Crimen y castigo

( 13 Valoraciones ) Quique Azcona Benito

Cataluña a Rusia como Barcelona a Sant Petesburgo, estaríamos en el siglo XXI como en el XIX: con un candil en las casas y el ejército en la calle

Opinión


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Raskólnikov
es el protagonista de la obra sublime de Dostoievski. La miseria, la soledad y las contradicciones internas acompañan a Rodión después de cometer un brutal crimen fruto de la desesperación. El castigo por romper las normas establecidas, a pesar de creer estar por encima de ellas como si se tratara de un poderoso cualquiera, lo lleva a la ruptura con el resto de sociedad y al suicidio moral.

Nos quedan meses de retrasos y averías ferroviarias, de cortes de luz, humos y ruidos de generadores... y no pasará nada
Se acercan elecciones [...] más vale "Bambi" conocido que "sr.No" por conocer. Pero hay una tercera vía  [...]:la opción soberanista
Reclamar sin tapujos que puestos a estrellarnos, preferimos hacerlo sin que nos empujen

La inmunidad de los ricos al ningunear las reglas del juego y la amenaza constante a los pobres ante cualquier movimiento al margen del sistema se reproduce todavía en el siglo XXI. El miedo domina nuestras vidas y nos congela de inmediato si se nos pasa por la cabeza cualquier tipo de acto de rebeldía. Las hipotecas prácticamente impagables, la precariedad laboral, la deficiencia en los servicios básicos como el transporte, la sanidad, la deficiencia en educación y plazas escolares, la competencia por los recursos cada vez más directa con la gente inmigrante que veíamos tan lejana... la luz!.

Continuando con la novela, Cataluña a Rusia como Barcelona a Sant Petesburgo, estaríamos en el siglo XXI como en el XIX: con un candil en las casas y el ejército en la calle. Pagamos para todo a cambio de nada y aceptamos la limosna de las grandes multinacionales dando las gracias por llegar al trabajo y que nos funcione el frigorífico. Nos quedan meses de retrasos y averías ferroviarias, nos quedan meses de cortes de luz, humos y ruidos de generadores... y no pasará nada. Esto se llama "ser cornut i pagar el veure".

Se acercan elecciones en el país de la pandereta y volverá el discurso del miedo, más vale "Bambi" conocido que "sr.No" por conocer. Pero hay una tercera vía que, bajo la excusa del pragmatismo y el voto útil, parece olvidarse en muchos casos cuando se trata de decidir el gobierno del Estado y por lo tanto el futuro de muchas infraestructuras: la opción soberanista, el puñetazo en la mesa para decir basta. Ciudadanía y políticos catalanes, rebosando artazgo, quizas concluyamos que se acerca el momento de probar vías alternativas, optar por reclamar sin tapujos que puestos a estrellarnos, preferimos hacerlo sin que nos empujen.

Mientras tanto, como decía el mismo Dostoievski, llegará un Napoleón cualquiera y ordenará destruir toda la ciudad. Siempre ha pasado así en el mundo y si no es Napoleón, una multinacional cualquiera que sabe que no recibirá castigo por su crimen.

 



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