El Ebro y las buenas intenciones

( 4 Valoraciones ) césar usán supervía

"Ya llevamos demasiado tiempo en Aragón debatiendo la forma de hacer frente a las riadas del Ebro. Es posible que la tozudez que nos suele asistir por estas tierras nos haga más impermeables a los nuevos aires que corren en materia de aguas"

Opinión


A casi todo el mundo le acompañan las buenas intenciones a la hora de proponer soluciones a las riadas del Ebro.

"... las mejores intenciones generan a veces las peores catástrofes. Véase si no las barbaridades que la fiebre urbanística está provocando (...)  por las 'buenas intenciones' de sus alcaldes"
Los alcaldes, que suelen buscar lo mejor para sus vecinos, y los agricultores hacen hincapié en que se drague el cauce quitando gravas y maleza. Los ecologistas, con la Fundación Nueva Cultura del Agua a la cabeza, entienden que estas medidas destrozan el río y no solucionan el problema a medio plazo. El río, dicen en la Fundación, es un ser vivo que precisa una zona de libertad que lamine las crecidas, un espacio mucho más eficaz que los diques y los embalses. Y en medio, presionada por ambos flancos, está la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE). Su presidente, José Luis Alonso, ha vuelto a sacar su sentido común al decir que el problema es complejo y, por tanto, las soluciones son variadas y nada fáciles.

En este grupo de las buenas intenciones no entran los oportunistas de siempre que, con la mentalidad anclada en el pasado, siguen defendiendo grandes embalses y/o el faraónico trasvase al Levante.

Lo que pasa es que las mejores intenciones generan a veces las peores catástrofes. Véase si no las barbaridades que la fiebre urbanística está provocando en numeros pueblecitos de nuestra geografía amparadas por las "buenas intenciones" de sus alcaldes, que, con la mejor voluntad del mundo, quieren lo mejor para sus municipios.

"No estaría mal que la CHE invitase a los alcaldes ribereños a visitar el Rin unos días para  ver si esos nuevos aires impregnan sus buenas intenciones"
Algo parecido puede suceder si encerramos el Ebro entre diques kilométricos de contención o dragamos su cauce. Hay que salvaguardar los pueblos y sus habitantes. Pero para ello no es necesario robarle a un río lo que es propio de su dinámica natural, como ya han demostrado en otros sitios de Europa y EE.UU.

Ya llevamos demasiado tiempo en Aragón debatiendo la forma de hacer frente a las riadas del Ebro. Es posible que la tozudez que nos suele asistir por estas tierras nos haga más impermeables a los nuevos aires que corren en materia de aguas. Pedro Arrojo, de la Fundación Nueva Cultura del Agua, suele poner como ejemplo lo que han hecho con el majestuoso Rin, tras aplicar fechorías similares a las que, con su mejor intención, proponen algunos aquí. No estaría mal que la CHE invitase a los alcaldes ribereños a visitar el Rin unos días para ver si esos nuevos aires impregnan sus buenas intenciones. Estoy seguro de que el señor Arrojo les acompañaría muy gustosamente, aunque tuviera que pagarse el viaje de su bolsillo. También podría ir el cosejero de Medio Ambiente, señor Boné, a ver si aprende algo de su materia.

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Author of this article: césar usán supervía

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