Escrito por César Alfonso Vanegas González Jueves, 15 de Febrero de 2007 12:08


Reportaje
(Bogotá) Los cafeteros colombianos libran una batalla judicial para que su nombre e imagen, más recordada entre los consumidores estadounidenses que los logotipos de Nike o Mc Donald's, no sean utilizados ilegalmente.Comienza a amanecer y en toda la geografía colombiana, casi sin excepción, el agua ya está puesta en la estufa, esperando hervir para el tinto con que inicia el día. Cuando no me tomo mi tinto no soy persona dice Rosa Helena Garzón, una abuela que muy temprano alista las mesas de su restaurante en el centro de Bogotá, donde desde las 6:30 de la mañana entran los clientes a por su taza de café.
Y es que el café es para los colombianos un primer paso indispensable para comenzar la jornada; luego se toma otro y uno más. Una verdadera necesidad y un orgullo, pues desde siempre nos han enseñado que el colombiano es el mejor café del mundo.
Hoy las tiendas de café abundan y no existe lugar en donde no se pueda degustar un exquisito tinto, desde exclusivos sitios en los mejores centros comerciales, hasta las cafeterías más humildes de los barrios pobres. Y si es obligatorio tomar una taza luego de levantarse, en la mañana , lo es también después del almuerzo y posteriormente en el receso de la tarde.
Pero mientras disfrutan de un café, personas comunes y corrientes como la señora Rosa Helena no tienen ni idea de la lucha que se lleva a cabo fuera del país para salvaguardar la imagen del café colombiano y sus íconos, pues ante la fama del campesino cafetero Juan Valdez algunas empresas dedicadas al negocio intentan copiarlo.
Actualmente la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia libra un pleito contra la compañía costarricense Café Britt, que comercializó camisetas con la frase Juan Valdez bebe café costarricense, y los empaques de sus productos tienen una extraña coincidencia en cuanto a colores y formas con los de la marca colombiana establecida en 1959.
Juan Valdez y su mula Conchita han recorrido todo el mundo ofreciendo el café de Colombia, a tal punto que en el 2005 fue reconocido como el icono comercial más recordado en los Estados Unidos, por encima de Ronald McDonald, el conejito de las baterías Energizer y el logo de Nike.
Para Café Britt, una empresa que según los últimos informes económicos en el sector, es la tercera de mayor crecimiento en Latinoamérica, dicha competencia no es desleal ni mucho menos ilegal. Pero los hechos demuestran que la marca costarricense no pelea muy limpio: enfrenta demandas en Perú por el uso de artesanías propios del país Inca y en la misma Costa Rica por razones similares. Mientras Café de Colombia lucha por su nombre e imagen, y por ganarle mercado a Starbucks en los Estados Unidos, la señora Rosa Helena Garzón, ajena a las lides publicitarias y económicas sigue bebiendo y vendiendo su tinto porque sin el tinto el día no es lo mismo, es como levantarse y no tener qué hacer.
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