La muerte enterrada

( 9 Valoraciones ) césar usán supervía

Las bombas de racimo y las minas antipersona, protagonistas esta semana de sendas reuniones internacionales

Más de 100 millones de estos artefactos acechan bajo tierra en medio mundo

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Cuatro niños camboyanos víctimas de las bombas de racimo y de las minas antipersona han llegado a España de la mano de Greenpeace para denunciar con sus terribles mutilaciones los efectos de estas armas y reclamar al Gobierno español "que dé el máximo respaldo" al Tratado Internacional de prohibición de las bombas de racimo en la reunión que se celebra en Viena esta semana.

Camboya es un claro ejemplo de las repercusiones de este tipo de armas. Estados Unidos lanzó millones de bombas de racimo sobre su territorio entre 1969 y 1973, y aún hoy sigue habiendo muertos y mutilados como consecuencia de los restos que no detonaron
El obispo español Kike Figaredo, que lleva 20 años en Camboya y que ha acompañado a estos niños mutilados, ha señalado que "más allá de las cifras, lo que resulta afectado es la vida diaria de numerosas personas. Los gobiernos occidentales, entre ellos el español, no pueden cerrar los ojos y
seguir vendiendo armas como si el resultado final no fuera con ellos. No se puede seguir haciendo negocio con la vida de los inocentes".

Camboya es un claro ejemplo de las repercusiones de este tipo de armas. Estados Unidos lanzó millones de bombas de racimo sobre su territorio entre 1969 y 1973, y aún hoy sigue habiendo muertos y mutilados como consecuencia de los restos que no detonaron.

Según Greenpeace, el 98 por ciento de las víctimas son civiles, ya que hasta un 30 por ciento de las bombas no estallan, quedando esparcidas por campos y aldeas como bombas antipersona durante largos años.

En España, al menos dos empresas, Expal e Instalaza, siguen fabricando bombas de racimo, aunque la "falta de transparencia hace imposible saber dónde las venden", denuncia la ONG, para añadir que el Ejército español sigue teniendo en sus arsenales este tipo de armamento.

El Tratado de Otawa

Hoy hace diez años que se firmó el Tratado de Otawa por el que se prohibió el uso y la producción de bombas antipersona
Otro tipo de armas con efectos desastrosos entre la población civil son las bombas antipersona. Hoy hace diez años que se firmó el Tratado de Otawa por el que se prohibió el uso y la producción de estas bombas.

Por tal motivo, expertos, políticos, supervivientes de estos artefactos y activistas de todo el mundo asisten hoy a la ciudad canadiense para debatir la marcha del tratado.

Greenpeace denuncia que los estados firmantes aún conservan 14 millones de minas a la espera de ser destruidas y que algunos estados "carecen de planes de asistencia eficaces y acordes con los supervivientes"
La ONG Campaña Internacional por la Prohibición de Minas Antipersona (ICBL, sus siglas en inglés) ha considerado que se han dado "avances innegables" porque muchos países firmantes del tratado, 156 hasta hoy, "han demostrado su determinación en desminar su territorio y en educar a los ciudadanos sobre los peligros de las minas ayudando a la recuparación de las víctimas".

Según sus datos, el uso de este tipo de bombas sigue descendiendo y sólo dos países, Rusia y Birmania, las han utilizado desde mayo del pasado año, además de casi una decena de grupos guerrilleros.

Pese a estos avances, la ONG denuncia que los estados firmantes aún conservan 14 millones de minas a la espera de ser destruidas y que algunos estados "carecen de planes de asistencia eficaces y acordes con los supervivientes".

Pero la mayor debilidad del Tratado de Otawa radica en la negativa de Estados Unidos, Rusia, China India y Pakistán a estampar su firma, por lo que las ONG solicitan al Gobierno canadiense que reanude su liderazgo mundial contra las minas terrestres e intente una prohibición similar a las de racimo.

Los datos que se manejan sobre esta tipo de armas son impresionantes. Las bombas antipersona causan entre 5.000 y 10.000 víctimas dada año; 50 países conservan 180 millones de ellas en sus arsenales, y 100 millones de artefactos mortales, entre minas terrestres y restos de explosivos, acechan bajo tierra en 99 Estados y 8 territorios.

Y es que desminar resulta complicado, peligroso y caro. Desde la firma del acuerdo, sólo seis países de entre sus miembros han desminado su territorio. Así, en 2006 se recuperaron 450 kilómetros cuadrados en todo el mundo, una sexta parte del área minada en Egipto. Una mina, que vale entre 2 y 20 euros, puede suponer un gasto de hasta 700 euros para encontrarla y desactivarla.


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Author of this article: César Usán Supervía

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