Escrito por Chiqui de la Fuente Domingo, 18 de Noviembre de 2007 09:00

Análisis:

Por eso, ya se discute sobre el incipiente papel de la ciudadanía en los medios de comunicación tradicionales, aunque lo primero que habría que definir es que significa eso de la participación ciudadana en una mass media.
Porque me pregunto, ¿lo es los ridículos SMS que se envían a las
televisiones con mensajes tales como Pantoja eres la mejor.
Jennifer te quiero. Vendo Seat Ibiza?
No creo que eso sea participación ciudadana, si acaso participación
a secas, además de un tremendo negocio. Por ello, sería bueno saber que
es ser ciudadano. Entre las diferentes acepciones de esta palabra en el
diccionario de la RAE hay dos que se ajustan perfectamente al caso:
Hombre bueno.
Aunque a regañadientes, los medios de comunicación tradicionales empiezan a ver lo tozuda que es la realidad y empiezan verdaderamente a dar voz a sus lectores, oyentes ahora reconvertidos en usuarios.
Y lo hacen mediante tres diferentes niveles de participación:
pasiva, intermedia y activa. La primera, la pasiva ofrece al usuario
una falsa sensación de proximidad con el medio, pero de participación
real, poca o muy poca. En la mayoría de los casos, se limita a votar si
la noticia le ha gustado, a recomendarla a amigos y conocidos o a
enviarla a sitios de noticias como Fresqui o Menéame.
El segundo nivel estaría conformado por los comentarios en las
diferentes webs de medios. A priori, dan valor añadido a una
información ya que se supone que esa aportación nos va a ofrecer más
datos de los conocidos o un punto de vista diferente sobre el tema. El
problema es que como cada uno de nosotros tenemos boca, todos opinamos.
Y como es lógico, no todas las opiniones dan valor añadido. Así, entre
comentarios repetidos, insultantes, spam que se cuela y demás eso es todo menos información o debate.
Esto nos lleva a otro capítulo espinoso: La moderación de
comentarios. Si no son moderados o lo son a posteriori, la conversación
se llena de ruido. Se crea la sensación de que todo vale y tarde o
temprano aparecen las descalificaciones personales y las enemistades
entre comentaristas haciéndose de ello, el tema principal de los
comentarios. Esto hace que el medio claramente se devalúe.
Si por el contrario, no aparecen hasta que son aprobados por el
medio, la conversación se resiente ya que pierde fluidez y la palabra
censura empieza a flotar en el ambiente.
Queda el tercer nivel, el más cercano al periodismo ciudadano.
Noticias de gran calado como los atentados en el metro de Londres o el
tsumani que azotó el sudeste asiático han puesto de manifiesto que los
medios de comunicación también necesitan disponer de estos
corresponsales puntuales.
Cuando ocurre alguna de estas noticias, las webs de todos los medios
de comunicación se nutren de vídeos, fotografías y testimonios de gente
anónima que por suerte o por desgracia se encontraban en el lugar
cuando el hecho noticioso se produjo. Además de los testimonios que
lo único que quieren es dar constancia de los hechos y reflejarlos,
también hay gente que por afán de notoriedad o simplemente por
ignorancia, intenta colar informaciones tendenciosas, inexactas o
simplemente falsas.
Y una de las labores de un medio serio es contrastar la información
y dar fe de que lo que cuenta es veraz. Eso es lo que le da
credibilidad. Así, una foto de Gorka Lejarcegi o Gervasio Sánchez no necesitan verificación. Su firma la avala. Las que llegan mediante
un correo electrónico, sí. Por eso todavía se es muy reticente a
publicar información que no esté realmente constrastada. Ya existen
casos de disputas entre los mismos medios por publicación de fotos ciudadanas.
Y la vista de este panorama, ¿qué se pueden aportar unos a otros?
Los grandes medios pueden brindar con sus controles los principios
básicos del periodismo como la veracidad, la ética, la responsabilidad,
la imparcialidad
dando las claves para que la colaboración ciudadana
sea realmente informativa y rigurosa otorgándolas valor por sí mismas.
También pueden poner a disposición del amateur la
infraestructura necesaria, tanto material como humana, que se precisa
para dar cobertura, porque tampoco podemos olvidar que hacer
información es muy caro en tiempo y en dinero.
Por su parte, los nuevos periodistas se convierten en
corresponsales planetarios estando siempre en el momento y lugar donde
salta la información. Dan la voz de alarma que ponen en marcha los
mecanismos posteriores.
También son pieza fundamental contando la intrahistoria, como la definía Unamuno.
Aquellas pequeñas historias que pasan desapercibidas ante la avalancha
de datos globales pero que conforman la realidad cotidiana de la gente.
En definitiva, lo hiperlocal contra lo global.
Por último, las redes de confianza que crean los usuarios de una web
informativa aportan más valor para el ciudadano de a pie que la sesuda
opinión de un experto que puede o no coincidir con gustos y
apreciaciones. Claro ejemplo de dos tipos de redes de confianza son las
críticas sobre alojamientos en Tripadvisor o el sistema de valoración de usuarios de eBay.
El futuro es confuso y está aún por definir. La solución ideal puede
pasar por la convergencia, aportando lo mejor de los dos mundos que,
aunque no lo parezca, no están tan separados.
Y es que les une lo más importante: la curiosidad.
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