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Venezuela y Colombia:una historia de injerencia, ideología, narcóticos, guerrilla y fronterasEscrito por John Joseph Kenneth Bonham Viernes, 06 de Abril de 2007 23:10

Análisis
La situación de tensión entre Venezuela y Colombia denota una situación de diferente concepto ideológico y político. Además, la
influencia de la guerrilla (FARC y ELN) y del narcotráfico hace que ese
desencuentro se traslade a todo el continente por debajo de la frontera
norteamericana.
La situación de enfrentamiento creciente entre Hugo Chávez y Álvaro Uribe, hace que los avatares en la frontera común repercutan en todo el continente. Las regiones fronterizas de Apure en Venezuela y Arauca en Colombia son el lugar donde se escenifican los desencuentros y donde, tanto narcos como guerrilleros, aprovechan la ausencia de la autoridad para establecer estados dentro del estado.
Hugo Chávez pretende expandir su revolución bolivariana, con tintes guevaristas, por el continente y, al igual que en los primeros tiempos de la OPEP, emplea el petróleo como una herramienta o arma para la expansión de sus ideas. Este afán demagógico choca con la caída de la economía venezolana, a pesar del flujo imparable de petrodólares. Los poderes se funden en Venezuela para originar el nuevo gran autoritarismo caribeño, la oposición es invitada con mejores o peores modales a abandonar el país y la libertad de expresión es cercenada sin compasión.
Los conflictos bélicos en Colombia han expulsado del país a 443.000 ciudadanos que huyen de ese teatro de confrontaciones ideológico-económico en el que se ha convertido el país. Enfrentamientos, violencia, secuestros, narcotráfico, con una sospechosa connivencia, en algunos casos, de los poderes dan un escenario para la emigración.

En Colombia conviven junto con el estado los modelos: guerrillero, sustentados por el narcotráfico de las FARC y ELN; la contraguerrilla-paramilitar, ya demovilizadas pero aún operativas políticamente, Autodefensas Unidas de Colombia; y los omnipotentes narcos. A esta ensalada se une el posible apoyo de Hugo Chávez, ya sea activo o por dejación, a las actividades de la guerrilla. Venezuela sería el santuario, zona de entrenamiento, lugar de aprovisionamiento o huida. La injerencia de Venezuela en la política de Colombia se remonta a los tiempos de Carlos Andrés Pérez, en los ochenta.
Sin embargo, también la injerencia en el país vecino proviene de Colombia. El intento de pustch de las guerrillas colombianas paramilitares contra Chávez en el pasado cercano, en el norteño estado de Zulia, presentó la ayuda, no del todo disimulada, de EE UU y la sospecha de apoyo de Colombia. Con estos movimientos, la frontera entre los países ha tomado un cierto sabor caribeño, andino y tropical de Berlín y Check point Charly.
La situación tensa Colombia-Venezuela se ha alimentado de estas acusaciones cruzadas de injerencia con la guerrilla y el narcotráfico de por medio y la diferente concepción de la política como fondo.
El liberal Álvaro Uribe es el gran receptor de fondos (Plan Colombia) y aliado de EEUU en la zona y, por tanto, el enemigo ideológico de Hugo Chávez. La apuesta arriesgada de Uribe por recuperar el estado de las poderosas redes narco y terrorista-guerrillera ha traído como consecuencia un aumento de la seguridad y de la confianza pero no de la calidad de vida de los colombianos.
Colombia se
opone al cultivo de la hoja de coca y a la guerrilla insurreccional, devota
del presidente Chávez, pero dedicando más recursos a los esfuerzos
policiales y militares que a los sociales.
La pobreza histórica
del país y la derivada de la eliminación del cultivo
boyante y
tradicional de la coca mediante fumigaciones es recogido por las guerrillas tanto
en Colombia como en Perú y Ecuador.
Colombia, como corresponsal de EEUU, pretende reforzar su presencia con influencia en América central con la resistencia de Nicaragua, el adalid del castrismo-chavismo en mesoamérica.
La conexión gobiernos-guerrilla narco no se circunscribe sólo a Venezuela y Colombia, con el enfrentamiento político de fondo, sino que también llega a Ecuador y a Perú.
La presuntos acuerdos con el gobierno del presidente ecuatoriano Lucio Gutierrez, luego dados por traicionados por las FARC, presentaron un nefasto antecedente en estos desencuentros con olor a pólvora. La reciente posibilidad de que las tropas colombianas hayan penetrado en Ecuador en su lucha anti narcoguerrilla alza el nivel diplomático del conflicto general y hace el juego a la estrategia de provocación de las FARC, de enfrentamiento con el estado colombiano. Hoy, el gobierno del cristiano Rafael Correa promete más colaboración con el bolivarismo proguerrilla de Chávez que con la línea de la izquierda moderada que representa Brasil, Chile, Uruguay y Perú, con lo que la colaboración con Colombia no habrá de esperarse que muy profunda.
Por otro lado la frontera peruana tampoco puede mostrarse impermeable ante estos señores de la guerra que cargan con una mano el AK-47 y con otra los cheques de las grandes transacciones del narcotráfico. Ollanta Humala, el gran tapado de la teorías chavistas, tensa la cuerda nacionalista del Perú con Chile con una evidente tentación provocadora que también hace el juego tanto a las guerrillas y a Chávez.
El aumento de la tensión en todo el continente por parte del presidente venezolano ya sea proponiendo la superación de cualquier acuerdo existente con EEUU, empleando tapados como Ollanta Humala o por la no comprobada colaboración con las guerrillas, envenena los sueños de una América Latina próspera.
Hasta ahora la política norteamericana timorata
y desdeñosa aplaca con buenas
palabras y presión el avance
del neoautoritarismo de Chávez, que prende con ganas en Argentina, Ecuador,
Bolivia, Nicaragua y que
será influencia también en Perú y México.Una
política social de colaboración, de migraciones y de desarrollo económico
dejaría sin argumentos a las teorías del líder venezolano. Sin embargo, EEUU
sólo plantea su interés en acotar y reducir el muy
grueso beneficio del narcotráfico sin actuar en el
substrato que facilita la implantación de la ideología revolucionaria. La
sombra gris pero cercana de una posible transmisión
nuclear Pyongyang-Teherán-Caracas avivaría, puede que tarde, que EEUU
emplease todas las armas, tanto sociales como bélicas, en un conflicto que, como
el Vesubio, está durmiente, pero activo.
Además de la 'chavización' de América Latina, la extensión del fenómeno
colombiano, colombianización,
de la vida social y política al albur o sombra de los fenómenos de contrabando de
narcóticos, tiende a expansionarse por América central, gracias a los narcos
y las temibles
maras. Como triste ejemplo tenemos a Guatemala, donde, recientemente, la
muerte de unos
parlamentarios salvadoreños en manos de polícias cercanos a cárteles de
droga quedó en la impunidad ante la atónita mirada internacional.
El resumen, es triste, la frontera colombiano-venezolana se convierte en un nuevo y lejano oeste de caciques ideólogos, espías, guerra sucia, provocaciones, guerrilleros, narcotraficantes, traficantes de armas y toda una ralea de personas de distinto jaez que vive en un paraje más 'garcíamarqueño' que Macondo. Además, la sombra alargada del poder político y económico del narcotráfico amenaza el futuro próspero de América Latina sin una actuación decidida de EE UU.
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