Nodo libre
Los guiris ya no picanEscrito por Fernando Solera Asís Viernes, 22 de Febrero de 2008 09:43


España ha sufrido una caída drástica en el índice de confianza de inversión extranjera, perdiendo dieciocho puestos en dicha clasificación, para acabar en el trigésimo quinto lugar
Opinión
En las dos últimas décadas, gracias a uno de los principales motores de nuestra bananera economía, la construcción, ha proliferado una nueva especie en la fauna nacional: los especuladores inmobiliarios. Estos especímenes autóctonos se han hecho de oro con la inestimable colaboración de los consistorios nacionales, cuya proverbial honradez está sobradamente contrastada.
Además, España ha sufrido una caída drástica en el índice de confianza de inversión extranjera, perdiendo dieciocho puestos en dicha clasificación, para acabar en el trigésimo quinto lugar. Quizá haya tenido algo que ver que nuestro Gobierno, sin querer y con talante, urdiese asaltar la presidencia del BBVA y legislase ad hoc contra E.On, tras no poder regalarle Endesa al tripartito catalán.
Tan poco sutil intervencionismo ha provocado que muchos países se lo piensen dos veces antes de realizar fuertes inversiones en España, debido a tan flagrante inseguridad jurídica. Lo que el Gobierno quiso vender como una operación patriótica, sólo fue una burda trama para regalarle Endesa a la Caixa que, por cierto, perdonó seis millones de euros al PSC de Montilla. Todo queda en casa.
La economía se nos está viniendo abajo como un castillo de naipes, con lo a gusto que estábamos todos en Navidad cenando conejo. La consabida inflación y la caída de la competitividad, además del anunciado derrumbe inmobiliario (ya lo verás), ha motivado que nuestros vecinos nos observen con una expectante preocupación.
Si a tan peligrosa coyuntura le añadimos el extraordinario atractivo inversor de economías emergentes como China e India, debido a sus bajos costes de producción, es evidente que el próximo gobierno deberá adoptar medidas rigurosas, si no quiere que acabemos siendo sólo un país de hostelería y prostitución. Quizá tendríamos que aprender de Gran Bretaña y Alemania, que siguen gozando de la confianza extranjera, pese a que las grandes inversiones están siendo acaparadas por mercados en vías de desarrollo.
Si aquí apenas tenemos industria nacional y la
extranjera decide marcharse, podemos acabar con los cartones y poco
más. Vienen tan malos tiempos, que incluso la economía del coloso
americano está ofreciendo señales de una extrema debilidad. De hecho,
de nada nos serviría hoy recibirlos con alegría, ni aunque
sustituyésemos a Zapatero por el genial Pepe Isbert, porque sus dólares
ahora valen poco más que las estampitas con que les timábamos.
Sólo nos queda, entonces, el latrocinio doméstico, pero eso sí, con clase y a lo grande. Una teoría que ya avala hasta el Constitucional, sentando jurisprudencia para que nuestros millonarios se puedan jactar de que en España, los ladrones, somos gente honrada.
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