Letras contra la pobreza
Un día en la PopulorumÚltima actualización en Martes, 21 de Agosto de 2007 11:19 Escrito por Ana M. Roncero Martes, 21 de Agosto de 2007 11:15

TEGUCILGALPA.- Aprovechando que se acerca el final de mi estancia en Honduras, quisiera dedicar varios post a comentar cómo es el lugar en donde vivo, cómo percibo Tegucigalpa y quiénes son los demás voluntarios españoles.
Comparto el cuarto con una española (Marta) y seis hondureñas más, y duermo en una de las cuatro literas superiores del cuarto número 3 de la segunda planta de la casa. Parte del techo es translúcido, así que irremediablemente, en cuanto empieza a clarear, la luz me da de lleno en la cara. Por eso, y por los horarios hondureños y de los proyectos de ACOES (www.acoes.org), mi día comienza entre las 5.15 y las 7 horas de la mañana (aunque alguna vez me he levantado a las ocho).
Los primeros días no me costaba despertarme, porque entre el jet lag y la luz en la cara no podía seguir durmiendo. Pero el primer día que me desperté con sueño le dije a Marta: ¡¡Ya estoy completamente adaptada!! Una adaptación que también ha pasado por la comida. Y no sólo porque haya variado mi alimentación (que suele constar de arroz, plátano, frijoles, tortillas de maíz o pollo), sino porque en Honduras se almuerza a las 12 y se cena a las 18 horas.
Anochece sobre las 18:30 horas (para mi gran sorpresa ahora es invierno, a pesar de estar en el hemisferio norte) y antes de las 23 horas todas las chicas de la casa están durmiendo. En las casas Populorum Progressio viven jóvenes hondureños que dejan sus comunidades rurales, repartidas por los departamentos de todo el país, a cambio de la oportunidad de iniciar o proseguir sus estudios en la capital, Tegucigalpa.
En casa, ellas se organizan para cocinar y limpiar los aseos y los cuartos. Nos duchamos con agua fría y lavamos la ropa a la antigua usanza, en lavaderos y con jabón lagarto, con el agua que se acumula en unas grandes pilas, pues desde las cinco de la tarde hasta las cinco de la mañana se corta el agua.
Para mí, el mejor lugar de la casa, mi rincón, es la terraza... Allí, en la segunda planta, mirando el paisaje (más bonito de noche), aprovecho para charlar un rato con las compañeras, echar de menos a los que también piensan en mí en España, tomarme un vaso de leche o pensar, simplemente pensar en todo lo que estoy viendo y viviendo, que es mucho.
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