Serbia deleznada

( 9 Valoraciones ) John Joseph Kenneth Bonham

Análisis

Serbia ve como poco a poco pierde parte de su sueño paneslavo que era la antigüa Yugoslavia. Las independencias y secesiones, así como las guerras y genocidios, marcan no sólo su pasado, sino su presente. Kosovo, la penúltima secesión anunciada, ataca los más fuertes sentimientos del nacionalismo serbio.

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Mapa de Serbia (en amarillo)
Serbia, perdedora de las batallas genocidas de los Balcanes, abandona no sólo su sueño paneslavo, del que era el corazón y yunque, Yugoslavia; sino y además, despierta cada día de espaldas a Europa, a la justicia internacional mientras se desgaja en egoísmos.


La secesiones de Eslovenia (1991), Croacia (1991), Macedonia (1993) y Bosnia Herzegovina (1995) con guerras terribles y genocidios abyectos, así como la más reciente de Montenegro (2006) y la más que posible de Kosovo y de Voivodina, deja una Serbia reducida y mínima en manos del nihilismo de los ultranacionalistas. El sueño radical de la Gran Serbia se topa sin aceptarlo con la realidad recalcitrante de una atomización imposible de detener.


El futuro de Serbia es Europa, pero el grado de desesperación nacionalista y de “vergogna” por el pasado cercano hace que anide en muchos serbios un comportamiento “pasivo-agresivo” y recuperen el rancio sabor chetnik. Pasean impunes por el país los genocidas de Bosnia y Kosovo: Vlastimir Dordevic, Goran Hadzic, Zdravko Tolimir, Stojan Zupljanin y principalmente Ratko Mladic, incluso visto por Belgrado, y Radovan Karadzic, campando por las fronteras de Serbia, Kosovo y Pale, antiguo suburbio de Sarajevo en la República Bosnia de Serbia.


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Los serbios Mladic (izq.) y Karadzic
Las últimas elecciones presidenciales serbias, vigiladas por las mafias y los paramilitares, han dado como triste resultado que la población prefiere, aún por corto margen, el radicalismo al paneuropeísmo de futuro. Sólo una coalición de partidos ha evitado que los más radicales, algunos con cuentas pendientes en el tribunal de Derechos Humanos, se sienten en las poltronas serbias.


La ausencia de Serbia en el concierto europeo e internacional le traerá la pérdida de una buena posibilidad de futuro y conformarse con ser, al menos a corto plazo, la isla de pobreza, rodeada de países recién integrados en la Unión Europea. Que Serbia “renuncie” a un Kosovo dependiente de Belgrado y colabore la colaboración con la justicia internacional, le devolvería las mieles del reconocimiento international y la entrada pospuesta a la Unión Europea. La negación del más que evidente concurso serbio en las matanzas en Bosnia, Srebenica, etc, por parte del Tribunal Penal Internacional parece hacer un guiño a esa salida amarga para los serbios más radicales.



Difícil consenso en Kosovo

Las últimas elecciones presidenciales serbias, vigiladas por las mafias y los paramilitares, han dado como triste resultado que la población prefiere, aún por corto margen, el radicalismo al paneuropeísmo de futuro

Hasta ahora los intentos de la Unión Europea para llegar a un consenso entre albaneses y serbios en Kosovo han sido infructuosos. Las Naciones Unidas, a tenor del pasado cercano, considera que el status quo actual es insostenible y de alto riesgo. Este hecho lo refrenda las amenazas de los radicales serbios en caso de secesión unilateral. La propuesta de Naciones Unidas, plantedada por su representante Martti Ahtisaari, es un juego malabar dialéctico que permite que Kosovo tenga todos los rasgos de un país pero sin dejar de reconocer los derechos de Serbia en el territorio. 


Kosovo es el corazón espiritual, ideológico, legendario y nostálgico de la realidad serbia, pero esta realidad rodeada del fantasma del genocidio se encuentra en franco retroceso

 

Kosovo es el corazón espiritual, ideológico, legendario y nostálgico de la realidad serbia, pero esta realidad rodeada del fantasma del genocidio se encuentra en franco retroceso.  Y de esta manera, la posibilidad de crear una asociación federal de un Kosovo tanto albanés (92% de la población), como serbio (8% de la población) que contentaría a Belgrado, sería inaceptable tanto para la mayoría albanesa como para las Naciones Unidas.

 

Los diez mil albaneses muertos y los más de un millón de desplazados, también serbios, en la guerra genocida de Kosovo no parecen dar visos de futuro a una solucion continuista.  Los serbios, además de su derecho histórico en la zona, recuerdan que este  hecho, una secesión obligada, podría abrir la caja de los truenos en una Europa con variados fenómenos de este tipo.

 

La secesión “light” amparada por las Naciones Unidas y apoyada por la Unión Europea no cuenta con el beneplácito del gran “socio” ortodoxo de Serbia, Rusia, con problemas similares dentro de sus fronteras. El más que probable veto de Rusia en el Consejo de seguridad de Naciones Unidas augura más negociaciones y consensos, entre ellos la de mayor colaboración con la Corte Internacional de Justicia.

 

Imagen Mladic y Karadzic: fuente

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