Escrito por Miguel Benavent de B. Puig Domingo, 05 de Octubre de 2008 05:56

Foto que ilustra 'The empire of Debt' (Steph Goralnick)
Análisis
Ganar o recobrar la confianza de la opinión pública es el primer paso necesario para solucionar cualquier crisis
El autor propone un 'utópico' -como él mismo define- 'Comité de Crisis' único con todas las partes implicadas a nivel de España o internacional, según el ámbito que tratemos, que reúna a empresarios, sindicatos, otras organizaciones sociales, patronales, organizaciones de consumidores, medios de comunicación, etc. para tratar de consensuar su actitud y sus mensajes ante la opinión pública.Cuando más se habla de ella, más
grande y profunda se hace una crisis. No me gustaría añadir mi grano de
arena para lograrlo, sino dar mi modesta opinión sobre ella desde el
punto de vista de un ciudadano que ha tenido el dudoso privilegio
-desde hace más de 20 años- de trabajar como Consultor de Comunicación,
trabajando para diferentes empresas e instituciones nacionales e
internacionales, lo que en más de una ocasión ha significado conocer
los entresijos del sistema y, cuando no, ser una herramienta para
ocultar, camuflar y/o convencer de ciertas y oscuras maniobras típicas
de nuestro sistema, algo maquiavélico y, la mayoría de las veces,
perverso e insolidario.
En esta crisis ya se ha publicado información de sus posibles orígenes y de sus muchas consecuencias. El tema de las subprimes, el alza del coste del petróleo como única fuente de energía que sostiene el aparato productivo -y que genera y mantiene conflictos bélicos-, el consiguiente aumento de precio de los productos de consumo, el paulatino empobrecimiento de la clase media y baja, la ineficacia de los políticos y de las organizaciones internacionales o de la caída de los grandes bancos de inversión de EE UU han supuesto un buen comienzo y solo está empezando.
El resto, las consecuencias de todo ello, puestas de relieve en un mundo cada día más globalizado, pero a la vez interdependiente, aún está por ver. En muchos sentidos, el simple resquebrajamiento del sistema actual financiero ante un depauperado y arcaico sistema productivo. Hoy ya no creamos riqueza fabricando o transformando productos de primera necesidad, que hemos cedido gustosamente a países en vías de desarrollo para bajar los costes y ser más competitivos y, a la vez, detener los costes energéticos a pesar de que incumplen las demagógicas (por ser un argumento solo político) pautas de disminución del deterioro medioambiental en nuestra Tierra.
Además hemos de añadir nuestra autocomplacencia y poca ética a la hora de tratar la problemática cada día más creciente, descontrolada y peligrosa del Tercer Mundo, siendo incluso capaces de utilizarlo argumentalmente como muestra de nuestro altruismo. Ni que decir tiene que el fruto de este altruismo sigue siendo su explotación, su paulatino empobrecimiento y, como consecuencia inmediata, su aniquilación a través de la hambruna, los conflictos internos -étnicos o religiosos- y las enfermedades y epidemias. Y es que su crecimiento demográfico desaforado, la ruptura de sus límites geográficos a través de la emigración auspiciada en muchos casos por sus propios gobernantes- y la enajenación de sus recursos naturales en manos de multinacionales del Primer Mundo, hacen de éste mundo nuestro un polvorín.
Supongo que tras todo ello está el excesivo cortoplacismo de un Sistema en manos del poder financiero ávido de rentabilidad a corto plazo y la irresponsabilidad de políticos, empresarios e instituciones tomando medidas negligentes, cuando no parciales y dominadas por intereses particulares, que han traído consigo un oscuro panorama mundial que, como no podía ser de otra manera, invitan al pesimismo y, como consecuencia, a la contracción del consumo privado y de la confianza. El miedo desembarca entre nosotros y sacude dónde duele a la población. Su bolsillo y su bienestar personal.
También están las empresas privadas, que aprovechan la coyuntura inestable para realizar reducciones de estructura gracias a la mayor tolerancia de los gobiernos en esta situación de caos económico; el reparto de la industria petrolera de Irak entre empresas norteamericanas sin ningún pudor; los bancos centrales intentando desesperadamente controlar el consumo; las grandes empresas promotoras inmobiliarias que, tras años de enriquecimiento desmesurado, acuden al Estado para enjuagar las perdidas resultantes de la necesaria corrección del mercado inmobiliario; la organización de los JJ OO -símbolo hasta ahora del deporte puro y de sus valores humanos- dando protagonismo y beneficios a un país que denigra los Derechos Humanos, solo porque es un inmenso y virgen mercado de próximo crecimiento, etc. Una fatídica imagen.
La crisis actual
Estamos sumergidos en una crisis. No pretendo ser apocalíptico ni agorero cuando afirmo que esta crisis tiene algo de nuevo y de irreversible. Podría afirmarse que se trata de una crisis estructural y coyuntural global de un Sistema que se debate entre la muerte y el cambio. Si algo bueno tiene el Sistema económico y social en Occidente es su capacidad de ser autocrítico o, como mínimo, dejar en evidencia sus propias carencias y errores aunque después el propio Sistema fagocita y disuelve toda duda o posible rebelión con el paso del tiempo, a fuerza de grupos de presión que dominan los medios de comunicación de masas.En esta crisis ya se ha publicado información de sus posibles orígenes y de sus muchas consecuencias. El tema de las subprimes, el alza del coste del petróleo como única fuente de energía que sostiene el aparato productivo -y que genera y mantiene conflictos bélicos-, el consiguiente aumento de precio de los productos de consumo, el paulatino empobrecimiento de la clase media y baja, la ineficacia de los políticos y de las organizaciones internacionales o de la caída de los grandes bancos de inversión de EE UU han supuesto un buen comienzo y solo está empezando.
El resto, las consecuencias de todo ello, puestas de relieve en un mundo cada día más globalizado, pero a la vez interdependiente, aún está por ver. En muchos sentidos, el simple resquebrajamiento del sistema actual financiero ante un depauperado y arcaico sistema productivo. Hoy ya no creamos riqueza fabricando o transformando productos de primera necesidad, que hemos cedido gustosamente a países en vías de desarrollo para bajar los costes y ser más competitivos y, a la vez, detener los costes energéticos a pesar de que incumplen las demagógicas (por ser un argumento solo político) pautas de disminución del deterioro medioambiental en nuestra Tierra.
Qué hay detrás
Detrás de esos factores que han producido la crisis está la inoperancia del propio Sistema ante el decrecimiento del consumo que es quien lo perpetúa sin otras bases más sólidas; la ineficacia de la clase política que utiliza las situaciones como éstas para batirse con sus adversarios, y la incapacidad del Sistema para autorregularse ante la corrupción o las prácticas poco éticas en pos de un sistema excesivamente liberal, basado en su propio enaltecimiento y enriquecimiento sin límites...a costa del real progreso humano y del respeto al entorno natural.Además hemos de añadir nuestra autocomplacencia y poca ética a la hora de tratar la problemática cada día más creciente, descontrolada y peligrosa del Tercer Mundo, siendo incluso capaces de utilizarlo argumentalmente como muestra de nuestro altruismo. Ni que decir tiene que el fruto de este altruismo sigue siendo su explotación, su paulatino empobrecimiento y, como consecuencia inmediata, su aniquilación a través de la hambruna, los conflictos internos -étnicos o religiosos- y las enfermedades y epidemias. Y es que su crecimiento demográfico desaforado, la ruptura de sus límites geográficos a través de la emigración auspiciada en muchos casos por sus propios gobernantes- y la enajenación de sus recursos naturales en manos de multinacionales del Primer Mundo, hacen de éste mundo nuestro un polvorín.
Supongo que tras todo ello está el excesivo cortoplacismo de un Sistema en manos del poder financiero ávido de rentabilidad a corto plazo y la irresponsabilidad de políticos, empresarios e instituciones tomando medidas negligentes, cuando no parciales y dominadas por intereses particulares, que han traído consigo un oscuro panorama mundial que, como no podía ser de otra manera, invitan al pesimismo y, como consecuencia, a la contracción del consumo privado y de la confianza. El miedo desembarca entre nosotros y sacude dónde duele a la población. Su bolsillo y su bienestar personal.
Una mirada rápida al entorno
Un rápido retrato de nuestro mundo actual. Conflictos bélicos más o menos públicos y justificados con argumentos tendenciosos y falsos; un sistema bursátil frágil y volátil; el presidente de EE UU solicitando al Congreso una partida presupuestaria para evitar la caída de unas entidades financieras en crisis por su descontrol lucrativo y exceso de ambición; el ministro Solbes afirmando ante los medios la envidiable estabilidad de las entidades financieras españolas ante esta crisis mundial; los líderes políticos europeos lanzando mensajes positivos sobre una crisis global en la que se desconocen las causas y, lo que es peor, sus efectos y duración.También están las empresas privadas, que aprovechan la coyuntura inestable para realizar reducciones de estructura gracias a la mayor tolerancia de los gobiernos en esta situación de caos económico; el reparto de la industria petrolera de Irak entre empresas norteamericanas sin ningún pudor; los bancos centrales intentando desesperadamente controlar el consumo; las grandes empresas promotoras inmobiliarias que, tras años de enriquecimiento desmesurado, acuden al Estado para enjuagar las perdidas resultantes de la necesaria corrección del mercado inmobiliario; la organización de los JJ OO -símbolo hasta ahora del deporte puro y de sus valores humanos- dando protagonismo y beneficios a un país que denigra los Derechos Humanos, solo porque es un inmenso y virgen mercado de próximo crecimiento, etc. Una fatídica imagen.
La percepción de la crisis
Como suelo decir, una cosa es la crisis y otra bien distinta es la percepción de ésta. Y los efectos y duración dependen de laJPAGE_CURRENT_OF_TOTAL Todas
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Author of this article: Miguel Benavent de B. Puig
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