Las Olimpiadas de Tibet

( 5 Valoraciones ) césar usán supervía


Las revueltas de Tibet han desempolvado en China las viejas formas de las burocracias represivas

Pekín no acaba de entender las críticas que le llegan de medio mundo por la situación de los derechos humanos en el país

Opinión


"Pekín parece no haber entendido que unas Olimpiadas exponen al país que las organiza en el centro de la atención internacional y colocan al Gobierno de turno con sus vergüenzas al aire"
A cinco meses escasos del inicio de los Juegos Olímpicos, los dirigentes chinos se sienten confundidos ante las críticas que están recibiendo de medio mundo por su política social y no saben cómo responder a ellas.

Pekín parece no haber entendido que unas Olimpiadas exponen al país que las organiza en el centro de la atención internacional y colocan al Gobierno de turno con sus vergüenzas al aire, generando un escenario de lo más apropiado para las críticas de propios y extraños.

"Cuando inició el viaje a los Juegos hace 6 años, no contaba con una Red que no sabe de fronteras, no imaginaba móviles con cámaras de vídeo indiscretas, no sabía de blogs ni de redes sociales ni d"
China esperaba poder controlar las protestas internas y evitar su difusión. Pero, cuando inició el viaje a los Juegos hace 6 años, no contaba con una Red que no sabe de fronteras, no imaginaba móviles con cámaras de vídeo indiscretas, no sabía de blogs ni de redes sociales ni de comunidades virtuales.

En los últimos años, el gigante asiático ha acercado sus políticas al modelo occidental, aunque se ha quedado en los aspectos más negativos, impulsando un capitalismo feroz y olvidándose de la vertiente social y de los más elementales derechos humanos. Conscientes de su poder económico y del apetitoso mercado que representa su inmensa población, las autoridades esperaban que las reformas económicas y unos tímidos avances en materia de libertades serían suficientes para que las democracias occidentales hicieran la vista gorda.

Las organizaciones humanitarias llevan años denunciando multitud de abusos y violaciones de los derechos más elementales por parte de las autoridades con escaso reflejo en los medios de comunicación y con la displicencia de Pekín como respuesta.

Las ejecuciones arbitrarias, los encarcelamientos de activistas, los cierres de páginas web incómodas, la explotación de trabajadores, la reeducación y adoctrinamiento de personas molestas y las mordazas a la libertad de prensa y opinión apenas han logrado espacios en los informativos occidentales.


Tibet, un dilema

"Pekín ha respondido con las viejas formas de las burocracias represivas, similares a las empleadas por los militares birmanos el pasado septiembre: reprimir de manera desproporcionada unas manifestaciones pacíficas"
Hasta que el pasado 10 de marzo, 400 monjes salieron de sus monasterios, pintaron de color granate las calles de Lhasa con la palabra libertad en la frente y encendieron el descontento de miles de tibetanos desperdigados por medio mundo.

Pekín ha respondido con las viejas formas de las burocracias represivas, similares a las empleadas por los militares birmanos el pasado septiembre: reprimir de manera desproporcionada unas manifestaciones pacíficas con la vana intención de silenciarlas antes de que el ruido atravesara sus fronteras.

"Pekín ha respondido con las viejas formas de las burocracias represivas, similares a las empleadas por los militares birmanos el pasado septiembre: reprimir de manera desproporcionada unas manifestaciones pacíficas"
Y aunque no está nada claro qué entienden el Dalai Lama y sus monjes por libertad y cuál es el alcance real de los derechos humanos que defienden, sus maneras no violentas y la fragilidad que proyectan sus figuras hacen que el resto del mundo los vea con simpatía.

La ocupación china ha llevado a Tibet indudables progresos, como el final de una sociedad medieval con instituciones y costumbres arcaicas e injustas, además de fuertes inversiones en la región. Pero Pekín no ha hecho nada por integrar a las etnias locales y ha pisoteado sus manifestaciones culturales y sus sentimientos religiosos. Además, el progreso económico de la región ha beneficiado sobre todo a la población de etnia han, mayoritaria en China, que Pekín introdujo en Tibet y que hoy tiene todos los resortes del poder en la región.

De no ocurrir una tragedia, es muy difícil que los gobiernos democráticos decidan boicotear la cita olímpica. Unos por motivos económicos y otros, los menos, porque entienden que es una oportunidad para que Pekín deje entrar aire fresco es sus siniestras instituciones.

A pesar de la represión, los monjes, y los activistas chinos van a seguir molestando. Y fuera de China, el viaje de la antorcha, que hoy ha llegado a Pekín, va a estar sembrado de incidentes que llenarán portadas e informativos en los próximos meses.

Las autoridades no quieren un baño de sangre que salpique las pantallas de medio mundo, pero temen que las revueltas proyecten una imagen de debilidad que alimente las protestas. Un difícil dilema para un régimen no habituado al diálogo y con una mirada escasa de matices y sutilezas.

Puede que, para desesperación del Gobierno, los Juegos Olímpicos de Pekín sean recordados como las Olimpiadas de Tibet, con atletas de pelo rapado y túnicas color granate.


*Los artículos de Nodo Libre sólo representan el punto devista de su autor. Bottup es una comunidad de centenares de periodistas ciudadanos con su propio criterio, que la Redacción nunca puede coartar


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Author of this article: César Usán Supervía

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