Escrito por John Joseph Kenneth Bonham Domingo, 15 de Abril de 2007 09:48


Primera parte de una serie de entregas sobre el problema iraní
Los referentes hacen pensar que la solución bélica, enfrentada a posturas contrarias de China, Rusia o la potencia nuclear que también es Pakistán, podría supener el inicio de una nueva guerra mundial

Irán atesora un caudal histórico de enfrentamiento con occidente, principalmente con EE UU desde la crisis de los rehenes en la embajada de Teherán en 1980. Esta tensión ha crecido desde la llegada al poder del ultraconservador Mahmud Ahmadineyad hasta llegar la situación actual por el avance de la tecnología nuclear en Irán.
Teherán viene desarrollando un programa nuclear desde 1974, bajo el mandato del Shah Reza Pahlevi. Tras el parón dictado por el Ayatollah Rushollah Jomeini, volvió a su desarrollo, ya sin control norteamericano hasta la situación actual de enfrentamiento. Su programa nuclear ha crecido a partir de la colaboración de Corea del Norte, Pakistán, China y de Rusia. Y amenaza tanto a oriente medio como al orden internacional.
El desarrollo social y económico de Irán parece requerir un mayor consumo energético. Estos mayores requisitos le plantean la necesidad de energía nuclear, a pesar de ser productor internacional de energía. La posibilidad de que esta tecnología se emplee de forma bélica es lo que descabala todo este desarrollo entendible.
Irán, el único país en Oriente Medio, y junto a la accidentada democracia palestina, cuyo sistema se parece algo a la democracia "a la europea". Sin embargo el islamismo más radical, acrecentado por una política occidental nefasta en la zona, ha dado alas al islamismo más excesivo extendiéndose desde el océano atlántico: Marruecos, Mauritania; hasta el océano atlántico en Indonesia y llegando hasta Europa, el África negra y las guerras abiertas en Irak, Afganistán y Chechenia. Esta pulsión agresiva y expansiva, apoyada por Arabia y cuyo jalón más radical es Al Qaeda, la internacional del terror, refleja un sentimiento de la población árabe y musulmana de resistencia contra occidente. Irán se postula como un referente de resistencia y orgullo musulman y persa frente a occidente.

Irán representa un referente demográfico, setenta
millones de iraníes, ideológico -de enfrentamiento a EE UU-, religioso, representando el Islam chií más radical y estratégico en la
zona. Políticamente apoyando a Hezbollah y Hamás así como en confrontación
con el Islam sunní aliado de EE UU y de imagen, por ser el
enemigo mayor de Israel.
También es, como se comenta, un hito en el imaginario colectivo de resistencia de los musulmanes frente a occidente. La situación de una eventual y desastrosa invasión de Irán como tercera parte de las guerras de Afganistán e Irak sería el desencadenante de una guerra en todo oriente medio de proporciones inpensables y que, a diferencia de la guerra de Irak, sería dificil de ocultar para la opinión pública norteamericana tras espejismos como las armas de destrucción masiva o la colaboración con Al Qaeda. La posición tanto de China, como de Rusia o Pakistán, potencia nuclear islámica, darían la verdadera magnitud de lo que podría ser el inicio de una guerra mundial.
A todos esos puntos se añade Irán su potencial militar valorado en la guerra con Irak y energético, tanto en el petróleo: cuarto mayor productor del mundo y tercera mayor reserva, como en el gas: sexta mayor producción del mundo y segunda máxima reserva de gas.
Irán en su escalada y desarrollo resiste las presiones occidentales y de la ONU y continua la guerra de tensión y de avance hacia el feo horizonte de la bomba nuclear. Tiene suficientes ases en la manga como para salir indemne de su propósito
Por si todas estas circunstancias fueran pocas, la mera posibilidad de que el viaje nuclear de Irán fuera dirigido además de para obtener energía barata, para obtener la ansiada bomba atómica, contextualiza el conflicto y las posibles repercusiones en el continente y en todo el orden mundial. Una nueva potencia mundial que abriría una nueva guerra fría en otros ámbitos y circunstancias no evaluadas en su totalidad.
Todos estos parámetros, petróleo, gas, ideología, religión y desarrollo nuclear han sido hitos en lo que ha estribado la posición iraní y salvo que entre las sanciones derivadas de las disposiciones 1736, 1737 y 1747 de Naciones Unidas de llegue a la posibilidad de acciones militares directas, lo cual es muy poco probable por el veto de Rusia y China, el reciente caso norcoreano y la situación política interna de EE UU, es muy probable que se convierta en una gran potencia en el siglo XXI.
Irán en su escalada y desarrollo resiste las presiones occidentales y de la ONU y continua la guerra de tensión y de avance hacia el feo horizonte de la bomba nuclear. Tiene suficientes ases en la manga como para salir indemne de su propósito.
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En un siguiente artículo pasaremos
revista a la cronología más principal de este desencuentro antes de entrar en
las causas, y consecuencias más plausibles del conflicto.
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