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¿Compramos Obama?
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¿Compramos Obama?Escrito por Alejandro Feijóo Viagas Jueves, 18 de Septiembre de 2008 07:45


Barack Obama se dirije a sus seguidores
La meteórica ascensión del "fenómeno" Obama parece limar cualquier acercamiento crítico al candidato demócrata. Al igual que con el resto de productos, cuando compramos Obama conviene pedir el ticket.
Opinión
Como todo el mundo sabe, Barack Obama es un hombre de color. Como todo el mundo sabe, tiene al menos la mitad de posibilidades de convertirse en el próximo presidente de Estados Unidos. Su irrupción en la escena política y su vertiginoso ascenso han hecho posible que se le aplique el mote de "fenómeno".
Hasta aquí, lo indubitable. A partir de aquí nos encontramos con el voluntarismo de la ciudadanía europea, que ha alzado a la categoría de mito a un político prácticamente inédito, al igual que se hace con aquellos cantantes que con solo un disco en el mercado consiguen arrancar aullidos de euforia en la audiencia. Sin embargo, los bienpensantes europeos, ¿conocemos a fondo el repertorio de Obama?
La historia moderna de los Estados Unidos, desde la Segunda Guerra Mundial, nos ofrece una paleta casi inagotable de actos de guerra. Tenemos donde elegir: desde Corea y Vietnam hasta Irak y Afganistán, pasando por El Salvador, Panamá o Belgrado, el rostro del imperio que conocemos en el resto del mundo admite pocos matices. Y ninguno de ellos está vinculado a que el inquilino de la Casa Blanca sea Demócrata o Republicano.
En este contexto, y con la lanza nuclear de Irán marcada en rojo en la agenda, Obama parece beneficiarse de la herencia bushista que arrastra el tándem McCain-Pallin. Sin embargo, ¿qué datos objetivos hay que hagan pensar que el candidato demócrata fundirá el hierro de los misiles para construir hospitales o escuelas públicas? ¿Tan mal nos ha ido saliendo a la calle contra la guerra de Irak que ahora necesitamos construir ilusiones mirando a Washington? ¿O será que desde el viejo continente compramos Obama con el mismo rigor intelectual con el que compramos la PlayStation?
Acaso la opinión pública europea debería aplicarse el mismo principio que exigimos a los estadounidenses y no mirar el mundo desde nuestra óptica de señora acomodada. No olvidemos que doscientas mil personas aclamando al "fenómeno" Obama en la puerta de Brandenburgo no cambiarán el voto de un solo granjero de Kentucky.
¿Qué datos objetivos hay que hagan pensar que el candidato demócrata
fundirá el hierro de los misiles para construir hospitales o escuelas
públicas?
Hasta aquí, lo indubitable. A partir de aquí nos encontramos con el voluntarismo de la ciudadanía europea, que ha alzado a la categoría de mito a un político prácticamente inédito, al igual que se hace con aquellos cantantes que con solo un disco en el mercado consiguen arrancar aullidos de euforia en la audiencia. Sin embargo, los bienpensantes europeos, ¿conocemos a fondo el repertorio de Obama?
La historia moderna de los Estados Unidos, desde la Segunda Guerra Mundial, nos ofrece una paleta casi inagotable de actos de guerra. Tenemos donde elegir: desde Corea y Vietnam hasta Irak y Afganistán, pasando por El Salvador, Panamá o Belgrado, el rostro del imperio que conocemos en el resto del mundo admite pocos matices. Y ninguno de ellos está vinculado a que el inquilino de la Casa Blanca sea Demócrata o Republicano.
En este contexto, y con la lanza nuclear de Irán marcada en rojo en la agenda, Obama parece beneficiarse de la herencia bushista que arrastra el tándem McCain-Pallin. Sin embargo, ¿qué datos objetivos hay que hagan pensar que el candidato demócrata fundirá el hierro de los misiles para construir hospitales o escuelas públicas? ¿Tan mal nos ha ido saliendo a la calle contra la guerra de Irak que ahora necesitamos construir ilusiones mirando a Washington? ¿O será que desde el viejo continente compramos Obama con el mismo rigor intelectual con el que compramos la PlayStation?
Acaso la opinión pública europea debería aplicarse el mismo principio que exigimos a los estadounidenses y no mirar el mundo desde nuestra óptica de señora acomodada. No olvidemos que doscientas mil personas aclamando al "fenómeno" Obama en la puerta de Brandenburgo no cambiarán el voto de un solo granjero de Kentucky.
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