“La muerte de miles de personas, el dolor y la Justicia no entienden de fronteras”

( 19 Valoraciones ) Daniel Basteiro _

El periodista Carlos Santos narra a través de la vida de su tío en Guatemala uno de los mayores genocidios de todo el siglo XX

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Los sobrinos del periodista Carlos Santos, a quien está dedicado Guatemala, el silencio del gallo, asisten en las últimas semanas a un intenso y pasajero cambio de papeles. Su tío afincado en Madrid es el protagonista de decenas de entrevistas en medios de comunicación que quieren saber más sobre un conflicto olvidado, una guerra perdida de la información internacional: el genocidio de más de 250.000 personas en Guatemala, la mayoría indígenas. Carlos Santos ha escrito junto a su tío “el misionero” Luis Gurriarán un reportaje de casi 400 páginas sobre la vida de un país asediado por la muerte y la desigualdad social que sólo ahora, muchos años después, está comenzando a paliar.


-¿Este es un libro-tributo a tu tío o ajuste de cuentas con la realidad de Guatemala?

Es simplemente una historia. En un momento en el que si le das una patada a una piedra te salen diez novelas históricas que ni son novelas ni son históricas yo he pretendido construir una historia sin nada de ficción.


-Los acontecimientos históricos tienen más fuerza que la fantasía.

Claro. Escribí este libro por puro instinto profesional. Si tienes una buena historia... ¿para qué contar una historia falsa o novelada?. Además, al reconstruir la vida de mi tío Luis descubrí la historia de un país que no conocía.


-Se ha sumergido en una realidad estremecedora en buena medida olvidada. 

Olvidada o nunca conocida. No sabía, por ejemplo, que las sucesivas dictaduras militares habían estado tras la muerte de 250.000 personas, la mayoría indígenas mayas. Que para ello se habían utilizado los métodos más crueles de todo el siglo XX con excepción de los de Hitler o Pol Pot. Que la iglesia había tenido allí el papel más digno de su historia contemporánea. No tenía mucha idea de la tragedia colectiva de los mayas y de que todavía se pueden exigir responsabilidades criminales.


-En este sentido, la Audiencia Nacional tiene abierto un proceso contra varios militares por las muertes en Guatemala. 

Formalmente hay siete cargos militares y civiles acusados de genocidio por intentar exterminar deliberadamente a la etnia maya. A las 48 horas de salir el libro en Guatemala, el dictador Ríos Montt anunció que se presentaba a las elecciones [de este año], lo que le garantiza su inmunidad.


-Con todo, parece una historia heroica con un final agridulce. 

Todas las guerras civiles son tristes, y todas acaban mal. En este caso era una minoría muy poderosa contra una mayoría sin nada y muy débil. Además, en casi todas suele haber un vencedor y un vencido. El hecho de que en esta no los haya significa que tampoco ganó nadie. Y menos mal.


-Luis Gurriarán se fue a Guatemala hace más de cuarenta años y todavía sigue allí. ¿Cómo surge ahora la idea de publicar el libro?

Decidí escribirlo por la destrucción de aldeas mayas comprobada sobre el terreno. Mi tío me contó, en las ruinas de la que había sido su casa y la de otros nueve misioneros, que de todos ellos sólo quedaban tres y uno era ‘oreja’ del ejército. En cuanto pude lo encerré en mi casa de Madrid seduciéndolo con buen vino y buena comida para reconstruir su historia.


-Hay quién piensa que, pese a todos los avances, los valores de su tío no gozan de una gran acogida en la sociedad española.

Yo soy muy excéptico, y por eso me ha sorprendido mucho la acogida del libro. Yo pensaba que la muerte de miles de mayas no interesaba, igual que parece no importar la muerte de miles de magrebíes en el mar, sino que lo que importa es que lleguen quince.


-Por la repercusión y acogida, creo que ha errado un poco en el cálculo.

Desde luego. Hace unos días, influido por la jerga periodística, le comenté a un librero que parece que el libro “vende”. El me respondió que “no vende: interesa”. Pese al riesgo de verse relegado a la marginalidad, los medios están hablando mucho de él. Gracias a esa buena disposición ahora sé que el genocidio de miles de mayas interesa, entre otras cosas porque la muerte no se circunscribe a Guatemala, la Justicia tampoco y el dolor no entiende de fronteras.



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Author of this article: Daniel Basteiro

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