Nodo libre
Transparencia, códigos éticos y subvencionesEscrito por Juan Bautista Ybañez Centeno Domingo, 15 de Abril de 2007 09:32
Una defensa de las pequeñas ONG y su labor frente a la tiranía del dinero público
Conclusión, ya no hay nadie 'limpio', ni tan siquiera esas organizaciones que nos ayudan a todos, o al menos a una gran parte, a dormir bien por las noches después de haber firmado un documento por el cual te comprometes a que un niño, una niña o incluso un pueblo entero reciba una ayuda, un apadrinamiento le dicen, para que pueda estudiar, comer, tener médico o vete tú a saber qué.
Y claro, ahora puedo dormir bien de nuevo, después de una pequeña desazón, porque no hay nadie que realmente esté haciendo una labor ya no digo social, si no humanitaria; estoy libre de hacer de mi capa un sayo y no perder un segundo de mi valioso tiempo en pensar en desequilibrios económicos, en hambres, en guerras o en injusticias varias y marchar alegremente al Carrefur a comprarme la última moda importada de Taiwan.
Pero hablemos un poquico sobre esto. Acabo de leer que "... tres grandes ONGs han hecho un llamamiento público para que las organizaciones españolas de este tipo suscriban un código de transparencia..." en las cuestiones de financiación, gestión y toma de decisiones que, debe ser según ellas, democrática. Perfecto. Creo que a este tipo de llamamientos los seguimos todos, al menos de manera formal, trabajemos en una ONG, en un ayuntamiento o en una pollería. Pero el problema es ¿qué pasa con las organizaciones locales, pequeñas, que dependen en gran medida o absolutamente de las subvenciones que ofrecen las distintas administraciones públicas?
Más del noventa por ciento de las asociaciones que prestan algún tipo de servicio social o cultural en nuestro país son de este tipo: organizaciones pequeñas, que rayan el límite de la supervivencia y que realizan una ingente labor que los servicios sociales, culturales, juveniles, etc. públicos han dejado de prestar. Al margen de la ética que esto supone, o de su falta por parte de las adimistraciones públicas, este tipo de asociaciones, sin ánimo de lucro, están manteniendo una red que, si desapareciera, ciertos sectores se verían hundidos en la miseria: por poner un ejemplo, el de las personas con discapacidad psíquica.
Estas organizaciones salen muy baratas. Por una parte, los llamados recursos materiales corren por cuenta de ellas; por otra, los humanos, también. El Estado (central, autonómico o municipal, es lo mismo) se ahorra sueldos (y funcionarios y personal que exigirían unas condiciones mínimas de formación y salario), infraestructuras (en buenas condiciones y con todos los servicios; si no fuese así, ya se encargarían los trabajadores de protestar) y desgaste político (ante un problema con el "servicio", por ejemplo, una guardería infantil, la autoridad competente se refugia en un "no teníamos conocimiento de ello" y "lo arreglaremos enseguida" cambiando la organización que presta dicho servicio y no el sistema). Y en última instancia, poco a poco, destruyendo el sistema de protección social que debe de asumir el Estado y privatizando (me refiero a nivel empresarial, porque de hecho ya está privatizado al no ser público) los sectores que pueden generar beneficios y abandonando a su suerte al resto.
Pero el asunto no termina aquí. Aceptemos por un momento que este sistema de subvenciones, en donde las personas que prestan los distintos servicios están subcontratadas, con unos salarios miserables sin ningún tipo de convenio por el que regirse, los locales, en el mejor de los casos, no reúnen las concidiones medias y la precariedad, en suma, es permanente. Aceptemos como digo esta situación en la que la mayoría de las veces las cosas se hacen gracias a personas que sí tienen un mínimo ético que les impide "dejar en la estacada" a las personas que utilizan estos centros o servicios, a pesar de que no cuenten con apenas salarios ni casi recusos materiales, he de decir que la administración juega sucio porque las subvenciones, cuando llegan, llegan tarde, o mal, y la justificación de las mismas es un clavario cuando no directamente falsa.
Me explico. Las subvenciones, como cabría esperar, no se ofertan el primer día del año y se resuelven en la primera quincena del mismo, si no que, en el mejor de los casos, salen publicadas en los distintos boletines oficiales en la primera mitad del año, es decir, entre abril y mayo, la tramitación y la toma de decisión por parte del gobierno de turno se produce en un plazo de noventa días (hacia junio-julio) y el dinero llega a los treinta días de publicada la decisión (agosto-septiembre). La justificación de las subvenciones suelen tener que realizarse entre octubre y la primera mitad de diciembre, dependiendo de los casos, lo cual significa que hay que haber hecho el gasto del dinero, y presentar facturas de ello, en algunos casos en un solo mes.
Y no olvidemos que las solicitudes económicas son para los gastos de todo el año. Solución: facturas falsas (o apañadas por alguna empresa amiga). De esta manera se "libera" el dinero para el año siguiente en el que nos volveremos a encontrar en esta situación. Obviamente todo el mundo conoce estas prácticas, en primer lugar los políticos que hacen las leyes y crean estas situaciones que son, como mínimo, perversas por no decir miserables. En este sentido, es conocido el caso de una cierta consejería de juventud que entregó el dinero de las subvenciones dos semanas después de exigir la justificación (y las facturas) de dicha subvención...
Y en medio de todo esto, gente que necesita esos servicios (por poner otro ejemplo, mujeres maltratadas en centros de acogida), gente que trabaja para ofrecerlos en condiciones que se asemejan a la "santidad" (trabajadoras sociales, psicólogas y enfermeras que desarrollan su labor con prostitutas de la calle), gente que pelea para que la sociedad en la que vivimos sea más habitable (voluntarios que trabajan con niños en situación de exclusión social)... Desde aquí un homenaje a todos ellos.
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