A veces sueño con Seattle

( 11 Valoraciones ) Alicia Mora Barrera

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Uno delos muchos actos reivindicativos en Seattle'99

Me gusta soñar con el principio de un resurgimiento que parece en grave retroceso: la reivindicación de que las cosas pueden ser cambiadas en esta época de despropósitos, crisis financieras, hambre y miseria global, destrucción del medio ambiente.

Opinión

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Cartel de la película
Qué tiempos aquellos de consignas, de manifestaciones estudiantiles y de Seattles del 99. A veces me gusta soñar con Seattle, movilizaciones organizadas bajo la pancarta de que otro mundo es posible, lleno de gente idealista despierta y capaz de protestar pacíficamente y lograr que paralicen el curso de reuniones de peces gordos como el FMI, Banco Mundial, etc.

Me ha dejado un regusto al pasado, triste, como si contemplara una película de época digna de ser relatadas a generaciones venideras. ¿Dónde ha quedado el espíritu deSeattle?
(...) Como si esas torres gemelas hubieran destruido con su caída hacia la nada más absoluta, gran parte de la contestación al modelo del pensamiento único

Me gusta soñar con el principio de un resurgimiento que parece en grave retroceso: la reivindicación de que las cosas pueden ser cambiadas en esta época de despropósitos, crisis financieras, hambre y miseria global, destrucción del medio ambiente. La cinta narra los cinco días que hicieron tambalear el mundo en 1999, cuando decenas de miles de manifestantes tomaron por asalto la calle en protesta contra la Organización Mundial del Comercio (OMC). La película me hizo recordar la consignas de mayo del 68 que gritaban mis hermanas:

'Seamos realistas, pidamos lo imposible': “La verdadera utopía es la creencia de que el sistema mundial actual puede reproducirse de forma indefinida; la única forma de ser verdaderamente realistas es prever lo que, en las coordenadas de este sistema, no tiene más remedio que parecer imposible”.

Me ha dejado un regusto al pasado, triste, como si contemplara una película de época digna de ser relatadas a generaciones venideras. ¿Dónde ha quedado el espíritu de Seattle? ¿Dónde esa policromía soberbia de movilizaciones: sindicatos, afiliados, ecologistas, organizaciones no gubernamentales, críticas, pero 'subvencionadas por los gobiernos'; grupos antimilitaristas, anticapitalistas, anarquistas, asociaciones indigenistas, intelectuales progresistas, radicales, izquierdistas, activismos no organizados pero comprometidos con grupos locales activos.

Si Seattle es el referente del alza del llamado movimiento antiglobalización, el atentado terrorista de Nueva York marca, como para otros tantos procesos, un punto de inflexión, como si esas torres gemelas hubieran destruido con su caída hacia la nada más absoluta, gran parte de la contestación al modelo del pensamiento único.

El efecto Seattle se sucede en cascada en respuesta a reuniones de Naciones Unidas: Bangkok II; Banco Mundial y FMI (Washington IV, 2000) con cerca de 30.000 manifestantes; Banco Mundial y FMI (Praga IX-2000); Foro de Davos (Suiza) con réplica en Brasil, Porto Alegre, mediante el Foro Social (I-2001); Gottemburgo (VI-2001); Banco Mundial (Barcelona VI-2001) suspendida en directo y realizada por multiconferencia ante el temor a manifestaciones, que efectivamente, se realizaron; Foro de Economía Mundial (Salzburgo VII-2001); Génova (VII-2001), con más de 150.000 manifestantes y la muerte, por disparos de un joven manifestante: Carlo Giuliani.

Las sucesivas citas de los organismos internacionales, contraprogramadas por el movimiento antiglobalización, han realizado sus reuniones en zonas de exclusión para protegerse y bajo el control en las fronteras para no ser molestados.

Algunas reivindicaciones de Seattle quedan difuminadas por otras historias en la película. Recordemos las clásicas: abolición de la deuda externa, reclamación de un comercio justo, control y fiscalidad para los capitales en la línea de la Tasa Tobin, línea defendida por la asociación ATTAC; rechazo al trabajo infantil propiciado indirectamente por las multinacionales; oposición a los gastos militares, presentación de la OMC y otras organizaciones internacionales como instituciones de interés de los países poderosos, ajenas a los efectos sociales de sus decisiones.

Y es precisamente cuando los atentados del 11-S de Nueva York en el 2001 y la posterior reacción de EE.UU. con la guerra de Afganistán, auspiciada por la ONU y el ambiente de pánico ante los atentados terroristas, generan una nueva actitud de la opinión pública.

Quizás quede tiempo para un nuevo resurgir en los movimientos, quizás quede tiempo para reescribir el espíritu de lucha. De gestar una unidad organizativa con un horizonte afín. Los ideólogos clásicos como el líder francés José Bové, acreditado por su presencia en los foros y por sus acciones contra multinacionales como Mc Donald´s o plantaciones de productos transgénicos, hasta intelectuales, activista a su manera, Noam Chomsky (La aldea global), Premio Nobel de la Paz 2006 por su lucha para lograr una economía justa: Muhammad Yunus (microcréditos), Noami Kleim (No logo. El poder de las masas)….siguen sumándose al posible cambio social.

Quizás también es el tiempo para las infraclases, los excluidos, aquellos que se encuentren en las peores situaciones económicas y sociales porque nada tienen y nada pueden perder. Que de forma casi desesperada comiencen una nueva etapa donde la voz del hambre comience a escucharse y dejemos de soñar que un día en Seattle se quiso cambiar el rumbo de la codicia negociada por los más poderosos de nuestro planeta.

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Author of this article: Alicia Mora Barrera

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