Pakistán tras Bhutto

( 20 Valoraciones ) John Joseph Kenneth Bonham
Análisis
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Benazir Bhutto en un mitin antes de ser asesinada

Pakistán afronta un futuro político muy confuso tras la muerte de Benazir Bhutto. El general Musharraf parece ser el único capaz de preservar el orden aunque la democracia ceda paso a paso en un lugar como Pakistán, donde nunca ha estado muy consolidada. La multiplicidad de intereses hacen de este país una pieza imprescindible en el puzzle mundial.

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Pervez Musharraf (izq) y George Bush
El asesinato de Benazir Bhutto en plena campaña por la elección marca un hito en la política de Pakistán, siempre en un tira y afloja entre las potencias occidentales -que ven al país como un aliado nuclear insustituible-, los radicales islamistas y mil protagonistas más que tienen en la oscuridad su reino: independentistas, señores de la guerra, contrabandistas y narcotraficantes, servicios secretos rusos, indios o chinos, etc.

El golpista general Musharraf ha hecho equilibrios en el alambre para mantenerse como aliado de EE UU y, al tiempo, luchar contra Al Qaeda sin contrariar a los musulmanes locales. Su política de giros y recovecos ha incluido darse un autogolpe de estado e imponer la ley marcial y control de los medios y disidentes a finales del año pasado para evitar que el la contestación se dispare. Este control implicó la expulsión de Benazir Bhutto y Nawaz Sharif y, después, la detención de disidentes y políticos, establecimiento del estado de excepción, supresión de la constitución y otros mucho hitos que recuerdan a una dictadura. Sin embargo fue inútil: la inestabilidad fue tal que EE UU hubo de "forzar" para que la situación volviera a ser algo parecido a una democracia.

Obligado Musharraf a declarar elecciones, en apariencia libres, para febrero de 2008 y a renunciar a ser el jefe del ejército y presidente del país -detonante de esta crisis- la excarcelación de disidentes y vuelta de Bhutto y de Sharif planteaba un escenario de intento de vuelta a la normalidad.
El juego de intereses poliédrico, de facciones, de alianzas y de servicios secretos hacen de Pakistán, en estos días, el Berlín de Asia central
La única solución de los pakistaníes parece que es votar a Musharraf como único posible estabilizador del país al estar el PPP en manos del viudo y un hijo casi adolescente de Bhutto y una Liga musulmana con guiños evidentes con los violentos
Eligiendo la seguridad a cambio de la democracia pero, al tiempo, siendo la primera barricada contra los radicales de Al Qaeda en el país con 'la bomba'

Ya la llegada de Benazir Bhutto a Pakistán fue recibida por una tremenda explosión con más de cien muertos que no deja de recordarnos el peligro de Pakistán: al estar en la línea que separa los estados con los terroristas, los nucleares con los no nucleares, los violentos con los no violentos, las democracias con las dictaduras y los aliados con los enemigos.

Benazir Bhutto en su vuelta pactada con Musharraf buscaba una disminución de la tensión en Pakistán, tensión creciente día a día por contaminación de Afghanistan, por la propia influencia islamista del país desde su nacimiento y por los sucesos de la muerte de la lider política. La posibilidad sugerida por algún analista internacional de que EE UU sugiriera formar un gobierno de unidad nacional entre el PPP de Bhutto, la Liga Musulmana de Nawaz Sharif también en el exilio y Musharraf, que disminuyera las tensiones que tanto desde la parte civil como de la religiosa se multiplican. El único lugar donde no hay duda de la fidelidad a Musharraf es el ejército, del que ha sido jefe supremo durante años.

La muerte de Bhutto a escasos días de las elecciones, pospuestas, con las sospechas más que leves de que fue un magnicidio orquestado o permitido desde las cocinas del poder o, en último término, desde los servicios secretos americanos y pakistaníes, lleva a pensar que la única solución de los pakistaníes es votar a Musharraf como único posible estabilizador del país al estar los dos partidos de oposición: el PPPP en manos del viudo y un hijo casi adolescente de Bhutto y una Liga musulmana con guiños evidentes con los violentos. Eligiendo, entonces, la seguridad a cambio de la democracia pero, al tiempo, siendo la primera barricada contra los radicales de Al Qaeda en el país con 'la bomba'.

La sombra de Bhutto en la elecciones inaugura una saga que no oscurece su gestión pasada en el gobierno que ha sido tildada de corrupta: Mientras tanto los llanos y la espiral violenta es acallada sin miramientos.

El juego de intereses poliédrico, de facciones, de alianzas y de servicios secretos hacen de Pakistán, en estos días, el Berlín de Asia central. Todos los contendientes dicen conocer quienes son sus enemigos pero puede que los que piensan no sean, los que sean no se les vea o que interese decir los que no son. Occidente mira y espera.

Sin embargo, por eso, por ese valor frontera, es por lo que todo es anómalo y singular en Pakistán. Y por ser el primer paso dentro de la “civilización”, es por lo que occidente calla y sigue llamándole aliado. La comparación que nace es la del Irán de 1979 por lo que cualquier otra opción es peor.

Pakistán, invernadero de radicalismos cristalizados. Recuerdos del día de mañana.


Foto 1, Foto 2



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Author of this article: John Joseph Kenneth Bonham

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