Nodo libre
Il Milione y los enciclopedistas de hoyEscrito por Ricardo A. Domingo, 25 de Marzo de 2007 04:40

De nuevo un comentario correlato al asedio y ataque de la separación de poderes y las leyes que les amparan... nada nuevo en el mundo.
Así se conocía a Messer Marco Polo cuando, desde la cárcel, dictó sus viajes a Rusticello da Pisa escribiendo en francés, "Divisament dou monde o livre des merveilles", haciéndolo como si fuera una crónica periodística actual del género, no sé si turismo y viajes o comercio exterior. Refiere lo que observó pero, más tarde, los impresores añaden al relato, como si fuera un documento fotográfico que explicara el texto, y aquí entra esa memoria histórica, unas imágenes dibujadas referidas a los habitantes de Malabar; toda una serie de fabulosos seres sin cabeza, o con ojo en el estómago; pues, aunque Marco Polo sólo dijera que eran unos negros paseando desnudos por las arenas, las doctas enciclopedias de la época decían que tales entes debían existir allí tal como ellos creían que eran. Por supuesto, enciclopedistas que no movieron sus posaderas de rotundos sillones de estudio; lo mismo que muchos políticos de hoy que no se dignan a estudiar la historia, las actas de los acontecimientos o viajar, por ejemplo, paseando a través de "El espíritu de las Leyes".
Quienes participan en la defensa de las últimas actuaciones de relevancia política, que tienen que ver con el mundo del Poder Judicial y la interferencia del Poder Ejecutivo en clara ofensa a la separación de poderes, me recuerdan a aquellos enciclopedistas en tiempos de Marco Polo; ahora, ni siquiera enciclopedistas, bastan unas horas por unas aulas políticas de enseñanzas básicas y, por supuesto, con las ideas no de Ortega, Unamuno o Besteiro, sino de lo más tendiente a la berrea política de tiempos tan violentos como aquellos que traían los aires soviéticos de los siglos pasados.
Somos quienes somos y por lo que hacemos, algo menos por lo que decimos. En estos momentos, algunos políticos dicen y hacen cosas que arropan el espanto con cierto vocabulario de las leyes que es una evidente contradicción al sentido común y al "Espíritu de las Leyes" que mostró Montesquieu. Y Aunque preciosas ridículas, floridos y elegantes Brummel o bastante zafios primeras figuras de la política lo intenten, el despropósito ahí está en primera página de nuestros periódicos, a veces, para escarnio, en otros extranjeros. Repasemos con vergüenza del 1er. Capítulo, "De las leyes en general"; con pena, míralo...
"El hombre como ser físico, lo mismo que los demás cuerpos, está gobernado por leyes invariables. Como ser inteligente, viola sin cesar las leyes que ha establecido Dios, y varía las que ha establecido él mismo; hace falta que se conduzca y, sin embargo, es un ser limitado; está sujeto a la ignorancia y al error, como todas las inteligencias finitas; incluso pierde los débiles conocimientos que posee. Como criatura sensible se encuentra sometido a mil pasiones; semejante ser podía olvidar a Dios en todo instante. Dios se lo recuerda por las leyes de la religión; semejante ser podía olvidarse en todo instante de sí mismo; los filósofos le han recordado por las leyes de la moral: hecho para vivir en sociedad podía olvidar a los demás; los legisladores le han hecho entrar en sus deberes por las leyes políticas y civiles."
Penosa extracción y no menos angustiosa situación la actual; más indeciso futuro si es que es posible tal malaventura. Los portavoces del misterio o enredo político nos muestran la más deleznable cara, imagen, de su penuria intelectual y no su desprecio a la Ley porque no la conocen o tal vez sí, desde luego no su defensa al mal gobierno por parte de unos pocos que pronto han de rendir cuenta de sus hechos enmarcados en la conspiración fruto de un falso imaginario que, como en esas pesadas menestras todo se mezcla: ideas anticuadas, supuestas ideas y formas políticas denigrantes y fracasadas que se presentan como innovadoras; memorias distorsionadas por el interés y rencor, ruido de tarjetas visa oro y platino, corrupción y ocultamiento descarados llegado el caso, negación de evidencias, discurso del método infante, y, todo ello, removido con ese grande y mágico cucharón denominado: izquierda progresista.
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