Última actualización en Miércoles, 06 de Febrero de 2008 13:35 Escrito por John Joseph Kenneth Bonham Miércoles, 06 de Febrero de 2008 13:01

Opinión

Nada que reprochar hasta ahora: siempre será mejor una moral consolidada, aunque a veces se disienta como es mi caso, que una amoralidad consumista y materialista que todo lo que toca lo deja brillante pero podrido por dentro. Por si eso fuera poco, las organizaciones que forman la iglesia dan apoyo en unas grandes áreas (educativa, asistencial, etc) que sin él serían muy difíciles de cubrir.
Sin embargo cuando la jerarquía de la iglesia expresa sus puntos de vista, siempre legítimos tanto como ciudadanos individuales como por ser un colectivo grande, suelen llevar polémica. Sus razonamientos no están, normalmente, hechos al albur del momento sino que están avalados por la fortaleza intelectual de sus posturas. Sin embargo estas apreciaciones rara vez se basan o en los principios de la racionalidad más evidente o en los principios de la igualdad entre todos, y defienden una radicalidad quizás ajenas al tiempo en que vivimos.
Cuando la Iglesia habla, casi al instante -evidentemente- le salen críticos y defensores. Es lógico, tanto por ser protagonista de expresión pública, como por las filias o fobias que concierta. Hasta aquí nada más que obviedades y lugares comunes.
Sin embargo, si se atacan los puntos de vista de la iglesia por mor de la libertad de expresión, de pensamiento o simplemente porque quien se mete a gallero o gana o pierde dinero, entonces una gran ola de indignación defensora sale, sobresale, disturba, perturba, conturba, aflora. Y la discusión sube de nivel y se confunde la diferencia democrática del que baja al ágora a exponer con una pelea, una lucha laicista, o, en último término anticristiana y crucifixora.
Jesús le contestó: Mi Reino no es de este mundo. Juan 18, 33-37.
Cabe aclarar que las más de las cosas en discusión son de este mundo y no de ningún otro. Por si eso fuera poco, la postura de la Iglesia en los asuntos es muy variada y no es raro que en su seno también existan voces discordantes.
El 46% de los jóvenes de
El resultado de esta separación de la sociedad, y de inmiscuirse en todo asunto con un planteamiento radical y obsoleto, agranda la distancia de la Iglesia con la población. Este hecho es evidente, no hay más que ver el disminuido porcentaje de sedicentes católicos, y el creciente de protestantes, el menor número de vocaciones o las últimas salidas de tono, pancarta en mano, de sus jerarquías.
Los practicantes de la religión apenas llegan al 24%, según el CIS, leemos de nuevo en El País.
Es decir, que en este vericueto se junta una jerarquía católica locuaz y a veces inadecuada que recuerda con añoranza un pasado que para muchísimos es doloroso. También se aliña con algunos otros comportamientos de los que mejor no hablar. En el otro lado, una sociedad que vive a velocidad de vértigo cada vez más alejada de la moral cristiana y de cualquier moral en general.
En 2006 el número de matrimonios católicos fue el 55,5% del total, y el civil el 44,2%, sólo un 0,3% fueron matrimonios de otra confesión. Elaboración propia a partir de datos del INE.
A este particular cabe indicar que la Iglesia se ha ido haciendo más y más conservadora y poco queda de lo que los papas Juan XXIII y Pablo VI, detectaron e intentaron atajar de esta separación entre la iglesia y la sociedad durante el Concilio Vaticano II y años posteriores. Año a año durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI se ha ido liquidando lo que se dio en llamar aggiornamiento, actualización de la Iglesia hasta llegar a la situación actual. Por si fuera poco, las jerarquías españolas juegan a ser las más radicales del mundo, puede que por sí mismas, puede que por el laicismo rampante que exhibe el gobierno que nos rige.
En esta situación, la Iglesia espera que no sigamos un camino ideológico, general en la sociedad, que moral y éticamente, diverge del de la Iglesia y, a cambio veamos con alborozo y alegría esa esa beligerancia a destono de algunos de sus jerarcas.
Bajando a la arena: en las elecciones la Iglesia, de manera más o menos latente, pide el voto por una opción política, olvidando a aquel Cardenal Tarancón que negó la creación de un partido cristiano en la transición. Además, en sus exhortos, declaraciones, manifestaciones, etc., se posiciona de manera clara superando, a veces por poco y otras por mucho, su mandato. En otras pocas veces simplemente mea fuera del tiesto con apreciaciones al borde del delito. También arrumba a los más seguidores, casi siempre a la derecha, a una cierta interpretación integral y radical de sus postulados.
La situación extraña en relación al estado español, que le financia en parte por mor de un concordato, le hace estar en una sorprendente dupla de actitudes, muy de los clérigos. Por un lado, pide con boca de fraile más y más y más. Pide más influencia en la educación, menos regulación o, al menos menos laicidad, y más dinero, siempre más dinero. Por otro lado, sin dejar de pedir, ataca al Gobierno, el actual y otros, desde sus órganos de comunicación, a veces vía su portavoz, a veces en la COPE, u otros medios o asociaciones afines y casi siempre desde los púlpitos.
La Iglesia, siempre anciana, siempre madura, pero a veces
-ingenua- no se percata de que los políticos, sobre todo de la izquierda, no
pierden la posibilidad de animar acólitos con esta bandera anticlerical.
Esta postura, este enfrentamiento tan virulento, se estriba
en la situación política de encarnizada
crispación que vive el país, donde cada
día toda la carne se echa al asador político, pero, también, los sacerdotes
y sus jerarquías deberían conocer, aunque solo fuera por viejos, que el
que se acuesta con políticos orinado alborea.
En resumen, parece que la Iglesia se posiciona en política,
aunque dice
no indicar el voto, malo, dice y excomulga
a grupos enteros de la población por su actitud, malo, sostiene una moral
que no es comprensiva y que se alinea con lo más tradicionalista y excluyente
de la población, malo, y, por último, espera que el Gobierno, representante
espurio y temporal de la ciudadanía le alimente con los (nuestros) impuestos.
El Gobierno de turno les alimentará sólo si
no generan ruido (malo de nuevo).
A un mes de las elecciones, la Iglesia se
quema, como una mala canción en la radiofórmula de la política. Nada que
temer ya que en muy diferentes aguas ha nadado la iglesia y siempre ha flotado.
{mos_sb_discuss:2}
| < Anterior | Siguiente > |
|---|
