La colonia de la paz

( 9 Valoraciones ) Ana María Roncero Medina

El Naranjo y alrededores hay mucha gente buena y sencilla que vive con mínimos recursos pero que no vacila en ofrecerte un refresco y darte las gracias simplemente porque les visitas y compartes con ellos unos minutos

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¡Alo! ¿Cómo estuvieron? Tras este saludo tan típicamente hondureño paso a relatar mi fin de semana en la Colonia de El Naranjo, situada en el departamento de La Paz, a cinco horas de viaje en carro (ranchera) desde la capital, Tegucigalpa.

En el viaje de ida paramos en Marcala, la capital departamental de La Paz, para aprovisionarnos de agua embotellada, la única que los españoles podemos tomar si no queremos sufrir la turista, o sea diarrea. Un poco antes, aprovechamos a visitar la casa Populorum para chicos y chicas de diferentes comunidades rurales que se inaugurará el próximo año.
"En el viaje de ida paramos en Marcala, la capital departamental de La Paz, para aprovisionarnos de agua embotellada, la única que los españoles podemos tomar si no queremos sufrir la turista, o sea diarrea"

El objetivo del viaje a la Colonia de El Naranjo, que apenas dista unos kilómetros de la frontera con El Salvador (país vecino y hermano), era comprobar la buena marcha de la construcción de viviendas nuevas para 51 familias de esa comunidad y las aledañas, que actualmente viven en casas de madera, lodo y ramas. Ninguno tiene luz eléctrica y sólo algunos disponen de agua corriente.

Guille (Barcelona), María (Valencia) y yo nos alojamos con los hondureños Jaime, voluntario de ACOES (www.acoes.org) y coordinador del proyecto, Marcial y el joven Neptalí en la casa de don Pablo, que, a pesar de no ser beneficiario del programa coordina la comunicación entre las familias y ACOES por el mero hecho de beneficiar a su comunidad.

"Los habitantes de las comunidades rurales son personas ingenuas en el mejor sentido de la palabra, pues la televisión, la radio y el exterior aún no les ha pervertido"
En El Naranjo y alrededores hay mucha gente buena y sencilla que vive con mínimos recursos pero que no vacila en ofrecerte un refresco y darte las gracias simplemente porque les visitas y compartes con ellos unos minutos. ¡Y eso que no te conocen de nada! Allí la hospitalidad, la ayuda al prójimo, la buena educación, la confianza y el sentimiento de compartir aún perviven. Los habitantes de las comunidades rurales son personas ingenuas en el mejor sentido de la palabra, pues la televisión, la radio y el exterior aún no les ha pervertido.

Y como dijo Jaime: "Gracias a ellos, aún respiramos", pues contribuyen a preservar la Naturaleza. Es cierto que allá se respira oxígeno, y del más puro. La zona es montañosa y está tapizada por infinitos maizales y otras plantas y frutas que harían las delicias de un ingeniero agrónomo. Durante el día, la alfombra verde se une con el cielo azul y luminoso. De noche, ese mismo cielo se torna en la mejor esfera para contemplar las estrellas ¡sin contaminación lumínica!

El artículo en imágenes


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El grupo del viaje en Marcala, capital departamental de La Paz
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Exterior de la nueva Casa Populorum, como en la que yo estoy alojada
 
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Yo con Juansito y Lucía, dos niños de la comunidad de El Naranjo
 
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Uno de los 51 beneficiaros del proyecto de nuevas viviendas
 
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Paisaje de la zona
 
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La casa modelo: así quedarán todas las viviendas
 
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Author of this article: Ana María Roncero Medina

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