban la voz cuando les sonaban los bolsillos y los puntos negros del litoral valenciano crecían en la costa.
Ni siquiera cuando Torrevieja rozaba la corrupción evidente y se violaban terrenos protegidos por la Ley de Costa. Siempre es más fácil señalar con el dedo que entonar el mea culpa, y aún así ni políticos ni promotores podrán purificar con lágrimas el panorama geográfico que atesoran.
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Author of this article: Mariasun Miquel Miralles
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