Escrito por John Joseph Kenneth Bonham Viernes, 11 de Abril de 2008 10:34

Análisis

La inflación ronda el 100.000% anual en Zimbabwe
Cantaba Bob Marley Africans are liberated
cuando Rhodesia del sur quería dejar
de ser la tierra colonial británica y comenzar a ser Zimbabwe. De aquella
sociedad colonial con la tierra en manos de granjeros blancos, el 70%, se pasó, por medio de la revolución post-independencia,
a un reparto a los campesinos y a un gobierno de africanos de color.
Sin
embargo la realidad después fue otra, de la élite blanca de granjeros en el poder se
ha llegado a una elite de cercanos al poder de Robert
Mugabe y su partido, el ZANU que gobierna desde entonces, y ya van veintiocho años. Las granjas productivas
y ricas han acabado en manos de personas que desconocen de su explotación y que
viven de la venta ilegal del combustible del estado al que tienen derecho.
Todo ello conforma a Zimbabwe como uno de los países más corruptos del mundo y con más perspectivas de salida violenta si la comunidad internacional no toma acción. Este es un pequeño drama de una descolonización que solo ha dejado de ser la tierra para el que la trabaje a la tierra no se trabaja.
Las elecciones, a la búlgara, han dado el poder a Mugabe desde la independencia, 1980, pero en la primera vuelta de los comicios del 31 de marzo, la población retiró la confianza al viejo líder. Esto, en un país donde Mugabe controla la democracia y los medios, el fraude es algo más que la típica paranoia de perdedores.
La población le ha dado la espalda y el aparato del Gobierno no puede controlarlo aunque intenta reconstruir su mayoría en una segunda vuelta electoral que suena a fraude cantado. También suenan los sables y hay un cierto sentimiento de que Mugabe pueda provocar un pustch que le eternice aún más en el poder.
Sólo si los gobiernos occidentales intervienen será posible que un nuevo gobierno, del vencedor Movimiento para el cambio democrático de Morgan Tsvangirai, intente relanzar la mala economía, que el dictador siempre ha supeditado a las casi inexistentes presiones y bloqueos, para que la descolonización, aquella que debió ser, lo sea de de verdad y dé a Zimbabwe un futuro de prosperidad, bonanza y progreso en democracia.

Morgan Tsvangirai, el opositor y supuesto vencedor electoral
Hiperinflación
Zimbabwe, una tierra rica y provechosa, es ahora un país donde la producción agrícola, máxima riqueza de la nación, se ha hundido y la economía con ella. De hecho, ha colapsado de tal manera que la inflación, mayor al 100.000% anual, se come el sueldo de los asalariados. El paro se ha disparado empujado por la falta de actividad agrícola, la mayoría prefiere no trabajar a realizar un trabajo que no le dará de comer; y la sanidad, casi eliminada, hace del SIDA una pandemia bíblica y, además, con el hambre haciendo estragos.Todo ello conforma a Zimbabwe como uno de los países más corruptos del mundo y con más perspectivas de salida violenta si la comunidad internacional no toma acción. Este es un pequeño drama de una descolonización que solo ha dejado de ser la tierra para el que la trabaje a la tierra no se trabaja.
Sólo si los gobiernos occidentales intervienen será posible
que un nuevo gobierno, del vencedor Movimiento
para el cambio democrático de Morgan Tsvangirai,
intente relanzar la mala economía
Las elecciones, a la búlgara, han dado el poder a Mugabe desde la independencia, 1980, pero en la primera vuelta de los comicios del 31 de marzo, la población retiró la confianza al viejo líder. Esto, en un país donde Mugabe controla la democracia y los medios, el fraude es algo más que la típica paranoia de perdedores.
La población le ha dado la espalda y el aparato del Gobierno no puede controlarlo aunque intenta reconstruir su mayoría en una segunda vuelta electoral que suena a fraude cantado. También suenan los sables y hay un cierto sentimiento de que Mugabe pueda provocar un pustch que le eternice aún más en el poder.
Sólo si los gobiernos occidentales intervienen será posible que un nuevo gobierno, del vencedor Movimiento para el cambio democrático de Morgan Tsvangirai, intente relanzar la mala economía, que el dictador siempre ha supeditado a las casi inexistentes presiones y bloqueos, para que la descolonización, aquella que debió ser, lo sea de de verdad y dé a Zimbabwe un futuro de prosperidad, bonanza y progreso en democracia.
No es del todo
claro que los intereses no permitan que el régimen siga en pleno, muestra de la
cola del pavo real de la doctrina Kirkpatrick.
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Author of this article: John Joseph Kenneth Bonham
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