Escrito por John Joseph Kenneth Bonham Martes, 12 de Junio de 2007 07:55


Un profundo análisis sobre la estructura de intereses económicos, políticos y militares de la actual Rusia y sus futuras consecuencias
Cuando se deja de creer en Dios se empieza a creer en cualquier cosa. Chesterton en Wikiquotes.
Putin, a punto de agotar sus dos legislaturas se apresta a los cambios políticos y legales necesarios para seguir ejerciendo su poder desde la sombra
Esto es lo que pasa en Rusia. Se ha dejado de creer en el Dios Marx y lo que parecía que era la llegada del sistema liberal de mercado y, casi como corolarios, de la democracia, la libertad y los derechos humanos al final no ha sido así. La democracia vigiladísima y los disidentes y medios o bien acallados por el miedo, o sentenciados a muerte en un clima de impunidad.
El regimen de Putin está ordenado y gobernado por una plutocracia que controla las empresas nacidad de la privatización de las antiguas y gigantescas compañías soviéticas que gestionan increíbles recursos, un ejército en sí mismo postulado como protagonista de la política, economía, guerra y un trasfondo de espionaje, corte, corrupción, opacidad y silencio.
La influencia no atemperada del heredero de la gran superpotencia URSS mantiene su situación de protagonista necesario y visible en los conflictos del mundo: Irán, Corea del Norte, Venezuela, etc. Esto hace que la situación de neocapitalismo mafioso ruso haya de ser asumida e incluso favorecida por el resto de superpotencias. El poderío demográfico, de influencia, nuclear, militar, energético, de recursos, económico, en manos de magnates, la influencia directa en oriente medio, así como la forma de hacer política, "a la soviética", de Putin hace que, como pasa en China, cada hecho o cada circunstancia que ocurre en el país, social, haya de interpretarlo en términos políticos y tenga importancia global.
La situación es tal que los parámetros de la democracia son sólo puntuales, ornamentales, borrados o casi dejados en objeto de museo. Los tecnócratas, de la mano del ejército, los grupos energéticos y de distribución y, al final, de la mafia, tejen su red en el estado. La única esperanza de muchos rusos son los aires de democracia que llegan desde la fronteriza Unión Europea (desde 2004 en el que ingresó Polonia), aunque no parece ser el camino elegido por los inquilinos del Kremlin.

La gran balsa de petróleo y gas del Cáucaso, junto con la inminente y voraz secuencia de enfrentamientos en Chechenia con el islamismo más radical, parecería que coloca a Rusia en una posición más cercana a la de la Unión Europea y EEUU. Pero el resultado no es así. Rusia siempre ha sido un lobo solitario tolstoiano cuyos intereses -siempre propios- no siempre han sido los de todo el país. Pero la resolución de los problemas ocultos y escondidos recuerdan los tiempos más duros de la KGB, de la que Vladimir Putin fue eficiente funcionario.
El modelo político y económico ruso se basa en este grupo de poder omnipotente y riquísimo de lujos excéntricos. Putin, a punto de agotar sus dos legislaturas se apresta a los cambios políticos y legales necesarios para seguir ejerciendo su poder desde la sombra. La guerra de los delfines augura un comienzo de inestabilidad gruesa no solo en el país sino en todo el mundo por las repercusiones de un posible cambio de estrategia.
La transición a la economía de mercado, tensísima, trajo la enajenación oscura de bienes del estado. En los noventa, el intento de reconducción, por parte del primer ministro Gaidar, para evitar estos macrolobbies, fue contrarrestado por la nueva nomelklatura "kapitalista", en la cara de Chernomirdin.
Todo esto ha dado como resultado una economía viciada de política o una política viciada de ejército, puede que un ejército manipulador del espionaje en beneficio propio en un sistema poliédrico y complejo donde existe una corrupción y especulación galopantes, los beneficios ingentes, el decaimiento súbito del sistema soviético y el auge de una nueva clase dirigente plutócrata a la que no paraba la justicia ni la ley para la consecución de sus fines y donde la opinión pública es sometida a fuerza de medios de comunicación afines o de antidisturbios con "carte blanche" o con la pistola sin más.
La situación actual permite la más que sospecha de involucración del gobierno prorruso en Chechenia en asesinatos de periodistas, políticos e incluso del espía Litvinenko con un cortinaje de silencio y oscuridad, la connivencia entre empresarios de pasado oscuro, espías, mandos del ejército y políticos que se reparten el país no sólo en extensión sino en el tiempo.
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