Escrito por John Joseph Kenneth Bonham Miércoles, 18 de Abril de 2007 08:16

Análisis
Irán juega, baza a baza, una partida de poder y dominación con la comunidad internacional. En los diferentes envites muestra tanto la influencia, el peso y el apoyo que tiene, pero sobre todo, de la posibilidad de conjugar la rigidez con el pragmatismo más flexible. En ese escenario es donde se habrán de resolver algunos de los temas más espinosos de Oriente Medio.Irán ha sufrido muy recientemente diversas pruebas de presión política o sobre la 'potencia' de su régimen. De forma cronológica:
Las facciones 'liberal' y 'conservadora' del régimen se distancian del grupo de Ahmadineyad y viven en dura pugna, incluso dentro del Gobierno
- La presión nuclear por su programa de enriquecimiento de combuistible nuclear para uso civil/ militar. La falta de colaboración del régimen hace sospechar que su interés es algo más que civil.
- La dulce derrota en el Líbano, mediante su aliado proxy Hezbollah, en la guerra del pasado verano.
- La ida y vuelta de la guerra de la insurgencia/terroristas chiíes cercanos o bajo el mando del clérigo Al Sadr, actualmente resguardado en Irán, y que ha retirado a sus ministros en el gobierno de Maliki por negarse a fijar una fecha de retirada de las tropas estadounidenses.
- El folletín propagandístico del apresamiento de militares británicos en las aguas disputadas entre Irán e Irak del estrecho de Ormuz.

Ahmadineyad, el presidente iraní
A modo de sorprendente ejemplo, cabe decir que se comenta que el apresamiento de los marinos británicos, planificado y realizado por fuerzas especiales de los Guardianes de la Revolución, se hizo sin el conocimiento del Primer Ministro. En esta situación, las consecuencias que se pueden sacar de este pulso iraní puede ir en muy diferentes direcciones: la primera, de aceptación de su jaque, lo que implicaría la creación de una nueva potencia y, por tanto, un nuevo equilibro de fuerzas e, incluso, de carrera militar. La segunda, de constatación de la influencia mostrada tanto en Líbano y Palestina como en Irak, lo que implica que una solución en Oriente Medio necesita del concurso obligado de Irán.
Irán puede jugar tanto el juego del radicalismo como el del pragmatismo. La amenaza de invasión parece improbable por los intereses que le unen a Rusia, China e India
Los acuerdos a los que se haya llegado para la libertad de los marinos, tanto como si no ha sido ninguno como si ha obligado al ejecutivo de Blair a alguna componenda, obliga a pensar que Irán puede jugar tanto el juego del radicalismo como el del pragmatismo, lo cual le da una herramienta frente a los desgastados ejecutivos de Londres y Washington. La mera posibilidad de que haya habido un acuerdo con el gobierno del 10 de Downing Street refuerza la capacidad de los persas para obtener beneficio incluso de esa derrota propagandística.
El último horizonte, la amenaza militar, por mucho que se lance como globo sonda, parece muy lejos de la tierra de Persia, sobre todo considerando los múltiples y poderosos intereses que unen al régimen de Teherán con el mundo del petróleo, del gas y, sobre todo, de las potencias Rusia, China e India.
De esta manera, y con Irán manejando como croupier o tahúr las cartas de la tensión internacional y el acuerdo en el último minuto, cabe preguntarse, ante la paciencia mostrada por la potencia nuclear norcoreana, chantaje en toda línea, ¿qué nos deparará el futuro a occidente con un adversario de este calado?
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