Nodo libre
DignidadEscrito por Alfonso Ramírez de Arellano Miércoles, 03 de Septiembre de 2008 09:54


Desde un punto de vista laico, la dignidad es el valor al que
hay que subordinar todos los demás
Opinión
¿Hay algún vector que atraviese las políticas, los países, las divisiones este/oeste y norte/sur? Creemos que sí, varios. Uno de ellos es la educación en su sentido más básico y fundamental que implica también la socialización o, lo que es lo mismo, la adquisición de la capacidad de vivir en comunidad, que es la única forma de existencia de la especie humana.
¿Podemos afirmar algo que sea útil o significativo para todo
el género humano desde la educación? También creemos que sí. Hay algunos
valores universales en los que se puede y se debe educar a todos los niños y
niñas, a todas las generaciones sean de donde sean. Valores que excluyen el
sometimiento (activo o pasivo), la violencia, el abuso de poder y muchas otras
infamias. Y, para no pecar de idealista, llegado el momento, también enseñan a
morir con dignidad.
¿Cuáles son estos valores? El primero de todos es en el que
se basa la declaración de derechos humanos: la dignidad.
La dignidad es el pilar básico del resto de los valores
humanos. La dignidad afirma el valor de cada ser humano por el mismo hecho de
serlo. Como esas familias nobles que saben inculcar a sus miembros la
importancia de pertenecer a ellas, de ser quien se es por nacimiento, nosotros,
la gran familia humana, debemos transmitir a todos nuestros miembros,
particularmente a los niños, el orgullo de formar parte del género humano.
La dignidad también está en la base de la autoestima, de la
que tanto se habla últimamente. Detrás de muchas situaciones de sometimiento o
indefensión en las que se encuentran inmersas demasiadas personas hay una
merma, lógica, de autoestima, que hace aún más difícil su superación.
Pero no
debemos confundir los efectos temporales sobre el estado de ánimo de la llamada
autoestima con la dignidad. La dignidad es más básica. Apoyándose en ella, a
veces sólo en ella, se pueden reconstruir vidas rotas (por accidentes, guerras,
desastres naturales) en las que hablar de autoestima parecería fuera de lugar.
También por ella los individuos y los pueblos son capaces de plantar cara a las
injusticias asumiendo riesgos extraordinarios.
Educar en la dignidad significa fortalecernos contra las
situaciones de sometimiento, de dependencia patológica, de indefensión
aprendida, etc., vacunarnos contra la cobardía y la subordinación ante la
injusticia.
El sentimiento de dignidad implica un valor supremo que no
sólo hay que mantener durante toda la vida (y hasta frente a la muerte), sino
también la obligación de cultivarlo, de acrecentarlo, de transmitirlo a los
demás y a las generaciones venideras.
Sólo sobre su base puede construirse un
auténtico sentimiento de respeto por los demás. Sólo desde el respeto a uno
mismo y a los demás es posible desarrollar un vínculo de solidaridad. Todos los
valores humanos implicados en el dar y el recibir (generosidad, agradecimiento,
compartir, aceptar, ofrecer, etc.) también dependen de la propia dignidad en el
sentido de considerar valioso lo que damos de nosotros mismos y recibimos de
los demás.
"Eres una persona única, eres una persona valiosa,
eres insustituible, eres una persona digna de respeto", es algo que
todos los padres deberían decir a sus hijos, algo que deberían hacer cumplir en
su familia, en su entorno inmediato y en su comunidad. Con esto último, con el
ejemplo, les mostrarían también a los hijos la importancia de la defensa activa
de la dignidad.
Desde un punto de vista laico, la dignidad es el valor al que
hay que subordinar todos los demás. Ni siquiera el amor o la amistad son
concebibles sin el respeto por la dignidad de uno mismo y del otro, hasta esos
nobles sentimientos, sin respeto por la dignidad, se pueden convertir en
vínculos de dependencia o de sometimiento. Porque la consciencia de la propia
dignidad también es básica para alcanzar la autonomía personal, y sin autonomía
no hay libertad.
Defender los derechos humanos implica luchar por la dignidad
de todos los seres humanos, defenderla de todos los ataques sean éstos económicos,
políticos, militares, sociales
físicos o psicológicos. Profundizar en la
dignidad humana implica un camino de conocimiento y de valor que excluye las
actitudes acomodaticias y cobardes.
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