Pecadores y contaminadores

( 16 Valoraciones ) Fernando Solera Asís

El Vaticano, en un desesperado intento por ampliar mercados, ha decidido ahora incluir en su lista de nuevos pecados todas aquellas acciones que atenten contra el ecosistema

Opinión

Acabamos de saber que el Vaticano ha decidido incluir entre los nuevos pecados del siglo XXI todos los actos que deterioren el medio ambiente, según ha declarado en una entrevista el arzobispo Gianfranco Girotti, especialista en su ventanilla de pecados y penitencia. Igualmente ha afirmado que los siete pecados capitales de toda la vida se han quedado cortos para abarcar los problemas de la actualidad.
Como los eruditos aseguran que el cielo y el infierno están aquí abajo, la Iglesia ha optado por penar la contaminación, aprovechando que a nuestro planeta apenas le quedan ya paraísos
Quizá le gustaría más que retrocediésemos unos cuantos siglos, cuando el hombre no contaminaba y ella manipulaba con mano de hierro a la población, mandando a su ecológica hoguera a quienes osaban rebelarse contra sus sagradas verdades

Sin embargo, y pese a esta ampliación del pliegue de cargos sobre las conciencias feligresas, en un desesperado intento por ampliar mercados, la Iglesia sigue sufriendo una incesante pérdida de parroquianos. Como a la gente ya no le importa ir al infierno por espiar en la ducha a las vecinas, habrá que intentar intimidar nuestras pecadoras almas al rebufo del multimillonario Al Gore.


La Iglesia se ha dado cuenta de que en los últimos años los ciudadanos sólo conocen el vocablo confesionario por los realities televisivos. Quizá le gustaría más que retrocediésemos unos cuantos siglos, cuando el hombre no contaminaba y ella manipulaba con mano de hierro a la población, mandando a su ecológica hoguera a quienes osaban rebelarse contra sus sagradas verdades.


Supongo, sin embargo, que no querrá volver a la época de quema de conventos e iglesias, no vayamos a cabrear a Zapatero quien, paradojas de la vida, comparte con el Vaticano su preocupación por el medio ambiente. Tanto, que los coches menos contaminantes han quedado exentos del impuesto de matriculación, mientras que las almas de sus conductores podrán seguir circulando con dos padrenuestros, un avemaría y un San Cristóbal en el salpicadero.


Como los eruditos aseguran que el cielo y el infierno están aquí abajo, la Iglesia ha optado por penar la contaminación, aprovechando que a nuestro planeta apenas le quedan ya paraísos, pues incluso las tetas suelen ser operadas. Sinceramente, resulta sorprendente que el Vaticano no descubriese antes el vínculo entre la contaminación y el pecado, pues hace mucho tiempo que la Tierra es un purgatorio, donde las ánimas vagan en pena en busca de un poco de oxígeno, entre fuegos y calderas hirviendo.


La madre naturaleza ya nos proporciona muchísimos terrenos infernales y pocos paraísos, pues sabe que casi todos los humamos somos pecadores condenados al fuego eterno. Y es que, de ser mayoría las gentes de buen corazón, viviríamos en Canarias y no en Madrid.


Al final, con el litro de gasóleo más caro que el de gasolina y el polucionar como pecado de nuevo cuño, los feligreses pobres se tendrán que resignar con contaminarse descargando de internet la canción homónima, en las voces de Ana Belén y Víctor Manuel. Un matrimonio de pecadores, por rojos, pero que al tener en común con la Iglesia su amor por los pobres, sin duda serían perdonados con sólo retratarse rumbosamente por la causa verde en el cepillo más cercano, que para algo cobran el canon digital.



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