Una comida al día, un baño a la semana

( 37 Valoraciones ) Ana María Roncero Medina
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El almuerzo que reciben en la escuela es lo único que comen en el día

TEGUCIGALPA.- El día que visité la Escuelita San Juan Bautista, en la colonia La Nora, en Tegucigalpa, creo que terminé de darme cuenta plenamente de la durísima realidad que me rodea todos los días y ante la que cada vez estoy menos extrañada.

Incluye galería fotográfica del reportaje

Para llegar a esta pequeña escuela, que en sí misma es solamente un aula, tuvimos que atravesar un enorme descampado y cruzar un riachuelo de aguas sucias y muy turbias. Y allí, entre suciedad, chabolas, cerdos enlodados y una increíble pobreza, se hiergue este proyecto: un recinto que desde hace dos años pone luz en la vida de los niños de las comunidades de Los Encuentros y La Nora.

Gracias a esta iniciativa de ACOES ( www.acoes.org), 49 niños por la mañana y 25 por la tarde tienen la posibilidad de recibir una educación. Las clases son heterogéneas y abarcan diferentes edades, así que básicamente hay un nivel para pequeños (hasta seis años aproximadamente) y otro para mayores (el resto). 
"Entre suciedad, chabolas, cerdos enlodados y una increíble pobreza, se hiergue este proyecto"
"el baño tiene una triple intención: crear un hábito, asearlos y que se sientan queridos e importantes"
"Una de las maestras nos enseñó, a poca distancia de la escuela, una cueva en la que una hondureña y sus siete hijos vivieron durante tres años"

Al principio, estuve reforzando las enseñanzas del día y después bañamos uno por uno a todos los pequeños, al aire libre y con agua fría. Se les baña una vez a la semana, pues sus familias no los lavan y tampoco les dan muchas muestras de cariño, así que el baño tiene una triple intención: crear un hábito, asearlos y que se sientan queridos e importantes. Así lo comprobé cuando todos querían que les echara un poco de colonia. No por el líquido en sí sino porque les hacía ilusión que les diera "esa loción".

Bañar niños es una de las tareas más divertidas que he hecho hasta ahora. Pero también me pude sentir útil cuando dos niños se hicieron heridas en las manos y pude curarles. Parece algo muy simple (en realidad lo es), pero sus madres no saben curarlos ni tienen medios, así que sentí que aquel pequeño trabajo era importante.

Después de jugar un rato en el patio (el exterior de la escuelita, que también sirve de aula a los mayores), servimos el almuerzo, que para mi sorpresa es la única comida que la mayoría de ellos recibe al día . Y eso que por las tardes muchos son vistos sacando arena del río para que sus familias la venden y obtengan unos mínimos recursos para su superviviencia.

Entre una cosa y otra, una de las maestras nos enseñó, a poca distancia de la escuela, una cueva en la que una hondureña y sus siete hijos vivieron durante tres años. La pared en la que cocinaba todavía está negra y la vegetación aún no ha cubierto el suelo en el que tendían los cartones para dormir .

Como he dicho, ese día me percaté realmente de la pobreza de los lugares por los que nos movemos a diario. Estaba como anestesiada, mirando a un lado y a otro las chabolas asentadas en la tierra, a una chica de 16 años embarazada de su segundo hijo, a los niños que todavía eran obligados a trabajar todo el día sin estar escolarizados... Y fui consciente de lo peligroso que es transitar por allí sin que te acompañe la maestra de la escuela, que afortunadamente es conocida y respetada por la gran mayoría de los habitantes de estas colonias.

El reportaje en imágenes


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Ana con los alumnos de La Nora, después del baño
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Ana dando refuerzo escolar a los alumnos de 3 a 5 años
 
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El interior de la escuela, que sirve de aula a los pequeños
 
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Una casa de la colonia La Nora
 
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Una vivienda de la colonia Los Encuentros
 
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Ana secando a una niña después de asearla
 
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Escuelita San Juan Bautista, utilizada también como aula de mayores
 
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En esta cueva vivió una hondureña con sus siete hijos durante tres años
 


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Author of this article: Ana María Roncero Medina

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