Guerra abierta a las bolsas de plástico

( 12 Valoraciones ) césar usán supervía
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En España se usan 10.000 millones de bolsas de plástico al año

Reportaje:

Se inicia una campaña en Madrid para luchar contra ellas repartiendo gratis bolsas de algodón


Cada español usa de media 238, de las que sólo se recicla un 10%


Las administraciones públicas comienzan a plantearse todo tipo de medidas contra ellas: desde impuestos especiales a prohibirlas totalmente


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Vagan por el mundo dejando un rastro de toxicidad
Es quizá uno de los inventos más exitosos y populares desde que se extendió su uso en los años setenta. Es ligera, resistente, impermeable, higiénica, flexible y gratuita. ¿Qué más se puede pedir? Entonces, ¿qué males ocasionan
estas bolsitas para que organizaciones ciudadanas y, últimamente, administraciones públicas, les hayan declarado la guerra? Pues casi todos.

Su fabricación. La producción, a base de polietilenos y polipropilenos procedentes del petróleo, además de consumir combustibles fósiles, contamina la atmósfera con emisiones de CO2.

Hay demasiadas y por todos los lados. Aunque no hay datos fiables, se estima que más de un millón de bolsas de plástico se utilizan cada minuto en el mundo, entre 1 y 2 billones al año, unas 250 por adulto. Y la mayoría de ellas se emplean sólo durante unos 12 minutos, antes de tirarlas a la basura o dejarlas en cualquier esquina.

Su facilidad para desplazarse por tierra, mar y aire, constituye otro de sus males. Se arrastran por el suelo, ondean en las ramas de los árboles, se agarran a vallas y alambradas o navegan por ríos, lagos y mares, sus hábitats favoritos. Así, taponan tuberías, alcantarillas y cursos de agua, y producen la muerte por axfisia de ballenas, focas, tortugas y aves marinas.

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A menudo los países pobres reciben estos residuos
Y, sobre todo, su alto poder contaminante. Las partículas tóxicas procedentes del petróleo y los metales pesados de la tinta de sus inscripciones degradan suelo y agua durante las decenas o centenares de años, no se sabe aún, que  tardan en biodegradarse. Este problema se agrava por la baja tasa de reciclaje de las bosas -alrededor del 10%- , por lo que la mayoría de ellas se deshechan y acaban incineradas, con la consiguiente contaminación del aire, o vagando sin control por el planeta.

Primera batalla en Madrid

Son suficientes motivos para que las ong hayan dado la voz de alerta. Así, esta semana Ecoespaña ha iniciado una campaña en Madrid contra el uso de las bolsas de plástico en la que va a repartir gratuitamente en los mercadillos bolsas de algodón con los lemas de la campaña inscritos en ellas: 'Contra el calentamiento global, compra local' y 'Tampoco soy una bolsa de plástico'. Son de algodón crudo, aptas para alimentos, la tinta es ecológica y se pueden lavar en frío. Ecoespaña ha enviando bolsas a la princesa Leticia, a la ministra de Medio Ambiente, al alcalde de Madrid y a la presidenta de la Comunidad madrileña.

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Las bolsas biodegradables aún son muy caras
Esta capacidad de destrucción que encierran las bolsas de plástico ha hecho que diversas administraciones públicas empiecen a plantear medidas para reducir su utilización, bien con impuestos o tasas por cada bolsa utilizada, bien
cobrándolas directamente o con medidas más drásticas que llegan hasta la prohibición de su uso.

El Ayuntamiento de Londres anunció el mes pasado la posibilidad de imponer una tasa de 15 céntimos sobre cada bolsa o prohibirlas directamente, para "contribuir en la lucha contra el cambio climático", según declaraciones de su
alcalde, Ken Livingstone, al diario The Gardian. Las medidas serán debatidas en el Parlamento británico a finales de año.

Desde 2002 Irlanda aplica una tasa de 30 céntimos por cada bolsa, lo que ha supuesto una reducción de su uso en un 90%, mientras que en Hong Kong el impuesto sube hasta los 50 céntimos. En Suecia y Alemania el cobro de las bolsas está generalizado, e Italia ha aprobado una ley que prohibe las bolsas de plástico a partir de 2010, una medida que se están planteando otras ciudades, como San Francisco, Boston o Berkeley.
Las partículas tóxicas procedentes del petróleo y los metales pesados de la tinta de sus inscripciones degradan suelo y agua durante las decenas o centenares de años
Desde 2002 Irlanda aplica una tasa de 30 céntimos por cada bolsa, lo que ha supuesto una reducción de su uso en un 90%, mientras que en Hong Kong el impuesto sube hasta los 50 céntimos
El Ministerio de Medio Ambiente pretende que para 2015 el 70% de las bolsas sean biodegradables
Las grandes superficies no acaban de decidirse por las bolsas 'verdes'. Mientras la tradicional cuesta unos 0,015 euros, la ecológica puede llegar a los seis céntimos

Otra solución pasa por sustituir estas bolsas por otras de material biodegradable. Así, en España, el Ministerio de Medio Ambiente pretende que para 2015 el 70% de las bolsas sean biodegradables. Francia va más allá, y una ley de 2005 dispone que todas las bolsas deberán ser de bioplástico en 2010.

Bolsas 'verdes'

Estas campañas contra las bolsas tradicionales han hecho que la industria del bioplástico esté en auge. En España, una empresa ubicada en Utebo (Zaragoza), filial del grupo Sphere , primer productor europeo de bolsas de plástico, utiliza fécula de patata para las nuevas bolsas biodegradables, de las que ha producido 80 toneladas en los últimos seis meses. Estas bolsas empiezan a degradarse en unos 10 días por la acción del sol, y los microorganismos la convierten en compost al cabo de unos seis meses. Estas bolsas serán las empleadas en Expo Zaragoza 2008.

En Italia, diversas empresas utilizan el maíz y el girasol. En Canadá y en Francia se ha desarrollado un aditivo, el Totally Degradable Plastic Additive (TDPA), que convierte en biodegradables a los plásticos tradicionales, aunque el coste de fabricación se encarece entre un 10 y un 20 por ciento.

Las grandes superficies no acaban de decidirse por las bolsas 'verdes' por razones económicas. Mientras la bolsa tradicional cuesta alrededor de 1,5 céntimos, la biodegradable puede llegar a los seis céntimos. Hasta que lleguen las 'buenas', algunos establecimientos cobran las bolsas, como Dia y Lidl, lo que reduce el despilfarro de los usuarios. Otros, como Alcampo, Carrefur y Eroski, venden bolsas reutilizables de mayor calidad que las gratuitas.

Cicloplast , una organización sin ánimo de lucro creada por  fabricantes y distribuidores de plásticos, firmó un acuerdo con las grandes empresas de distribución para impulsar campañas de sensibilización ciudadana contra el despilfarro de bolsas y por el reciclado.

Estados Unidos y la Unión Europea consumen el 80% de la producción mundial, mientras en España, cada ciudadano gasta una media de 238 bolsas al año, 10.000 millones de unidades en total, que suponen más de 97.000 toneladas, de las que apenas se recicla el 10%, según datos de Cicloplast.

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Author of this article: César Usán Supervía

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