Escrito por Pau Llop Franch Martes, 20 de Mayo de 2008 17:44

Crónica

Las tres primeras plantas del CEP Pontones lucen varios carteles como este

Médicos de las tres primeras plantas, aún públicas, protestan contra la privatización
Hoy, lo he comprobado visitando el Centro de Especialidades Público (CEP) de Pontones, en Madrid capital, adonde los médicos de familia derivan a pacientes de toda la ciudad que requieren medicina especializada. Este centro es un vivo ejemplo de cómo la empresa privada ya está dentro de la sanidad pública.

Un paciente lee las informaciones sobre la privatización en la segunda planta
Como comprobé al llegar al centro, la planta donde este médico pasa consulta, la cuarta, no tiene nada que ver con las tres primeras. Todo es nuevo. De las paredes cuelgan pantallas de plasma. Jóvenes ataviados con batas con el logo de Capio Sanidad rondan por los pasillos con una sonrisa de vendedor de centro comercial. Capio es una empresa privada que factura 1.400 millones de euros anuales en nueve países y es propiedad del fondo de capital-riesgo norteamericano Apax Partners. Cuando le pregunto a uno de ellos por qué no me atiende el doctor cuando he venido antes a petición suya, lo único que sabe darme es una falsa sonrisa.
Tras media hora de espera, me atiende el doctor, que ante mis quejas me dice que miento, que no he esperado tanto. "Venga vamos, que me esperan en la Universidad". Me examina exactamente durante 22 segundos (los cuento).
Capio es una empresa privada que factura 1.400 millones de euros anuales en nueve países y es propiedad del fondo de capital-riesgo norteamericano Apax Partners
La empresa no gana nada si un paciente ocupa 15 minutos del tiempo de
un médico. Pierde pacientes. En cambio, gana mucho si los deriva rápido
a otros servicios de su misma empresa, como han hecho conmigo
Pese a mi angustia, no me aclara nada sobre mi dolencia y enseguida me extiende un volante para una ecografía en la Fundación Jiménez Díaz (también perteneciente a Capio Sanidad). Y me despacha hacia el mostrador donde, tras darme turno un joven vestido de chaqueta y corbata, espero tres cuartos de hora a que me den cita para dentro de 20 días en dicha fundación privada, que factura a la Sanidad Pública madrileña por cada ecografía que sus médicos endosan en esta planta del CEP Pontones.
Estos especialistas, como casi cualquier empleado de empresa privada, están instruidos para trabajar por objetivos, no por horas. La empresa no gana nada si un paciente ocupa 15 minutos del tiempo de un médico. Pierde pacientes. En cambio, gana mucho si los deriva rápido a otros servicios de su misma empresa, como han hecho conmigo. Cuando me dan el volante para ello bajo por las escaleras. El contraste de la cuarta planta con las otras tres es brutal. Las tres primeras parecen semiabandonadas, sin gente, con la pintura vieja; sin teles de plasma.
Cuando llego a la calle me encuentro que los médicos del Servicio Madrileño de Sanidad (Sermas) protestan en la calle (ver fotos y vídeo) contra la privatización. De hecho, todas las plantas menos la cuarta están repletas de folletos denunciando estos hechos. Lo comento con una médico especialista: "Claro, ahora lo ponen así para que los pacientes vean el contraste y piensen que lo privado es mucho mejor, quieren que se sientan como si fueran a la peluquería en lugar de a ver a un especialista que te puede tener que diagnosticar un cáncer".
El cáncer ha comenzado ya en la cuarta planta y amenaza metástasis. Y parece que será rápido y mortal. La víctima, un logro de la democracia: la sanidad pública. Hasta hace poco, una de las mejores del mundo .
![]() Todas las plantas excepto la cuerta registran muy poca actividad | ![]() Los médicos se manifiestan diariamente a la puerta del centro |
![]() Los facultativos del Sermas claman contra la privatización |
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