El equilibrio de Pakistán

( 15 Valoraciones ) John Joseph Kenneth Bonham

Pakistán poco a poco se contagia del radicalismo terrorista en el islam, tanto contra occidente como en la lucha sunníes-chiíes. La única potencia nuclear en país islámico se enfrente a una cada vez mayor contestación al régimen dictatorial de Pervez Musharraf y, al tiempo, una mayor fuerza de las organizaciones extremistas islámicas.

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Abdul Rashid Ghazi (terra.es)
El suceso, acabado en sangre, del encierro en la Mezquita roja de Islamabad escribe un episodio de desencuentro entre el régimen y los radicales. Pakistán hasta ahora “aliado” de los taliban, o al menos conocedor y consentidor de actividades en el país, y “aliado” de occidente, a pesar de su escaso apoyo a la lucha contra el terrorismo ve tambalear su posición preponderante con la larguísima sombra de Irán rehabilitándose poco a poco.

Pakistán ha dado amparo y santuario a los taliban. En su doble rasero de apoyo a EEUU y, al tiempo, al islam más descarnado, el golpista Pervez Musharraf obtenía beneficios también dobles: no enemistarse con la mayor superpotencia y, al tiempo, contentar a los emires islamistas de ambos lados de la frontera con Afganistán.

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Musharraf (dictatorofthemonth.com)
El enfrentamiento no solo político sino ideológico en la mezquita roja, tras atrincherarse varios cientos de islamistas, se saldó con la muerte de un lider radical, de cientos de sus acólitos y la sensación de que los islamistas ya no ven a Musharraf como un aliado, aún accidental. Este enfrentamiento creciente hace que Musharraf no puede sentir a los islamistas como aliados al menos de cara a la galería internacional. En este punto de enfrentamiento al sistema político de Pakistán se unen tanto los que piden más democracia para Pakistán como los que reclaman un estado islámico.

Alimentar la hidra islamista ha traido no pocos problemas: la más que probable política de apoyo ha fortalecido a los islamistas radicales hasta el punto de haber comenzado una campaña de atentados de guerra de nervios que puede dar lugar a un levantamiento civil y, al tiempo, el distanciamiento con occidente por su parco apoyo a la lucha contra el terror. Hasta ahora el ejército, verdadero protagonista de la vida política de Pakistán en su historia, apoya a Musharraf pero paso a paso los islamistas más radicales le acosan. Y todo esto en el único país musulman con la bomba atómica.


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